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Full text of "La paz del molino : zarzuela en dos actos, el segundo dividido en tres cuadros, en prosa y verso"

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Ro  souTULLO  .  Caricatura  de  TOVAR 

Luis  MANZANO  y  Manuel  de  GOA'GORA  La  paz  del  molino 
)S  campesinos  R.  GONZALEZ  DEL  TORO 

60  CENTIMOS 


N0M.  86  8  DE  OCTUBRE  DE  1927  AÑO  II 

COMEDIAS 


RKVISTA  SEMANAL 


Rodríguez  San  Pedro,  26       G       MADRID       O       Apartado  8.036  ■ 


Editorial  Siglo  XX 

HA    PUESTO    A    liA    V  E  Ȓ  T  A 

la  obra  de  más  éxito  de  Muñoz 
Seca  y  Pérez  Fernández 

Los  extremeños  se  tocan 


la  comedia  en  tres  actos 
original  de  Honorio  Maura 

Julieta  compra  un  hijo 

Precio:  5  ptas.  ejemplar 
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Rodrignez  S.  Pedro,  26.— Apartado  8.036.— BE ADBID 


Talleres  Poligráficos,  S,  A.,  Ferraz,  72.— Madrid. 


luís  i\^ANZANO  y  EVIANUEL  DE  QONGORA 


La  Paz  del  Molino 


ZARZUELA   EN   DOS  ACTOS,    EL   SEGUNDO   DIVIDIDO  EN  TRES  CUADROS, 
EN  PROSA  Y  VERSO 


MUSICA  DEL  MAESTRO 

PABLO  LUNA 

Estrenada  en  el  teatro  Pavón  el  lo  de  junio  de  ig2¡. 


REPARTO 

PERSONAJES  ACTORES 

%[ARI-ROSA    Sra.  Iglesias. 

CANDELITa   Sría.  Leom's  (R.) 

MARTINA    Sra.  Romero. 

UNA  MUCHACHA   Srta.  Girón. 

DANIEL    Sr.  Murcia. 

RUFO   »    Peña  (R.) 

LAURO    ))  Cano. 

ANTONIO   »  Contreras. 

UN  TRATANTE...   »  Romano. 

HERMANO  MAYOR   »  Guerra. 

Muchachas,  muchachos,  monaguillos,  mozos  y  coro  general- 


ACTO  PRIMERO 


En  una  de  las  márgenes  del  río  Guadlamar,  entre  Sevilla  y  Huel 
va,  y  en  un  lugar,  que  aunque  imaginario,  b-en  pud'era  exis- 
tir reahr ente,  amenísimo,  tranquilo,  pintoresco,  hay  dos  edi- 
ficios b.:;¿íante  próximos  y  exta-emadamente  simpáticos  :  el 
Santuario  de  la  Virgen  del  Alamo,  patrona  del  cercano  pueblo 
de  Salmedina^  y  un  vejo  molino,  en  cuyo^  interior  estamos. 
Al  foro,  hacia  la  izquierda  del  actor,  las  piedras  del  molino, 
la  tolva,  los  canalones  de  niiadera  por  donde  el  tr'go  pasa  ; 
hacia  la  derecha,  un  amplio  portalón  de  medio  punto,  por 
donde  se  ve  un  piníoresco  paisaje  de  olivares.  A  la  izquierda, 
gran;  chimenea  de  cam.pana,  y  al  fuego,  una  caldera  que  cuel- 
ga del  lar.  Puerta  en  el  segundo  término  de  acceso  al  granero. 
A  la  derecha,  puerta  que  comunica  a  las  habitaciones  del 
molinO'.  Muebles  rústicos,  sacos  de  trigo  y  h^r'na,  algún  apero' 
de  labranza,  y  próximo  a  la  lumbre  una  cuna,  y  en  ella  una 
niña  de  poco  más  de  un  año.  Es  de  día- ;  una  luminosa  ma- 
ña nía  del  mayo  andaluz. 

Antes  de  levantarse  el  telón,  durante  el  pre'udio,  se  oye  la  voz 
de  Lauro,  que  canta : 

¡  IVIiro  al  caz  y  miro  al  río  ! 
No  zé  qué  tiene  tu  cara, 
ique  a  todas  horas  la  veo 
en  el  espejo  del  agua. 

\(Se  levanta  el  telón,  y  sola  aún  la  escena,  signe  Lauro 
cantando  dentro,) 

\  Qu'én  pudiera  verte, 
cuando  te  estás  componiendo, 
para  ir  por  agua  a  la  fuente ! 

(Hablado  sobre  la  orquesta.)  ¡  (íLucera»  ! ...  ¡  Soo...,  burra! 
(Poco  después  aparece  por  el  portalón  del  joro,  cargado  con  ur> 
saco,  que  deja  junto  a  los  oíros.  Cesa  la  música.  Lauro  es  ur. 
muchacho  hrutote  y  buena  persona,  que  ayuda  a  Antonio  en  laí 
faenas  de  la  molienda.) 

LAU.   Peziai  esto,  peza.  ¡Compadezco  a  la  <(lAicera)) !  ¿Coi 
qué  pie  he  enlrao  yo?  ¿Con  er  derecho  o  con  el  izquierdo?. 
No...  pos  ar  zarto  no  ha  zío.  ¡Con 
tenemos  hoy !   (A   voces,)  ¡  A  la  paz  e 
(Llamando  y  canturreando,) 

2 


I 


A  izquierdo!   ¡Mala  pat, 
Dios!  ¡Zeñó  Antonio 


ANT. 

m,  ío\ 
a  ¿mu 
mié  m 
mk  l 
Mok  y 
lio,  peas( 
LAU.  1 

ídi'áá  que 

(á  allí 


A\T.  i¡ 
mi  liasé 

'elito,  o 
LAU.  Ui 

Bit 

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'ír-o, 
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ÜU.  Xo, 
ée  (¡Hiere 
ze 


M 


.:  cuel, 
'ranen 

napei 


la  voi 


1;,  i  Quién  pudiera  verte, 

i;  cuando  te  estás  componiendo, 

■^(Más  fuerte  que  amfes.)  ¡Zeñó  Antonio!  ¡Zeñó  Ant...! 
|\     ANT.   (Saliendo  por  la  izquierda.  Dueño  del  molino  por  he- 
f^rencía,  consagra  su  vida  a  esa  industria  y  al  cuidado  de  la  nena 
■''aiie  duerme  en  la  cuna,  único  fruto  de  su  matrimonio  cotí  una 
■.garrida  moza  de  Salmedina,  que  al  mismo  tiempo  lo  hizo  padre 
y  viudo.  Es  homhre  de  unos  treinta  y  cin-co  años,  fuerte  y  sano, 
hloie  y  sencillo.)  A  ve  cuando  va  a  queré.  Dios  que  te  quevle? 
úo,  peaso  de  bárbaro. 
LAU.  Yo  bien...  ¿y  usíé?...  Porque  hay  que  ve  er  modi  de 
^^ciludá  que  tiene  usté  por  la  mañana.  De  Zarmedina  vengo.  Ya 
nestá  ahí  ezo.  (Señalando  el  saco  que  ha  traído.  Volviendo  la  es- 
palda y  cartlurreando.) 

Quién  pudiera  verte. .^^ 


ANT.  (Zarandeándolo  por  un  brazo.)  Pero  cacho  e  pan  baso, 
Ijquieá  hasé  er  favo  de  no  gritá,  que  vas  a  disperíarme  a  este 
/^ngelito,  o  es  que  voy  a  tené  que  ponerte  mordasa? 
V    LAU.  Un  bozá,  señó  Antonio,  un  bozá  merezco;  y...  es  er 
fórrente. 

ANT.  Er  torrente...  y  lo  bruto  que  tú  eres. 
|.    LAU.  Y  que  me  estoy  enzayando  ipa  gritarle  fuerte  a  Rufo 
zancr"stán  que  quie  quitarme  la  novia, 
ANT.  Y  te  la  quita  si  quiere. 

LAU.  ¿Quién?...  ¡  Er  dinero  der  cepcyo,  quitará  eze  ! 
A'NT.  ¡  Pos  tú  íe  ti'es  miedo  ! 
LAU.  i  Zíj  señó...,  y  mucho! 
ANT.  Y  eso,  ¿por  qué? 
'I    LAU.  Porque  a  mí  ' las  cczas  de  iglezia  m^e  imponen  lo  zuyo  y 
lizas  cruces  que  me  jace  y  eze  ((domino  m^ovíscc»  que  me  echa  me 
dejan  parao.  Me  jace  azín  (Echando  una  bendición'  rápida.)  y  ya 
estoy  yo  juyendo.  ¡  A  mí...  no  ! 
ANT.  ¿Y  eya  le  hase  cara? 

LAU.  No,  zeñó  ;  que  Candelita  está  por  mí,  es  viejo  ;  pero  su 
fnadre  quiere  a  Rufo  pa  tené  de  su  paríe  ar  clero  y  que  no  la 
^u'ten  de  ze  zantera  del  Alamoi ;  fuera  aparte,  que  ahora  está 
^rgo  deslumbra'ya  porque  Rufo  anda  mucho  con  er  Niño  e  la 

Elata,  que  es  como  le  yaman  a  eze  forastero  q.ue  3'egó  a  Zarmedi- 
5'  hace  unos  días. 
^  ANT.  ¿Y  eso  qué? 

LAU.  Que  er  forasiero  es  rumbozo  y  Rufoi  le  debe  zacá  un 
riñón,  duro  a  duro,  por  el  borsiyo  der  chaleco. 
ANT.  i  No  tan^-o,  hombre  ! 

LAU.  ¿Que  no?  Eze  es  un  dezahogao  de  los  gordos;  pero  pa 


;C 


gordo  er  zuslo  que  le  voy  a  dá  como  ziga  requebrando  a  mi  Catl- 
déla. 

ANT.  ¿Vas  a  matarlo? 

LAU.  Le  voy  a  quitá  las  lám.paras  de  la  sotana  de  una  zam- 
buyía. 

ANT.  Y  tu  suegra  te  zambuye  a  ti. 

LAU.  ¡A  eza  zí  que  le  teingo  mieo  !  No  la  trago  ni  con  tomate. 
x'\NT.  En  cambio,  la  hija  te  gusta  a  ti  hasta  sin  aliñá. 
LAU.  ¡Jo,  jo!  Menúa  acitunita  está  hecha.  ¡Como  la  otra!... 
¡  La  de  usté  ! ... 
ANT.  ¿La  m.íia? 

LAU.  Zí,  zefíón,  Mari-Roza.  ¿Va  usté  a  -negá  que  le  gusta  más 
que  la  zombra  en  agosto? 

ANT.  ¿Ya  quién  mo  le  va  a  gustá  esa  amapola  triguera?  Pero 
de  eso  la  lo  que  presumes,  hay  mucho  camino  reá  por  delante. 

LAU.  Y  too  ze  andará,  zi  Dios  quiere. 

ANT.  Sobre  que  toavía  está  mu  v  vo  er  recuerdo  de  la  madre 
que  le  far.a  a  este  angelito.  Ya  va  pa  dos  años.... 

LAU.  Pos  ahí  está  er  toque...  {A  gritos.) 

ANT.  ¡Gaya,  bárbaro,  que  la  despiertas!... 

LAU.  {Bajando  tmicho  la  voz.)  Ahí  está  er  toque,  digo. ;  por- 
que en  la  ahijá  de  mi  zuegra,  más  ique  la  amapola  triguera,  lo 
que  ve  us;é  es  la  madre  que  le  farta  la.  esta  amapola.  [Señalando 
la  cuna.)  Ahí  está  er  toque. 

ANT.  Ahí  la  que  es'á  es  tu  suegra.  . 

LAU.  La  zorda.  {A  la  puerta  del  foro  aparece  la  señá  MaHina,. 
madre  de  Candelita.  Es  mujer  de  unos  cuarenta  años  y  sorda.  Emi- 
te la  voz  de  un  modo  destemplado,  sin  gradaciones.) 

MAR  j  Güenos  días  !  (La.v.ro  va  a  hacer  mutis  por  la  puerta  de¡ 
foro.) 

ANT.  ¿Te  vas? 

LAU.  Me  voy  ;  las  zordas  pa  las  trompetiyas  ;  pa  mí,  no.  [Mu- 
tis por  el  foro.) 

MAR.  (.4  Antonio,  refiriéndose  a  Lauro.)  Te  arvierto  que  va  a 
hereda  la  ca.sa  y  la  viña  de  su  tío  er  Goloso,  y  toavía  se  cree  el  in- 
felí  que  no  me  gusta  pa  mi  Candelita,  y  que  er  que  me  peta  pa 
cya  es  Ruío.  ¡  Ja,  jay  i  Me  peta  Rufo,  eso  sí ;  pero  no  pa  eya. 

ANT.  Entonces,  ¿pa  quién? 

MAR.  Yo  me  entiendo,  Antonio  ;  y  no  te  alarmes,  hombre,  que 
no  es  pa  Mari-Rosa.  Por  sierto  que  ni  eya  ni  tú  ganáis  na  con 
aplasarlc  ;  que  ya  en  er  pueblo  se  critica  tanto  di  y  vení  de  la  er- 
mita ar  mol  no  y  der  molino  a  la  ermita. 

ANT.  ¿Quién  tie  que  desí  na  contra  ella?.,.,  ¿por  qué? 

M.^R.  Eso  naide  ;  que  mi  ahijá  es  incapá  de  na  malo,  pero  si 
oya  es  una  santa,  y  tú  un  hombre  güeno,  entre  santa  y  santo  va  á 
;;üné  esta  sorda  la  paré  que  está  has'endo  faria. 


ANT,  Eya  viene  aquí  por  mi  hija... 

MAR.  (Sin  oírlo.)  Va  pa  dos  años  que  estás  viudo.  Si  eya  éá 
otra  madre  pa  tu  hija...,  que  os  caséis  es  Jo  que  os  hase  farta.  ¿Me 
oyes?  ¿Sí?  Pos  al  avío...  y  escucha  otra  cosa  :  Tu  hermano  Danié 
está  aquí 

ANT.  (Levantándose  de  un  salto.)  ¿Aquí? 
MAR.  A  media  legua.    En  Sarmedina,  desde  a'ntié.  Con  Rufo 
anda  a  toas  horas. 

ANT.  Entonces,  ¿ese  NiñO'  e  la  Plata?... 

MAR.  O  yo  he  perdió  la  memoria  o  en  quinse  años  se  cambia 
mucho  y  yo  no  lo  conozco,  o  ese  ((Niño  e  la  Piala»  es  íu  herma- 
no. Dios  lo  traiga  pa  bien.  Y  vaya,  no  me  entretengo  más.  Ahí 
está  el  almuerzo.  {Delando  en  cualquier  parte  un  cestillo  que  irae.) 
Carne  con  papas  tenéis.  ¿Y  ila  niña?  ¡Mira  qué  dormidita  está  1 
j  Presiosas  las  hay,  pero  como  esta...!  ¡Aja,  jay!,  ¡qué  luserito  ! 
¿Quién  te  quiere  a  ti,  gloria?  (Lauro  aparece  por  el  foro,  asoman- 
do la  cabeza  con  precaución.) 

ANT.  No  vaya  usté  a  despertarla. 

MAR.  ¿Eh? 

LAU.  Mar  de  ojo  le  echa'.  {Entrando  resueliamente.) 
MAR.  ¿Eh? 

LAU.  (Quitándola  del  lado  de  la  cuna  interponiéndose  entre 
la  niña  y  Martina  y  gritándola  a  ésia  al  oído.)  ¡  Zeñora  1  ¿Quié 
usté  mo  gritá  más,  que  va  usté  a  dispertarla? 

MAR,  Cáyate  iú,  vara  y  tersia.  {El  mismo  juego.)  Na  más  e 
por  eso  vi  a  darle  un  besito.  {Se  acerca  a  la  cuna  y  le  da  un  par 
de  sonoros  besos,)  Toma,  y  toma,  sielesito  mío. 

LAU.  i  Mar  de  ojo  I  ¡  Que  ze  la  come  !  ¡  Ya  la  dispertó  ! 

MAR.  Ahora  sí  que  me  voy.  Con  Dios,  Antonio...  y  no  cavi- 
les... Con  Dios;  por  aquí  me  voy,  que  yego  antes  a  la  ermita. 
(Vase  derecha.) 

LAU.  Zalú  y  usté  descanze...  (A parle.)  en  paz. 

ANT.  {Meciendo  la  cuna.)  Me  ha  hecho  porvo.  Ya  tie  los  ojos 
como  dos  barsas. 

LAU.  {Mirando  a  la  rÁña.)  Misté  qué  pucheritos  !  Esta  va  a 
yorá  der  susro. 

ANT.  ¡  Por  vía  der  demonio  !  Anda,  vamos  a  preparar  las  me- 
días y  la  vé  si  se  duerme  sólita.  {Mutis  por  la  izquierda.  Al  cabo  de 
un  instante,  llegan  por  el  portalón  Mari-Rosa  y  Candelita,  dos 
muchachas  del  pueblo,  bonitas  de  veras.) 

MARL  ¡  A  la  paz  de  Dios  ! 

ÉCAN.  Pero  j  si  no  hay  nadie  ! 
MARL  ¿Y  tiene  való  de  dejarla  aquí  sola?  {Corriendo  hada  la 
i  cuna.)  ¡Tesoríto!,  ¿quién  te  quiere  a  tí,  sielo'  mío? 
f  '     CAN.    ¿Y  eze  arcornoque   de   Lauro,   ande   estará  también? 
¿  Yamo  ? 


MARI.  No  ;  que  paece  que  quié  dormirse  ;  no  grites  ;  anda  A 

asearlos,  y  a  ve  si  yo  la  duermo  m'entrais. 
CAN.  Voy.  {Mutis  por  U¡  l^  jiiicrd  i.) 


RECITADO 

MARI.  (Junto  a  la  cuna.) 
Pobre  nenita  sin  mad-r^-, 
sólita  y  abandoná, 
que  no  tienes  quien  te  arruye, 
ni  en  er  mundo  tienes  más 
■cariño  que  er  de  tu  podre 


y  er  que  le  quieran  prestar. 
Í3uerme,  rosita  de  mayo, 
¡  duérmete  por  caridad  ! 
Sólo  la  voz  de  las  madres 
sabe  dormir  y  arruyar, 
y  si  perdiste  la  tuya, 
mi  voz,  de  madre  será. 


V  SICA 


Estreyita  de  mi  sielo, 
rosita  de  mi  rosal, 
sangre  de  mi  corasón, 
harinita  de  mi  pan. 
Duérmete  ya,  niña  mía, 
mi  niña,  duérmete  ya. 
En  el  borde  de  tu  cuna 
mis  labios  cantando  están, 
queriendo  ser  ruiseñores 
para  poderte  arruyá. 
Duérmete  ya,  niña  mía, 
mi  niña,  duérmete  ya. 
Alitas  de  mariposa 
te  diera  por  ca'besal, 
y  por  sábanas,  la  espuma 
que  forma  el  agua  al  pasar. 
Duerme,  niña  mía, 
duerme,  niña, 
duérmete  ya. 

( A  poco  de  empezar  la  últi- 


Viia  estrofa,  salen  por  la  iz- 
quierda Candela,  Lauro  y  An- 
tonio. Sigilosamente  se  'acer- 
can a  la  cuna,  por  detrás  de 
Mari-Rosa,  y  con  ella  termi- 
nan la  nana.) 

Del  alto  cielo  cayó 

un  pedasito  de  luna, 

y  ese  pedasito  es 

la  niña  que  está  en  la  cuna. 

Duérmete  ya,  niña  mía, 

mi  niña,   duérmete  ya, 

que  junto  al  niño  que  duerme 

la  Virgen  María  está. 

Jirgueritos  locos, 

vamos  a  callar, 

que  la  niñita  mía  se  ha  dor- 
[mío... 

Se  pué  despertar. 
( Cesa  Ja  música. 


HABLADO 

MARI.  {Mira  a  todos  sof?r¡enle,  imponiendo  silencio.)  Ha  caío 
el  angelito  como  piedra  en  poso... 
ANT.  ¡Mari-Rosa!... 

MARI.  Pero,  hombre,  ¿cómo  tiés  való  de  tenerla  aquí?  Asín, 
too  er  que  entra  y  sale  te  la  dispierta. 

CAN.  Y  zin  ezo.  Con  zólo  que  este  hable,  ya  tie  lo  zuyo  la 
criatura.  (Señalando  a  Lauro.) 

Li\l] .  Pc'5  ahora  ha  zío  tu  madre. 

ANT.  Entre  los  dos, 

6 


CAN.  Como  que  hablas  y  paece  que  estás  limando  una  zierra. 
LAU.  ¡Tu  madre  zí  que  es  uma  'lima  !...  ¡Y  zorda  !  Que  es  peó 
toavía. 

MARI.  Güeno  es'á  ya.  Y  hasé  cr  favó  de  \-evarme  esta  cuna 
pjj  fí}'á  dentro.  {Candela  y  Lauro  se  ¡levan  la  cuna  hasta  la  l  uerta 
de  la  dereclia,  el  uno  por  la  cabecera  y  la  aira  por  los  pies.) 

T  AU.  {Re'^{ycnd.->  a  Cc'M\lela  de  la  cuna.)  Trz?  p:\>  acá,  que  yo 
¡•olo  voj'  mejor  que  conti^^o. 

CAN.  r'.lira  qué  fino  eres,  hombre  ;  un  zerón  a  tu  lao  es  una 
mantiya  e  ¡blondas. 

LAC  Mujé,  encima  que  lo  ha^^'o  per  \!ar :e  ! ...  ¡  Ay  !  ¡Cuándo 
\eré  yo  azín  a  tu  madre!... 

CAN.  ¿Cómo? 

Lx'\U.  Encuná...  ¡Y  ar  quite  la  Providencia!  [Muiis  con  la 
cuna.) 

CAN.  Güeno.  Lo  zamarrean...  y  ncs  ahogamos  aquí  en  beyo- 
las.  No  io  puedo  ve.  No  lo  puedo  xe...  (Transición.)  Vov  a  ve  lo 
que  hace. 

MARL  (Viéndola  irse,  y  dirigiéndose  a  la  p.usria  como  si  Can- 
delita  lo  escuchara.)  Ten  cuidadito,  y  ya  sabes  :  Pones  la  cuna  en 
la  S'Olana  y  enloma  er  post'go  pa  que  se  oiga  si  yora.  [Volviéndose 
a  Aníonio.)  Hoy  no  hay  mol'enda,' ¿  verdá? 

ANT.  Por  eso  ila  tenía  aquí,  ¿  Y  en  la  ermita  hay  mucha  faena  ? 

MARL  Figúrate,  de  mañana'  en  quinse  la  Virgen  del  Alamo. 
Sólo  con  limpiá  la  plata  hay  ayí  trabajo  pa  un  mes  ;  pero,  en  fin, 
hay  que  ponerle  buena  cara  al  mar  tiempo. 

ANT.  Con  que  le  enseñes  la  tuya,  ya  lie  bastante. 

MARL  ¡Oye...  eso  está  bonito! 

ANT.  Arg'o  más  que  er  que  por  curpa  tuya  estemos  así. 

MARL  ¡  Toos  los  días  lo  mismo,  homfcre  !  Pero  no  te  pongas 
tan  serio,  que  no  te  has  tragao  er  moiliniyo. 

ANT.  Quina  me  hases  tragá...  Conque  t;i  arguna  ley  me  tie- 
nes, como  dices,  acaba  ya^  de  decidirte.  (Acercándosele  niuclio  y 
con  pasión.)  ¿Cuándo? 

:     MARL  Es  pronto,  Antonio. 
ANT.  ¡  No  lo  es  ! 

MARL  Sí  ;  ley  te  tengo  porque  eres  bueno  y  te  lo  mereces  too; 
esta  es  la  verdad,  y  ¡  a  ella  !...,  mira...,  escalofríos  me  dan  na  más 
pensando  que  otras  manos  podrírn  cu  darlai;  pero  es  pronto,  está 
toavía  muy  serca  er  recuerdo  de  su  madre,  Ant-onio.  ¿Verdad 
que  e.s  pronto? 

ANT.  ¡Ayer,  quizá  lo  fuera;  hoy  no,  Mari-Roisa  !  Danié...,  un 
hermano  mío  que  tú  no  conoses,  está  en  er  pueblo.  Ni  er  se  atre-" 
verá  a  entrá  por  esa'  puerta    ni  yo^  a  consenií  que  entre  ;  pero  r-i 
entrara...  y  yo  fuera  tan  débil  o  tan  güeno,  como  tú  dises,  que 

7 


lo  consintiera,  quiero  yo  que  sepa  que  aquí  estorbaría  ;  que  esto 
es  mío,  mío  sólo  y  tuyo  y  de  mi  hija, 
MARI  ¿Y  esO'  por  qué? 


ANT.  Porque  aquí  no  debe  en- 

[trá. 

Escucha  con  atensión, 
y  cuando  estés  enterá, 
tu  consiensia  te  dirá 
si  yevo  o  no  la  rasón. 
Mi  pobre  padre  al  morí, 
— ¡  Dios  lo  tenga  en  su  clemen- 
[sia ! — , 

nos  dejó,  pa  bien  desí, 
¡  na  ! ,  las  paderes  de  aquí, 
der  molino,  por  herensia. 
Mi  madre — que  en  gloria  esté 
también  la  pobre — ,  luchando 
como  lucha  una  mujé' 
de  aquél  arranque,  nos  fué, 
con  mil  fatigas,  criando. 
Eya,  con  selo  constante, 
sin  ayuda,  sin  dinero, 
cariñosa  y  vigilante, 
sacó  el  molino  adelante 
como  un  barquito  velero. 
Era  más  chico  Damié, 
y  no  tengo  que  desí 
que  siempre  fueron  aquí 
más  las  carisias  pa  é...,  ¡ 
más  los  trabajos  pa  mí.  j 
No  es  envidia :  mos  quería 
a  los  dos  de  igual  manera  ; 
pero  Danié  se  metía 
en  el  corasón.  Tenía 
mi  madre  por  él,  seguera. 
Cresimos,  y  trabajando, 
puestos  en  er  buen  camino, 
la  casa  fué  prosperando, 
y  el  agua  se  fué  yevando 
toas  las  penas  der  molino. 
Pero   aquel   sielo  estreyao, 
con  plomisos  nubarrones 
se  vió  pronto  encapotao. 
Mi  hermano  Danié,  segao 
en  juergas  y  diversiones, 

8 


el  ta-abajo  abandonó ; 
en  ferias  y  romerías 
siempre  í;U  nombre  sonó, 
y  er  dinero  margastó 
en  juergas  y  en  correrías. 
Moso,   guapo,  bien  plantao, 
con  aire  de  señorío, 
valiente  y  anamorao, 
no  hubo  vaya  ni  sercao 
que  acotara  su  tronío, 
ni  en  Sarmedina  mujé 
que  er  mosito  no  sercara, 
— siempre  con  un  mal  queré — , 
ni  hubo  un  hombre  que  con  é 
se  midiera  cara  a  cara. 
Ni  consejos  escuchó 
pa  yevarlo  ar  buen  camino, 
ni  las  lágrimas  secó 
de  mi  madre,  que  asín  vió 
quebrá  la  paz  del  molino. 
Un  día... — ^no  orvidaré 
la  fecha,  dos  de  febrero, 
¡  quinse  años  hase  ! — ,  Danié 
se  marchó  pa  no  vorvé, 
yevándose  too  er  dinero 
1  que  era  entonses  nuestra  ha- 
1  [sienda. 
Aprovechó  la  ocasión, 
y  er  presio  de  una  molienda 
se  yevó,  sin  que  comprenda 
bien  entoavía  la  rasón. 
Dijeron  que  una  mujé 
se  atravesó  en  su  camino, 
que  estaba  loca  por  é  ; 
otros,  que  la  cosa  fué 
cuestión  der  juego  y  der  vino... 
¡  Quién  sabe !  Yo  sé  desí 
que  de  casa  se  marchó, 
que  no  dió  cuenta  de  sí, 
y  que  a  mi  madre  y  a  mí 
su  locura  nos  perdió  : 
a  mí,  porque  la  sertesa 


de  su  arsión,  y  ia  ruina, 
me  hiso  perdé  la  cabesa  ; 
a  eya,  porque  la  tristesa 
de  no  ver] o  en  Sarmedina, 
de  no  tenerlo  en  su  nío, 
de  no  pedirle  un  perdón 
que  eya  hubiera  consedío, 
le  fué  apagando  er  latió 
de  su  amante  corasoin. 
Mientras  que  la  conservé, 
ni  un  reproche,  ni  una  queja  ; 
resaba  por  su  Danié 

i  yorando,  la  pobre  vieja. 

*^  Y  asín  acabó  su  vía. 
La  tierra  le  dió  acobijo, 
y  ar  morirse,  entoavía 

;  juntó  su  cara  a  la  mía 

*  :  nombrando  sólo  a  aquel  hijo. 

¿  i  Solo  sufrí  la  comdena 

'  de  ve  desaparesé 
a  aqueya  madre  tan  buena, 
que  se  me  murió  de  pena, 
porque  no  lo  volvió  a  ve ! 
Años  después,  ya  casao, 
supe  que,  de  aguas  ayá, 
martrecho  y  desamparao. 


andaba  desesperao 

buscando  un  tí-iste  jorná. 

Ahora  me  disen  que  viene 

rico,   jaque  y   fantasmón  ; 

no  lo  sé...,  ni  me  conviene 

trato  con  el  que  no  tie;ne 

el  oro  en  el  corasón. 

Yo,  que,  solo,  me  quedé 

ai  cuido  de  tu  madrina, 

ar   trabajo   me  apliqué 

y,  poco  a  poco,  libré 

mi  casa  de  la  ruina. 

Con  esta  pobre  molienda, 

na  quiero  ni  me  hase  farta  ; 

sólo  er  cuidá  de  mi  hasienda, 

siempre  atento,  y  sin  fachenda, 

pero  coin  la  frente  arta. 

Por  eso  lo  desafío : 

que  no  ha  de  tocá  su  mano 

lo  que  er  dejó  por  perdió. 

¡  Esto  es  tuyo  !  ¡  Tuyo  y  mío  I 

Na  tiene  que  ve  mi  hermano. 

Y  ya  que  estás  enterá 

de  su  vida  y  condisión, 

tu  consiensia  te  dirá 

si  debo  dejarlo  entrá... 

y  si  yevo  o  no  rasón. 


l     MARI.  (Después  de  breve  reflexión.)  Pues...,  ¿sabes  lo  que 
tté  digo?  Que  de  hombres  es  perdonar,  y  que  pienses  en  que  es 
[^u  hermano  ;  que  la  sangre  tira  mucho,  y  sobre  too,  si  es  honrá 
^y  generosa  como  la  tuya. 
l    ANT.  No,  Mari-Rosa. 

l    MARI.  Sí ;  y  esa  condisión  te  pongo,  sí  quieres  que  hablemos 

serio  de  tus  planes. 
:     ANT.  ¿Cuál? 

MARI.  Que  lo^ perdones...,  y¿  si  hase  far,ta,  que  tú  mismo  lo 
^raigas  ar  molino, 
r    ANT.  (Vacilante,)  Eso... 

t    MARI.  Es  mi  voluntá...  (Insinuante.)  y  si  soy  pa  ti.  Lo  que 

|ú  quieres  que  sea,  es  ya  mi  obligasión. 

t     ANT.  (Después  de  un  momento  de  duda.)  Hecho  está. 

I    MARI.  ¿Palabra? 

^     ANT.  (Dándole  la  mano.)  De  hombre. 

MARI.  Y  de  hombre  de  bien.  Pues...,  para  la  Virgen  habla- 
remos. 


ANT.  (Insinuante.)  Y.,    ¿no  hay  un  adelanto  pa  este  hombre 

de  bien? 

MARI.  También  es  pronto.  (Disponiéndose  a  cortar  por  lo 
sano.)  Voy  a  ve  a  tu  hija. 
ANT.  ¿Ni  por  eya? 

MARI.  Per  eya,  soy  yo  capás  de  Icos  los  sacrificios,  y  eso.... 
de  too  tendrá  meáios  sacrifisio. 

ANT.  Pos...  bendita  sea  tu  boca. 

MARI.  (Al  hacer  mutis  por  la  derecha,  tropieza  con  Lauro, 
que  sale  con  los  ojos  cerrados  y  la  mano  derecha  en  el  carrillo  iz- 
quierdo.) PerOj  condenao,  ¿vas  siego?  (Mutis.) 

LAU.  i  Ciego  y  zordo  y  múo  !  ¡  Jozú  qué  niña!  ¡  Jozú  qué  go- 
fetá  me  ha  dao !  (Escupiendo.)  ¡Púa!...  (Escuchando  hacia  el 
suelo.)  ¿ría  zonao  argo?  Porque  si  ha  zonao,  es  una  muela. 

ANT.  ¿Y  por  qué  te  ha  pegao? 

LAU.  ¡Las  cosas  der  cjueré!...,  der  queré  yo  darJe  un  bezo. 
ANT.  Pero...,  ¿cómo? 

LAU.  A  traición...,  en  er  cocote;  lo  cuá  que  me  vió  y...  ¡mis- 
té qué  torta!  ¡Es  un  negosio  pa  un  confiter.o !...  (Señalando  el 
carrillo.) 

ANT.  Güeno  está.  Vamos  a  medí  er  grano  en  seguía. 
LAU.  Grano  er  que  me  ha  zalío  a  mí  coai  mi  fotura. 
ANT.  ¿Con  tu  qué? 

LAU,  Fotura  ;  ahora  a  toas  las  novias  Jas  dicen  foturas.  Ze 
io  he  aprendió  a  Rufo  er  zacristán.  ¡Otro  grano!  Y...  enconao  ; 
pero  eze,  ¡  aquí  estoy  yo  pa  reventarle  !  (Hacen  mutis  por  la  puer- 
ta del  segundo  término  izquierda.  Por  el  portalón  del  foro  asoma 
la  cabeza  Rufo,  el  sacristán,  que  oye  las  iUtimas  frases  de  Lauro 
y  dice,  sin  salir  todavía  a  escena.) 

RUFO,  ¿A  mí  prarticantes?  (Esconde  la  cabeza,  y  al  instan- 
te surge  -otra  vez  ;  convencido  de  que  Lauro  no  lo  oyó,  penetra 
resueltamente  en  el  molino.  Es  un  picaro  de  lo  clásico  y  sacris- 
tán de  la  iglesia  de  Salmedina  ;  viste  una  sotana  bastante  es- 
trecha y  bastante  corta,  lo  que  hace  suponer  que  el  cura  de  Sal- 
medina es  también  bastante  más  delgado  y  bajo  que  Rufo.  Ade- 
más está  la  prenda  manchada  de  cera  y  de  grasa.  Viene  desto- 
cado y  trae  ima  cesta  de  cañas  o  de  varetas,  con  ropa  blanca  de 
encajes.  Al  entrar  se  dirige  hacia  el  practicable  por  donde  se  fue- 
ron Antonio  y  Lauro.  Se  para  y  deja  la  canasta  de  ropa  en  el 
suelo  y  echa  una  bendición,  se  supone  que  dirigida  a  Lauro.) 


Miserere  y  laus  er  Deo ! 
Te  bendigo  y  se  acabó  ! 
La  Tragedia...,  y  er  Recreo! 
Yo  lo  guapo...,  y  él...  lo  feo! 
El  lo  amargo...,  er  durse  yo! 


Yo  en  er  tren  y  tú  en  carreta  ; 
yo  la  malisía  ;  tú  er  bien  ; 
tú  la  purga  :  yo  reseta  ; 
yo  trabuco  y  escopeta, 
y  tú...,  -¡er  tiro  que  te  den  I  ^ 


IO 


Es  la  verdá  que  te  tengo 
más  miedo  que  a  una  tormenta  ; 
peiro  mientras  voy  y  vengo 
y  te  juigo  y  te  entretengo..., 
me  va  saliendo  la  cuenta. 

Que   aunque  eres   un  puerco- 
[espín, 

y  aunque  tus  pulgas  son  malas, 
con   bendesirte  yo  asín, 
y  con  sortarte  un  latín..., 

te  esbaTato.    j  Martingalas  ¡ 

Recurso  que  no  me  faya. 
Rufo  Perales,   que  vales 
y  que  Dios  te  dijo  :  «Vaya, 
donde  tú  estés,  cruz  y  raya.» 
¡  Es  mucho  Rufo  Perales  ! 
¡  Josú,  cómo  tengo  cr  braso  ! 
Me  traigo  aquí  de  la  ertmita 
esto,  que  ipesa  un  peaso, 
pa  dárselo  a  Candelita..., 
y  darle  coba  de  paso. 

Ropa  de  artá  pa  lavá, 
que  ayí  U  Sorda  me  ha  dao, 
y  que  yo  vengo  a  entregá. 
¡  Y  sí  que  es  ropa  de  artá  ! 
¡  De  hartá  y  dejá  derrengao ! 

j  Soy  más  listo  que  mi  agüela  ! 
i  Y  es  que  me  viene  de  casta  ! 
Tiemplo  a  los  tres  la  vigüela, 
Lauro,  la  Sorda  y  Candela..., 
¡y  los  tres  en  la  canasta! 

Es  como  'lo  de  Danié, 
ese  <(niño»  sin  malisia 
que  presume  de  marqué, 

{Acercándose  a  la  puerta  de 
largo',  y  con  el  silbido  imitando 


y  que  tengo  yo  con  e 
una  trenía  vitalisia. 

Porque   lo   saque  de  apuros 
y  lo  resiba  su  hermano, 
¡  me  estoy   fumando  unos  pu- 
[ros  !..., 

y  ya  me  ha  emprestao  tres  du- 

[ros  : 

dos  güenos  y  un  mejicano. 

Aquí  está.  ¡  Vaya  una  piesa 
con  ida  y  vuerta  segura  ! 
Sale,  'le  ven  la  cabesa, 
y  ar  borsiyo  que  regresa. 
¡  Que  no  lo  paso  ni  a  oscura  ! 

Yo  sí  que  lo  estoy  pasando 
como  un  duque.  ¡  Martingalas  I 
•  Rufo,  sigue  aprovechando, 
que  ese  ((Niño»  te  está  echando 
medias  suelas  y  unas  palas ! 

En  totá,  que  es  una  mina 
este  hermano  filipino  ; 
que  yo  estoy  de  Selestina, 
y  que  mientres  suerte  harina 
yo  no  lo  traigo  ar  molino. 

¿Pa  qué?  i  No  !  Lo  que  es  aquí, 
ni  juyendo  de  las  balas 

0  de  la  Guardia  siví..., 

¡  que  me  va  mu  bien  así ! 
¡  No  lo  traigo  !   i  Martingalas  ! 

1  Pestaña  y  ortografía  ! 

Y  esas  miñas,  ¿dónde  es^in  ? 

Yamo  ¡A  xAve!...  ¡Ave  l^Iaría  ! 

i  A  ve...  si  me  dan  er  día!... 

Pero  ya  contestarán 

hasiendo  la  cotovía. 
la  derecha.  Silbando  de  un  modo 
las  silabas  fi  y  fio. ) 


MUSICA 

¡Fi...,  fi...,  fí...  o! 

Aquí  estoy  porque  vengo  a  lo  mío. 
II 


Y  no  quiero  que  diga  la  gente 

que  me  cuelo  en  la  casa  de  enfrente 
sin  permiso  y  lo  mismo  que  un  tío. 
Por  eso  hago  fío,  fi,  fío,  fi,  fío. 
i  Tan,   talán  1 

Y  también  como  buen  sacristán 
llamaré  con  mi  tan,  tan,  talán. 

¡  Tin,   tilón  ! 
¡  Y  por  dentro  va  la  procesión ! 
MARI  y  CAND.    (Que  aparecen  por  la  puerta  de  la  derecha.) 

]  Tin,  tilón  ! 

RUFO.  Las  palomas  acudieron  al  reclamo 

del  pichón. 

(Ritornello,   en  el  que  Rufo  silba  el  motivo 
del  fi...,  fio  del  principio.) 
ELLAS.  Este  que  está  silbando  con  tanto  selo 

parece  una  lechuza  y  es  un  mochuelo. 
RUFO.  Niñas,  ino  decir  eso,  que  me  incomodo. 

Yo  no  soy  un  mochuelo  de  ningún  modo... 

No  decirme  mochuelo,  porque  me  atufo, 

y  como  yo  me  atufe... 
ELLAS.  Se   atufa  Rufo. 

RUFO.  Yo,  tocando  la  campana 

soy  una  especialidad... 

Y  silbando,  una  eminencia, 
como  puedo  comprobar. 

ELLAS.  El  tocando  la  campana 

es  una  calamidad. 

Y  silbando  es  una  rana, 
como  puede  comprobar. 

RUFO.  Y  lo  prueban  mis  canciones 

que  han  cantado  y  cantarán 
todas  las  generaciones 
de  mositas  del  lugar. 

¿Queréis  cantar 
mi  cansión  del  fío,  fío  y  tan,  talán? 
ELLAS.  Allá  ve. 

Si  me  quieres, 

y  entre  todas  me  prefieres, 

te  diré,  cariño  mío... 

Que  te  veo, 

que  te  miro  y  te  deseo, 

que  me  quemo  v  que  me  frío. 

RUFO.  (Silbando.)  Fío,  fío. 

ELLAS.  Que  párese 

que  tu  amor  desaparece 


mientras  va  cresiendo  el  mío. 
RUFO.  Fío,  fío. 

ELLAS.  Que  estoy  loca, 

y  que  vestiré  (la  toca 

como  siga  tu  desvío, 
RUFO.,  Fío,  fío. 

ELLAS,  Seré  monja,  y  un  bribón 

de  sotana  y  esquilón 

matará  mi  vocasión. 
RUFO.  Con  mi  tilín,  tilón. 

ELLAS.  Dime  tú  por  qué  me  matas, 

me  despresias  y  maltratas, 
mardesío. 

RUFO.  Porque  de  ti  no  me  fío, 

fío,  fío.  ( Cesa  ¡a  músin) 


CAND 
RUFO. 

CAND. 
MARÍ. 
RUFO 
CAND. 

RUFO. 
CAND. 


RUFO 


v^AND. 
RUFO. 

CAND. 
RUP^O 


MARL 
RUFO. 


HABLADO 

¡Mira  que  cargarte  así!... 
¡Tiene  mi  madre  unas  cosas 
Tu  madre  te  tiene  a  ti..., 
y  si  te  tiene  pa  mí..., 
ya  tiene  mi  güerto  rosas. 
¡  Ay,  mujé,  mira  qué  fino ! 
Es  un  junco. 

Soy  juncá. 
Por  fino  te  he  de  yamá 
en  vez  de  Rufo,  Rufino... 
¡  Ay,  Rufino ! 

Y  no  te  creas 
que  tú  me  disgustas  ;  no, 
Rufo  ;  no  te  encuentro  yo 
na  más  que  tres  cosas  feas. 
¿  Feas  ?  Pos  seguramente 
que  una  será  la  sotana. 
Pero...,  ¿y  las  otras,  serrana j 
Que  te  gusta  el  aguardiente, 
¡  Ah  !  Pos  eso  sí  que  no  ; 
que  es  justamente  al  revés. 
¿Sí? 

Que  el  aguardiente  es 
a  quien  le  entusiasmo  yo. 
No  me  lo  puedo  quitá 
de  ensima. 

]  Sí  que  es  pesao  I 
Ya  lo  tengo  atravesao. 
Pero  no  hay  mas  que  tragá. 

13 


Y  oye...,  ¿cuál  es  la  tersera? 
Er  que  se  quede  moslto. 

¿No  encontrará  su  apañito?  ■ 
¡  Ay,  que  no  i  ¡Y  que  es...  de  primera 
Una  niña  que  ar  reí 
me  da  frío  por  la  esparda  ; 
que  si  arremanga  su  farda 
me  arremanga  la  narí : 
que  es  como  un  canario  flauta 
cuando  se  pone  a  cantá  ; 
que  me  manda  a  mí  volá... 
y  se  hase  Rufo  aronauta. 
¿Y  eso  qué  quiere  desí? 
Que  está  Rufo  por  las  nubes. 
De  argún  puntapié,  que  subes. 
Subo...  si  tu  quieres... 
¿Sí?  (Sale  Lauro  por  donde  se  fué.) 
(Aparte.) 
¡  Zu  zangre ! 

(Aparte,  viendo  a  Lauro.) 

j  Lauro !  ¡  Josú ! 

Ahora  verás  tú,  serrano  ; 

la  guantá  va  a  sé  sin  mano. 

(A  Rufo,  coqueta.) 

Oye,  ¿y  quién  es  eya,  tú? 

Pos...  una  que  está  por  mí. 

(R  emangándose . ) 

Y  que  quizá  te  la  ganes... 
¿Le...  gustan  los  sacristanes? 
¿Si  le  gustan?  ¡A  morí! 
(Interponiéndose.) 

A  morí...,  ipero  que  es  ley. 

(Huyéndole.) 

i  Asuca  !  ¿Estabas  ahí? 

Libérame. 

¡  Quieto  aquí, 
que  no  te  libra  ni  er  Rey  ! 
Pero  Laurito,  es  que  yo... 
i  Que  te  cayes...  ! 

Es  que  er  braso... 
Me  quedo  con  un  peazo, 
como  me  juyas... 

Yo  no... 
Conque...  ze  acabó  er  díscurzo. 


14 


MARi.  (Cogiendo  la  canasta  por  un  asa  y  disponien- 

do a  marcharse.) 

Anda,  vamos  con  er  lío. 
CAND.  (Lo  mismo,  riéndose  de  ellos.) 

¿Va  a  yegá  la  sangre  ar  río? 
RUFO.  (Aparte.) 

Que  no  me  fayes,  recurso. 
CAND.  Niños,  con  Dios,  y  a  jartarse 

de  puñalás.- 

MARI.  ¡Ahí,  carsones  ! 

CAND.  ¡  Que  se  quedan  dos  leones  ! 

MARI.  ¡Cuidadito,^  no  miatarse  ! 

CAND.  (Riendo.) 

j  Es  que  da  risa   mirarlos  ! 
MARI.  ¡  Ja,  ja  !...  j  Se  van  a  comé  ! 

CAND.        '         (Al  mutis  de  antes.) 

No  tienen  hambre,  m.ujé. 

¡  Sujetarlos  !  ¡  Sujetarlos  !  (Mutis.  Lauro  y  Ru- 
fo reconocen  que  están  en  ridiculo  durante 
todo  este  tiempo  y  no  saben  qué  hacer.  Se  mi- 
ran y  vuelven  la  cabeza  ;  miran  a  las  mucha- 
chas y  mientras  duran  las  mofas  y  las  risas, 
están  serios  como  jueces.  Por  fin  cesan  las  ri- 
sas y  hay  un  instante  de  silencio.) 
LAU.  (Aparte.)  (¡Ni  Jozé  María  er  Tempraniyo,  es  capaz  de 
echá  una  bravata,  zi  le  paza  esto  !) 

RUFO.  (Mira  a  Lauro,  y  con  el  pulgo.r  de  la  mano  izquierda  se- 
ñala a  la  puerta  por  donde  se  fueron  las  muchachas,  mientras  con 
la  derecha  se  tapa  la  boca  para  no  reírse,  fingiendo  un  regocijo  que 
no  siente.)  \  Pffff  ! 

iLAU.  ¿Zí?  Potf-  de  ti  ze  van  s.-ien'do. 
RUIFO.  ¿De  mí?  (Lo  mismo.)  ¡Pfff!...  ¡Y  de  ti,  na! 
LAU.  i  De  mí  no  ze  ríe  nadie  !  Azín,  que  zi  no  quies  dejá  va- 
cante en  la  parroquia,  ya  estás  zerio.  ¿De  mí?  No  digo  yo  un  za- 
cristán...,  ¡ni  el  Arzobispo! 

RUFO.  (Aparte.)  (¡  Que  mo  me  faye  !)  { Cómicamente  serio,  con 
la  mano  derecha  muy  próxima  a  las  narices  de  Lauro,  hace  dos  o 
tres  veces  la  señal  de  la  cruz.)  ¿Has  dicho  el  Arsobispo?  Miserere, 
agnus  Dei,  quitollis  pecata... 

LAU.  ¿Eh?  (Sacudiéndose  las  cruces  como  si  fueran  moscas.) 
RUFO.  Casi  na.  Pecao  mortá.  Santigúate. 
LAU.  Pero... 

RUFO.  Santigúate  o  te  pierdes,  arcornoque. 
LAU.  (Lo  hace.)  \  Zantiguao  ! 
RUFO.  Di  tú  conmigo.  Libérame. 
LAU.  Liebre  dame. 


15 


RUFO.  Pecata  tua... 
LAU.  Petaca  tuya... 
RUFO.  La  tuya... 

LAÜ.  La  tuya...,  que  está  más  yena. 
RUFO.  Güeno,  hombre,  tómala.  Echa  un  cigarro.  (Le  da  ia 
petaca.) 

LAU.  Tú  lo  que  eres,  es  un  farzo  y... 

RUFO.  Güeno,  pos  intenta  na  más  e  tocarme  y  ze  te  va  a  caé 
la  petaca  y  la  mano.  (Acción  de  bendecir.)  ¡Libérame!.  Na  más, 
que  eso. 

LAU.  No  zi  a  mí...,  ya  tú  vé...,  lo  zaco  y  lo  enciendo...  y.  . 

RUFO.  (Aparte.)  (¡  Domesticao !)  (Alto.)  Dame  candela. 

LAU.  ¿Candela?  ¡  Ezo  zi  que  no!  Candela  pa  mí.  Esta  y  la 
otra.  ¡Que  no  te  z'orvíe  el  encargo!  Y  pa  ezo  zí  que  no  te  zirve 
el  liebre  dame.  (Acción  de  bendecir.)  Ya  te  cogeré  yo  zin  zotana. 
Pa  er  granero- voy. 

RUFO.  Por  dile  a  Antonio  que  estoy  aquí. 

LAU.  Ya  le  habrá  dao  ei;  tufo  a  zajumerio.  (Mutis.) 

RUFO.  ¡  Domesticao  !  ¡  No  me  faya  una  !  Ahora,  que  sin  sota- 
na no  mtC  coges  tú.  No  me  la  quito  ni  para  bañarme.  (Mirándose 
la  sotana.)  ¡  Y  pué  que  le  haga  un  favo  a  la  sotana !  Una  mujé  te 
está  hasiendo  farta,  Rufo.  ¡  Vaya  manchas !  Será  aguardiente, 
aseite,  vinagre,  tinta...,  bueno;  que  se  esprime  esto  y  se  pué  poné 
una  tienda. 

ANT.  (Que  entra  por  donde  se  fué.)  Hola,  sascritán,  ¿qué 
hases? 

RUFO.  Hola,  Antoñiyo.  Aquí  mirándome  el  escaparate  y  pen- 
sando en  casarme. 

ANT.  ¿Vas  a  quitarle  la  novia  a  Lauro? 

RUFO.  Cá,  hombre  ;  lo  que  procuro  es  meterlo  más  en  ganas. 
ANT.  ¿Pa  qué? 

RUFO.  ¿Tú  te  has  fijao  bien  en  la  sorda?  ¿Tú  has  visto  lo  que 
hay  de  aquí,  y  de  aquí  y  de  aquí?  (Cara,  busto  y  caderas.) 
ANT.  Y  de  aquí.  (Pupila.) 

RUFO.  De  too¿  menos  de  aquí.  ( Oído.)  Bueno,  pues  sabiendo 
como  estoy  yo  de  aquí  (Dinero.)  ya  comprenderás  que  con  esa 
mujé,  er  cacho  e  huerta  que  tiene  y  lo  que  vá  a  heredá  Lauro,  que 
como  es  naturá  arministraré  yo,  catáte  a  Rufo  con  sotana  nueva 
y  fumando  puros  con  faja. 

ANT.  ¿Y  eya  lo  sabe? 

RUFO.  Se  lo  malisia  ;  vamos  de  piyo  a  piya.  Ahora  que  yo 
paso  por  too,  menos  por  declararme  a  grito  peJao.  Yo  no  pueo  de- 
sirle a  una  mujé  «te  quiero»...,  y  pegá  un  bosinaso.  Asín  es  que  lo 
que  espero  es  casá  a  la  niña,  y  comprarle  a  la  madre  una  trompe- 
tiya.  ¡Y...  bueno. está  ya  de  chuflas!  (Solemne.)  ¡Antonio!  ¡Yo 

i6 


he  venío  a  darte  una  mala  notisia !  Es  menesté  que  tengas  való  pa 
fesibirla.  Yo  ya  sé  que  los  hombres  son  hombres...  y  los  molineros 
son  molineros...  y  los... 

ANT.  Sí  ;  y  los  sacristanes,  sacristanes.  Acaba  ya. 

RUFO.  ¡Való,  Antonio,  való!...  ¡Tú  hermano  Danié...  está 
aquí ! 

ANT.  Ya  lo  sé.  Y  por  lo  visto  con  dinero  de  largo,  pa  convidá 
a  toos  los  sinvergüensas  der  pueblo. 

RUFO.  A  casi  toos.  Si  los  convida  a  toos,  se  arr.uina. 

ANT.  ¿Y  qué?  ¿Te  manda  aquí  pa  preparle  el  terreno? 

RUFO.  ¡  Figúrate  tú  !  Como  si  yo  no  supiera  que  pa  ti,  muer- 
to y  enterrao  ! 

ANT.  No  ío  creas,  Rufo;  la  sangre  tira  y... 

RUFO.  ¿Eh?  (Aparte.)  (¡  i\diós  mi  dinero!)  (Alto.)  ¡Qué  va 
a  tirá  la  sangre,  hombre  !  ¡  Si  te  conoseré  yo  a  ti  !  ¡  Aquí  no  entra 
ése ! 

ANT.  ¿Y  si  yo  te  dijera  ;  tráelo? 
"     RUFO.  ¿Cómo?  ¡En  seguidita  lo  traigo  yo!  ¡Que  no,  hom- 
bre, que  no  !  ¡  Pa  que  lo  eches  a  escobases  !  ¡  Si  te  conozco  ! 

ANT.  No  me  conoses. 

RUFO.  Sí ;  y  quiero  evitá  un  día  de  luto.  Er  se  quea  en  er  put- 
blo,  conmigo  ;  y  tú  en  tu  casita. 
ANT.  Pero   ¿el  no  quiere  verme? 
RUFO.  Br,  sí ;  er  que  no  quiere  soy  yo. 

ANT.  Pos  no  tengas  miedo,  hombre.  ¡  Que  venga !  Si  es  en  son 
de  paz,  ¿quién  sabe  si  traerá  la  que  se  llevó? 

RUFO.  (Aparte.)  (Na,  que  m'ha  fallao !)  (Alto.)  Por  si  no 
hay  más  remedio...  ¡que  venga!...  (Compungido.  Aparte.)  .{\  Adiós 
'mis  chatos!  ¡Adiós  mi  dinero!)  (Transición.  Alto.)  \  Y  asín  lo  es- 
peraba yo  de  ti,  que  has  sío  siempre  más  güeno  que  er  piñonate  I 
Yo  he  venío  aquí  pa  sondeá  tu  intensión,  y  una  vez  sondeá,  me 
voy.  Y  te  lo  traigo;  vaya  si  te  lo  traigo.  Esto  que  yo  hago,  ¿vaié 
crno  vale? 

ANT.  ¡  Un  abraso  !  Y  que  te  lo  doy  de  mú  güeña  gana. 

RUFO.  (Aparte.)  (Me  gustaba  más  la  moneda  del  otro;  pero 
en  fin...)  (Abrazándole.)  Con  Dios,  Antonio,  hasta  pronto. 

ANT.  Anda  con  Dios,  (Mutis  Rufo  por  el  foro.)  Sí ;  que  venga. 
Cuanto  antes  mejó  ;  los  malos  tragos  pasarlos  pronto.  Hasta  aho- 
ra no  me  voy  yo  dando  cuenta  de  lo  que  quiero  a  Mari-Rosa. 
(Vuelve  a  aparecer  Rufo,  dando  muestras  de  cierta  agitación. 
Habla  desde  la  puerta.) 

RUFO.  ¡  Antonio  !  ¡  Antoñiyo  e  mi  vía  !  ¡  Prepárate  !  ¡  Danié 
viene  pa  acá ! 

ANT.  ¿Que  viene  pa  acá? 

RUFO.  Por  la  verea  e  la  ermita.  Y  como  pa  argo  estoy  yo  entre 


17 


2 


los  dos,  le  he  hecho  señas  de  que  se  aserque.  ¡Ya  eslá  aquí!  Va 
ha  traspasao  er  soto  e  la  huerta.  -Ij 

ANT.  ¡  Latigasos  me  pega  ©r  corasón  !  '  í 

RUFO.  ¡  Cavilosillo  viene  !  (Entrando,  al  lado  de  Antonio.)  ]^ 
a  ve  lo  que  le  habías,  tú  ! 

ANT.  ¿Qué  vas  a  dech-me?  (Aparece  en  el  portalón  del  fondo 
Daniel.  Se  queda  con  la  actitud  violenta  del  que  dudo:  cómo  ha  de 
ser  recibido.  Daniel  es  un  real  mozo,  en  la  cumbre  de  ana  robusta 
madurez.  Viste  a  lo  popular,  pero  con  ciertos  detalles  di;  hombre 
adinerado.  Antonio,  algo  irresoluto  también,  hace  violentos  es- 
fuerzos por  no  mirar  a' la  puerta.  Rufo  hace  señas  a  Daniel  de  que 
se  acerque,  y  con  un  gesto  le  anima.) 

DAN.  ¿Hay  permiso? 

ANT.  (Venciéndose.)  Y...  ¿de  cuándo  acá,  s'ha  menester  per- 
miso' pa  entrar  uno  en  casa? 

DAN.  (Corriendo  a  su  hermano.)  ¡  Dios  te  lo  pague  ! 

ANT.  (Idem.)  j  Danié  !  (Y  se  abrazan.  Pausa.) 

RUFO.  Estas  ersenas  m'emosionan.  (Compungido.)  Tengo  yo 
un  corasón  mu  durse...  En  fin,  ahí  sus  dejo.  (Yéndose  con  airé 
triunfal.)  ¡Qué  peso  me  s'ha  quitao  de  ensima  !  ¡Rufo  Perales!.., 
¡  has  cumplió  con  tu  debé  !  (Sale  por  el  foro  majestuosamente. ) 


DANIEL 

¡  Que  Dios  te  lo  pague,  Anto- 
[nio  !... 

ANTONIO 

Vamos...,  siéntate  y  descansa. 

DANIEL 

Farta  me  jase,  no  creas  : 
pesa  el  sol. 

ANTONIO 

Una  semana 
más  y  ise  cdló  el  verano. 
(Pausa  embarazosa,  durante  la 
cual,  ninguno  de  los  dos  sabe 
cómo    iniciar    la    convesación, ) 

DANIEL 

¿Me  das  un  poquito  de  agua? 

ANTONIO 

Tómala,  y  bebe  con  tiento, 
que  la  suor  te  recala. 

DANIEL 

i  En  too  el  mundo  no  se  bebe 
ni  más  fresca  ni  más  clara  ! 
i  Ay>  agua  de  mi  molino, 


yo  he  cambiao...  y  tú  no  cam- 
[bias  !  ; 

y  basta  me  paese,  al  bebei'te, 
que  'en  ti  mi  vía  se  lava, 
y  me  das,  con  tu  frescura, 
la  bienvenía  en  mi  casa. 

ANTONIO 

¿A"  Sarmedina  yegaste?... 

DANIEL 

Va  pa  seis  días. 

ANTONIO 

•¡  Tardabas 

en  venir ! 

DANIEL 

¿Y  qué  querías 
que  hisiera,  si  a  la  esperansa 
de  tu  perdón,  lo  pasao 
le  iba  cortando  las  alas?... 
Y  si    de  cualquier  m. añera 
hemos  de  hablar,  las  palabras 
— que  tanto  tiempo  han  dormío 
en  tu  pecho  y  en  mi  alma, 
disimulando  sentires — , 


i8 


;/¿pa  qué  vamos  a  cayadas? 
i  Hondas  están  y  son  duras, 
'  y  quisá  a  hieles  amargan  ; 
po:n,  Antonio,  tu  noblesa, 
que  yo  he  puesto  ya  mis  lágri- 
[mas, 

y  ent<re  tu  bondá  y  mi  yanto 
¡  vamos  a  ver  si  se  ablandan 
como  er  trigo  que  esas  piedras 
vuelven  harinita  blanca  ! 

ANTONIO 

i  Daniel !... 

DANIEL 

¡  He  pasao  lo  mío  !.. 
Mal  ipensaste  si  pensabas 
que  ha  sío  camino  yano 
er  camino  de  mis  ansias. 
Con  monea  de  fatigas 
y  hambre  y  sé...,  que  es  buena 
[paga, 

fui  poco  a  poco  /pagando 

er  mal  que  dejé  a  mi  esparda. 

Y  ahora,  ya  en  paz  con  Ja  vía, 

¿tendré  derecho  a  gosarla, 

a  la  vera  de  mi  hermano 

y  en  la  quietú  de  mi  casa? 

ANTONIO 

Por  eya  sé  que  has  rondao. 

DANIEL 

Tres  veses  :  cuando  en  la  carma 
de  la  noche    no  podía 
nadie  arvertir  que  rondaba. 
¡  Too  estaba  lo  mismo !  :  el  río, 
que  entre  junqueras  arras'tra 
el  temhlor  de  los  luseros 
que  se  han  caío  en  el  agua  ; 
las  nogueras  der  Carril, 
las  hondonás  de  la  Rambla, 
los  álamos  de  la  a  sequía, 
— más   grandes,    ¡claro! — •,  la 
[blanca 

fachá  de.  la  ermita,  en  donde 
¿siendo  yp  niño  resaba, 


y  el  molino,  ¡mi  molino!, 

que  entre  sus  paredes  guarda 

eil  olor  a  vida  limpia 

con  que,  al  vuelo  de  su  farda, 

iba  mi  madre  vistiendo 

de  luz  y  honradez  la  casa... 

Una  e  las  noches — ^¡  qué  fijo 

se  me  quedó  !— vi  que  estabas 

a  la  puerta,  con  tu  niña 

en  brasos,  bajo  e  la  parra. 

ANTONIO 

Y  tú,  entretanto,  ¿qué  ha  sí  as? 

DANIEL 

Ayí,  junto  de  las  tapias 
der  camposanto  humirdito,- 
en  donde  madre  descansa, 
a  solas  con  mi  consiensia, 
queriendo  reír,  y  oraba. 
A  poco  entraste  pa  dentro..., 
y  ya  tuve  en  la  garganta 
un  grito  que  a  desir  iba 
¡  hermano  ! ,  y  dentro  der  arma 
otra  voz  que,  acongojámiome, 
me  deisía  :  «Danié,  para  ; 
¿ande  vas,  potro  esbocao, 
que,  cuando  a  correr  te  arran- 
ni  lo  que  pasó  recuerdas  [cas,, 
ni  en  imposibles  reparas?... 
Ni  esa  sangre  es  ya  tu  sangre 
ni  esa  casa  ya  es  tu  casa  ; 
pos  si  renegaste  de  eyas, 
¿pa  qué  vuerves  a  buscarlas ?)^ 

ANTONIO 

¡  Pa  que,  al  tenderte  mis  brasos,, 
cuenta  nueva  se  empesara ! 

DANIEL 

Soy  rico,  ¿sabes? 

ANTONIO 

¿Qué  importa?' 

DANIEL 

Salú  traigo  y  traigo  plata: 
dos  cosas  que,  pa  la  vía,, 
hasen  muichíslma  farta. 


ANTONIO 

¿  ii'abajaste? 

DANIEL 

¡  Y  padesí 
y  luché  con  la  cíesgs.-asia, 
traspasando  con  mi  yanto 
una  tierra  dura  y  mala  ! 
Pero,  al  remate,  en  er  mundo, 
tamibién  lo  malo  se  acaba : 
¡  volunté  gana  dinero, 
y  dinero,  dicha  gana  I 

ANTONIO 

A  veses,  no. 

DANIEL 

¡  Siempre,  Antonio  ! 
¡  Too  lo  consigue  la  plata  !  ; 
la  vía  me  'lo  ha  emseñao 
y  nunca  la  vía  engaña  : 
que  es  triste  su  aprendisaje 
y  duras  sus  enseñansas. 
Penas  que  te  echen  cadenas 
y  er  corasón  te  atenasan, 
pa  rompé  sus  eslabones 
y  serená  sus  borrascas, 
no  hay  cosa  como  orvidá..., 
¡y  compra  orvío  la  plata! 
Una  casita  en  er  campo, 
y  una  mujer  en  la  casa, 
que  te  dé  ese  oló  campero 
que  trasmina  de  las  arcas 
en  donde  la  ropa  nueva 
entre  membriyos  se  aclara, 
es  argo  más...  ¡y  también 
se  puede  conseguir  con  plata ! 
]  Alegrías  y  regalos, 
5oles  de  oro  y  lunas  claras, 
fantasías  y  ambisiones 
que  en  er  corasón  te  clavain, 
con  er  doló  de  quererlas, 
er  goso  que  da  er  gosarlas  ! 
Quietú,  si  quletú  apeteses  ; 
risas,  si  quiés  argasara  ; 
bienestar,   gustos,  estima, 
¡  too  lo  consigue  la  plata  ! 
Sólo  una  cosa  en  er  mundo, 
— 1¡  la  que  tnás  ambisionaba  ! — 


no  pude  con  mi  dinero 
retenerla  ni  comprarla, 
i  Ella  hasta  aquí  me  lia  traído  ;' 

ANTONIO 

¿  Y  es  ? 

DANIEL 

i  Esa  cansión  del  aguc 
que,  mi  molino  al  mover, 
no  sé  si  resa  o  si  canta  1 
Cuando  luchaba  a  bocaos 
con  mi  sino  en  tierra  extraña 
er  murmuyo  de  su  risa, 
ca  vez  más  noble  y  más  franca, 
recalándome  los  huesos, 
en  mi  sentío  se  entraba, 
siendo  espuela  en  mis  desmayos 
y  en  mi  dolor,  confiansa. 

Y  paese,  talmente,  Antonio, 
cuando  su  voz  me  regala, 

i  que  vuervo  a  estrena  la  vía, 
dando  a  lo  pasao  mortaja 
bajo  sus  limpios  cristales 

V  entre  sus  espumas  blancas  ! 

¡  Qué  serca  estaba  y  qué  lejos  !  ; 
y  a  pesar  de  la  distansia, 
¡  si  vieras  cómo  metía 
su  frescura  en  mis  entrañas  !, 
y  qué  verdá  entonses  era 
lo  que  aqueya  copla  canta  : 
((Cuanto  más  jondiyo  un  poso, 
más  fresquita  sale  el  agua»... 
¿No  oyes,  hermano?...  ¡  De  roi- 

[yas 

se   ha   menester  escucharla!... 

¡  Ay,  agua  de  mi  mollino  : 

yo  he  cambiao  y  tú  no  cambias ! 

(Fuera,  y  a  una  distancia  con- 
veniente, se  oye  la  voz  de 
Mari-Rosa  que  canta.) 

MÚSICA 
MARI 

A  la  orillita  del  agua 

me  paro  a  considerar, 

que  lo  mismo  son  mis  penas 

unas  vienen  y  otras  van. 


asi  quie 
endo  CÓ! 
pasa 

DAN. 

Antonio, 
\% 

DAN. 
MAR! 


5  M 


20 


sí  cantaba  mi  madre, 
ij-a  así  quiero  yo  cantar, 
iendo  cómo  corre  el  agua 
ue  pasa  y  no  vuelve  más. 


¿Qué  ruido  es  ése,  madne, 
que  así  me  encanta?, 
y  la  madre  responde : 
¡  Hija,  es  el  agua  I 


DAN.  (Hablado  sobre  la  música.)  ¿Eh?  ¿Qué  voz  es  ésa? 
Antonio,  por  tu  vida¿  dime  que  no  estoy  soñando ! 

ANT.  ¡  Calla !  ¡  Ahora  lo  sabrás,  que  me  paese  que  llora  \'<> 
iña.  (Mutis  por  la  derecha,) 

DAN.  ¡  La  canción  del  agua  !  ¡  La  que  mi  madre  cantaba ! 

MARL  (Cantando,) 

A  la  orillita  del  agua 
etc.,  etc. 

Agua  míaj  agua  mía, 

si  yo  supiera  cantar 

¡  qué  bien  que  te  cantaría ! 

(Entra  Mari-Rosa,  sorprendiéndose  al  ver  a  Daniel.) 
MARL  ¡  Ah  !  (Hablando  sobre  la  música.) 
DAN.  No  sé  quién  es  usté,  pero  siga,  ¡  por  su  vida  ! 
MARL  ¿Yo? 
DAN.  ¡  Es  un  favor  ! 

MARL  Pues  si  es  un  favor,  ¡bueno!  (Cantando.) 

Agüita  de  mi  molino, 
no  sé  qué  tiene  tu  risa, 
que  si  estoy  triste  me  alegra 
y  si  lloro  me  acaricia. 

¿Quién  canta  sus  amores 
en  mi  ventana? 
Y  la  madre  responde : 
i  Hija,  es  el  agua  ! 
DAN.  Penando  de  mal  de  amores 

mis  labios  sueñan  beberte, 
a  ver  si  apagas  mi  sed 
y  a  mi  fuego  das  tu  nieve. 

Agüita  de  mi  molino, 
¡quién  fuera  como  tú  eres^ 
que  aunque  mi  llanto  te  enturbie 
tú  sigues  riendo  siempre  I 
MARL  A  la  orillita  del  agua... 

etc.,  etc. 
j  Agua  mía,  agua  mía  I 
si  yo  supiera  cantar 
¡  qué  bien  que  te  cantaría ! 
( Cesa  la  música.) 

21 


ANT.  (Saliendo.)  ¡  Rcgularsillaniente  na  más  ha  salió  e 
hoy !  Ahí  lo  tienes  :  es  mi  hermano. 

MARI.  ¿Usté?...  Entonses  usté  es  el  Niño  de  la  Pial 
(Aparte.)  ¡Jesús,  qué  vergüensa !  ¡Se  lo  sorté !  (Alto.)  ¡  Üs 
disimule ! 

DAN.  Eso  me  han  dicho  que  me  yaman  ahora.  A  mí  r 
gustaría  más  que  me  dijer.an  como  siempre :  ((Er  de  la  t* 
bera». 

MARI.  Es  más  bonito  lo  otro. 

ANT.  Y  suena  mejó...  por  lo  de  la  plata.  Aquí,  Mari-Ros 
es  la  ahijá  de  Martina  la  sorda  ;  la  santera  del  Alamo,  hombr 

MARI.  Huérfana  me  recogió'  y  con  eya  vivo  Yo  he  oído  hab 
mucho  de  usté.  ■ 

DAN.  ¿A  la  madrina? 

MARI.  Y  a  Antonio  ;  no  vaya  usté  a  pensarse.  Antonio 
ha  querío  siempre,  ¿verdá? 

Dy\N.  y  bien  que  me  lo  ha  demostrao  hoy. 

MARI.  ¡Pos...  si  usté  no  me  m.anda  otra  cosa...  Antonio! 
Aquí  dejo  esa  ropa,  porque  me  están  esperando  en  la  ermit 
pa  andá  estos  cortijos  pidiendo  la  ofrenda  a  la  Virgen,  Bienv 
nido  sea  el  forastero,  y  que  sea  pa  bien,  Antonio. 

ANT.  Grasias,  mujé. 

DAN.  Dios  te  guarde. , 

MARI.  (Desde  la  puerta  ya.)  Y  prepararse,  porque  la  Virge 
este  año  está  mu  probesita  y  quiere  corasones  generosos.  ¡  V 
mos  a  ve  si  es  verdá  eso  del  ((Niño  de  la  Plata»!...  ¡Y  disimúi 
la  fr^nquesa  !  I 

DAN.  Se  hará  lo  que  se  pueda. 

MARI.  Pos...  pa  creer...  ver,  ¡Adiós!  (Mutis  por  el  foro.) 
Dy\N.  ¡  Vaya  con  Dios  lo  bonito  !  (Daniel  y  Antonio  mantiene 
brevísima  pausa.)  Vive  en  la  ermita,  ¿no?  . 
ANT,  En  la  ermita  vive, 

DAN.  Y  por  lo  visto  vienen  mucho  ar  molino.  (Se  sientan 
ANT,  Por  mi  chiquiya,  que  la  tiene  embelesá.  No  le  pago  y 
besando  er  suelo  que  pisa.  Sola  o  acompañá,  que  yueva  o  granisí 
que  ajogue  la  caló  o  traspase  er  frío,  sien  veses  ha  de  pasá  la  vi 
rea  de  la  ermita  ar  mollino,  pa  vení  a  cuidarla,  a  arrufarla,  a  q\k 
rerla. 

DAN,  Presiosa  es  la  muchacha. 

ANT.  Es  bonita,  ¿verdá?  (Con  orgullo  de  enamorado.) 
DAN.  De  lo  que  se  va  viendo  poco. 
ANT.  Me  alegro  que  te  guste. 
DAN.   ¡Siego  es  menesté  estar  pa  no  verlo!...   ¡Vaya  ui^ 
mujé  !  Como  pa  casarse  con  eya  y  embelesarse. 
ANT.  En  eso  reino  desde  hace  tiempo  yo. 

22 


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I]  DAN.  (Levantándose.)  ¿Sí?...  Pos  te  alabo  er  gusto...  y  te 
envidio.  Buena  mosa  te  yevas. 

áNT.  Padrino  me  íaríaba...  y  ya  lo  tengo. 

DAN.  ¿Quién  es? 

ANT.  Er  ((Niño  e  la  plata». 

DAN.  ¿Eh?  (Sorprendido.  Algo  indiferente.)  ¡Ahí  ¡Sil  ¡  Er 
.«Niño  e  la  Plata».  (Se  estrechan  fuertemente  las  manos.) 

LAU.  (Por  la  puerta  de  la  izquierda. )  ¡  Zeñó  Antonio  I  Once 
fanegas  he  medio. 

ANT.  Bueno  está.  Hoy  es  día  de  fiesta  en  el  molino. 

Dx^N.  ¿Este  es  Lauro? 

ANT.  ¿Lo  conoces? 

DAN.  De  vista  y  de  nombre.  Por  Rufo. 

LAU.  \  Y  usté,  zin  fairtá,  es  er  ((Niño  de  Ja  Plata». 

ANT.  Es  mi  hermano. 

LAU.  ¿Zu  hermano?  Tanto  gusto  en  conocerlo... 
DAN.  Y  yo  a  ti. 

ANT.  Es  buen  muchacho.  No  tiene  más  falta  que  tenerle  mie- 
do a  Rufo. 

LAU.  Diga  usté  que  mieo,  no.  Lo  que  es  que  me  impone 
por  zé  coza  de  iglesia...  ¡que  zi  no! 

DAN.  Pues...  yo  voy  a  darte  una  reseta  pa  eso. 

LAU.  ¿Cuá  r.eseta?' 

DAN,  Que  te  hagas  der  Soviet. 

LAÜ.  ¿Y  qué  es  ezo? 

DAN.  Ya  te  lo  explicaré  más  despasio. 

LAU.  Pos  con  ta  de  zobarle  yo  la  cara  a  eze  (Acción  de  pe- 
gar.) zoy  capá  de  jacerme  der  zobé  y  der  pegué  y  de  too  -lo  que 
usté  quiera, 

ANT.  Lo  que  te  pasa  a  ti  lo  sé  yo. 

LAU.  Lo  que  me  paza  es  que  no  tengo  un  reá  y  hoy  me  va 
a  abochorná  Candelita  delante  e  RufOj  cuando  me  pida  pa  la 
Virgen.  Y  es  que  ayer  pizé  romero,  y  ezo  es  mala  zombra. 

ANT,  ¡Es  más  superstisioso  que  un  moro!  (A  Daniel.)  ¿Vamo 
a  ve  a  mi  chiquiya? 

DAN,  Sí,  vamos.  Adiós,  hombre.  (A  Lauro.)  Toma;  pa  que 
quedes  bien  con  la  Vingen...  (Dándole  un  duro.)  Y  cuenta  tam- 
bién con  las  guantás  de  Rufo, 

LAU.  Zerá  que  Rufo  cuente  con  las  de  acá,  (Enseñándole 
la  palma  de  la  mano  abierta.  Tomando  el  duro  de  Daniel.)  Y 
estimando, 

ANT,  Ya  ves  cómo  no  es  malo  pizá  romero.  (Se  van  los  her- 
manos por  la  puerta  de  la  derecha.) 

LAU.  Es  que  esta  mañana  pizé  arfarfa.  ¡  Un  duro !  ¡  La  ar- 
faría !  Toos  lois  días  vi  yo  a  pizá  arfarfa.  Hoy  en  la  ofrenda  le 
doy  er  duro  a  Candelita,  achico  a  Rufo  y  mato  a  la  zorda  der 

23 


berrinche.  (Recapacitando.)  ¡  Por  más  que  da  un  duro,  es  muí 

cho  da  I  Daré  cuatro  pezetas,  y  con  la  otra  me  compraré  una 
cadena  pa  er  reló.  Pero...,  ¿ande  voy  yo  con  cadena  y  zin 
reló?  Daré  tres  pesetas,  y  con  er  resto^  me  compr,o  un  portamos 
nea.  Tampoco.  Doy  dos  pezetas  y  las  otras  tres  pa  un  zombrei 
ro  e  paja.  ¡  Pfff  !  Y  m 'apedrean  !  No.  Doy  una  pezeta  y  las  cua* 
tro  pa  comprá  una  faca.  ¡  Ezo  !  ¡  Y  me  cargo  a  Rufo  1  ¡  Ezo  I  ¡  % 
me  llevan  a  la  caree!  ¡Ezo!  Y...  ¡  Cá  !  Yo  doy  er  duro,  porqué 
lo  tengo,  y  porque  zoy  más  rumboso  que  er  Gayo.  ¡Un  dur,o!..í 
¡Pazo!...  i  Que  va  a  zalí  de  aquí  er  ((Niño  e  la  Plata»!  (Va  a 
salir  muy  decidido  y  aparece  en  la  puerta  Martina,  seguida  di 
Rujo.  Al  verlos  se  queda  de  una  pieza.)  \  Jozú  !  ¡  Qué  habré  pi- 
zao  yo?  ¿A  que  es  farzo  er  duro? 

MAR.  ¿Ande  está?  ¿Ande  está,  que  quieo  verlo? 

LAU.  (Señalándose  al  holsillo  del  chaleco.)  Aquí  ;  pero  no 
lo  ves. 

RUFO.  ¿Ahí?  ¡Telarañas  tendrás  tú! 
LAU.  Tenía. 
RUFO.  ¿Has  cobrao? 

LAU.  No;  pero  me  voy  a  cobrá.  Mir,a.  (Enseña  el  duro.) 
RUFO.  (Arrebatándoselo.)  ¿A  ve?  ¿Un  duro? 
LAU.  ¡  Trae  pa  acá  ! 

RUFO.  (Dándole  otro.)  Toma,  hijo.  Y  que  es  de  los  güenos. 
(Aparte.)  Ya  te  di  er  cambiazo.  Adiós,  mejicano. 

MÚSICA 

MAR.  Vente  pa  acá,  Rufo,  antes  que  yegiie  la  Hermendá,  que 
aquí  estará  Danié.  (Haciendo  mutis  por  la  derecha.) 

RUFO.  ¡Libérame!  ¡La  soga  tras  er  cardero !  (Mutis.) 

LAU.  La  zoga  que  a  ti  te  ajorque,  ladrón.  (Poco  antes  de 
hacer  mutis  los  dos,  se  ha  ido  oyendo  el  rumor  creciente  de  la 
Hermandad  de  la  Virgen  que  avanza  por  los  campos,  y  el  eco  del 
silbo  y  del  tamboril,  que  un  mozalbete  toca.  En  el  portalón  del 
foro  aparece  el  Hermano  Mayor  de  la  Cofradía  con  su  varal  de 
insignia,  acompañado  de  varias  mozas  con  bandejas  de  metal  v 
cestas  para  recibir,  las  limosnas») 

r 

HABLADO  SOBRE  LA  ORQUESTA 

HER.  La  Virgen  del  Alamo  s-ea  en  esta  santa  casa. 
LAU.  La  Virgen  zea  con  toos. 

HER.  Y  en  zu  nombre  pido  licencia  pa  entrá  en  eya. 

LAU.  Alante  la  buena  gente,  mientras  avizo  al  amo.  (Vase 
por  la  derecha.  Por  la  puerta  del  foro  entran  el  Hermano  mayor 
y  las  muchachas  que  lo  acompañan,  entre  las  que  vienen  Mari- 
Rosa  y  Candela.  Después  entra  el  muchacho  del  tamboril,  y 


24 


nj  >or  último,  el  estandarte  de  la  cofradía,  adornado  con  flores  y  ra- 
¡jj  nos,  que  lleva  otro  mozalbete,  seguido  de  otro  grupo  de  mucha- 
,j  :hos  y  muchachas  que  llevan  panderetas  y  castañuelas*  Por  ia 
huerta  de  la  derecha  salen  Rufo,  Lauro,  Daniel,  Antonio  y  Mar 
-j  lina.) 

i  CANTADO 

CORO.  Virgencita  buena, 

Virgencita  hermosa ; 
vara  de  asusena, 
carita  de  rosa. 
Bendice  la  casa, 
pura  y  santa  prenda, 
del  que  generoso 
te  brinda  su  ofrenda. 

HABLADO 

HER.,  El  que  quier,a  puede  ofrendar  a  la  Virgen. 
ANT.  Yo  mismo, 

CANTANDO 

¡  Virgen  mía ! 
¡  Pura  luz  del  alma  mía ! 
Con  tu  generoso  manto, 
cubre  mi  pena  y  mi  llanto 
y  descubre  mi  alegría, 

que  es  el  día 
en  que  llamas  a  mi  puerta 
y  siento  tu  bendisión  ; 
¡  mi  puerta  tienes  abierta, 
y  abierto  mi  corasón  ! 

¡  Virgen  mía, 
pufa  luz  del  alma  mía  ! 
la  que   atendió   con  cariño 
mi  pobre  reso  de  niño  ; 
¡  descubre  tú  mi  alegría  1 

que  es  el  día 
en  que  un  hom.bre  conmovió 
solicita  tu  perdón^ 
y  te  muestra  ar.repentío, 
abierto  su  corasón. 
(Hinca  en  tierra  una  rodilla.) 

Virgen  de  mi  devosión, 
pura  luz  del  alma  mía  ; 
escucha  su  invocasión, 

25 


que  es  el  día 
de  tu  glorioso  perdón. 

Virgencita,  chiquita  y  morena,  .  ^ 

claveyina  del  huerto  de  Dios, 
que  en  tus  manos  se  quede  mi  pena 
■  y  en  tus  ojos  se  encienda  mi  amor.  ' 
CORO.  Virgen  mía,  etc.,  etc. 

HABLADO 

ANT.  Muchachos  ;  cargá  en  las  muías  er  saco  más  grande 
que  encontréis.  Esta  es  mí  ofrenda  de  este  año.  Y  fuer.a,  apartej 
¿€  eso,  ahí  va,  Mari-Rosa.  fDeja  unas  monedas  de  plata  en  ¡o 
bandeja  que  Mari-Rosa  le  presenta.) 

HER.  La  Virgen  del  Alamo  lo  premie  y  lo  aumente. 

ANT.  Así  sea. 

MARI.  ¿Y  usté?  (Acer cánS^ose  a  Daniel  con  la  bandeja.) 

DAN.  Muy  pobre  es  mi  ofrenda  pa  la  Virgen  y  pa  lo  que  me- 
resé  la  cara  que  la  pide.  ¡  Ahí  va  !  (Echa  unas  monedas  de  ora 
en  la  bandeja.) 


MARI,  i  Cuatro  onsas  f  ¡La  Virgen  se  lo  pague 


RUFO.  ¡Viva  er  «Niño  e  la  Plata»!  Eso  es  quedá  bien., 
y  lo  demás  jaramago.  ¡  Viva  er  rum.bo  !  Me  ha  contagiao.  Toma 
Candelita  de  mis  entretelas;  tres  pesetas  tengo...  Tuyas  son. 
(Las  echa  en  la  bandeja  de  Candela.) 

LAU.  (Aparte.)  achico...)  (A  Candelita.)  Ven  p'acá,  ze- 

rrana,  miyones  que  tuviera,  tuyos  zerían.  Toma.  ¡Un  duro 4 
(Dejándolo  en  la  bandeja  con  arrogancia.) 

RUFO.  Ese  es  farzo. 

LAU.  ¡  Tú  sí  que  eres  farzo  ! 

RUFO.  Es  mejicano. 

CA-ND.  (Examinando  el  duro.)  Di  que  no,  que  es  güemo 
chiquiyo.  ¡  Has  quedao  zuperió  ! 

RUFO.  ¿A  ve?  (Saca  dos  duros  de  debajo  de  la  sotana.) 
Pos  es  verdá.  (Aparte.)  (Er  mejicano  está  aquí.  Me  equivoqué. 
Na.  que  no  lo  paso  ni  con  «prestidigitación)).) 

FÍER.  Vamos,  que  toavía  hay  mucho  campo  que  andá. 

CAND.  ¡En  mar.cha !  (Van  saliendo  todos.  Mientras  el  tam- 
bor y  la  dulzaina  repiten  el  motivo  de  la  entrada  del  coro.) 

ANT.  Adiós,  Mari-Rosa;  hasta  luego,  ¿no? 

MARI.  Hasta  luego.  ;Te  quedas,  Rufo? 

RUFO.  Tengo  que  hasé  en  la  ermita. 

Dx^N.  {A  Mari-Rosa.)  xAguacda  u:n  momento,  Mari-Rosa. 

MARI.  Ya  estoy  quieta.  ¿Qué  quiere  usté? 

DAN.  Que  me  hables  de  tú...  y  que  tomes  esto.  (Quitándose 
una  gran  cadena  de  oro  que  llevará  al  cuello.) 

36 


MARI.  ¿Esto? 

ANT.  (A  Mari-Rosa,  que  duda  hacerse  cargo  de  la  valiosa 
ha  ja.)  Anda,  inujé,  tómala. 

MARI.  (Mirando  a  Daniel  fijamente.)  Esto  vale  mucho.  (To- 
lando  la  cadena.) 

PAN.  Ahora  es  cuando  vale. 

MARI.  (Mirando  a  Anionio  con  exirañeza, )  Pero... 
DAN.  Es  pa  la  Vir,gen. 

MARI.  (Mirando  alternativamente  a  Antonio  y  a  Daniel, 
'on  cierta  desilusión,  como  si  mostrara  herido  su  amor  propio 
e  mujer,  un  momento  halagado  con  la  idea  de  que  la  dádiva 
ra  solamente  tributo  a  su  belleza.)  ¡Ah!...  ;  Pa  la  Virgen! 
'ues...   que  la  Virgen  se  lo  pague. 

ANT.  Y  corre,  muchacha,  que  ya  irán  lejos.  (Mari-Rosa  co- 
re hacia  la  puerta  y  desde  allí  vuelve  la  cara  a  Daniel.) 

DAN.  (Un  poco  pagado  de  su  generosidad  y  como  contesta- 
ión  a  lo  que  ella  dijo  antes.)  ¿  Ha  quedao  bien  er  «Niño  e  la 
'lata?)) 

MARI.  (Muy  insinuante.)  Querrá  usté  desí  «er  de  la  Ribera»... 
Mutis.  Daniel  y  Antonio  la  siguen  ;  Daniel,  más  decidido,  llega 
lasta  la  puerta  y  la  contempla  arrobado.) 

RUFO.  (Filosófico.)  ¡Ay,  ay,  ay,  ay!...  ¡Rufo  Perales!... 
Dios  quiera  que  no  te  arrepientas  de  haber  cumplió  con  tu 
,6bé...,  con  tú  debe  tres  duros. 

-  TELÓN 


ACTO  SEGUNDO 


CUADRO  PRIMERO 

Paraje  en  la  ribera  del  Guadiamar,  donde  están  la  ermita  del 
Alamo  y  el  Molino.  En  primer  término,  a  la  izquierda,  el  por- 
talón de  entrada  al  molino,  bajo  un  cobertizo  adornado  con 
una  lozana  parra  que  trepa  por  los  pilares  que  lo  sostienen  ; 
un  poyo  de  mamposter.ía  a  ambos  lados  de  la  puerta,  y  junto 
a  uno  de  los  pilares,  una  desgastada  piedra  de  moliino  que  sir- 
ve de  asiento ;  la  fachada,  el  poyo  y  los  pilares,  pregonan  la 
blancura  de  la  cal  de  Morón,  y  es  de  teja  muy  roja  el  co- 


27 


ibertizo.  En  segundo  término,  un  rompimiento  de  chopos  y  áíj 
mos ;  a  la  derecha,  entre  dos  troncos,  bastante  separado; 
empieza  la  suave  rampa  que  conduce  a  la  ermita,  y  que  c 
una  vereda  que  cr.uza  hacia  la  izquierda  casi  todo  el  escem 
rio^  para  torcer  nuevamente  hacia  la  derecha  y  termina  en  1 
ermita,  que  destaca  su  blancura  y  la  simpatía  de  su  traz¡ 
entre  los  troncos  de  los  álamos  descritos.  En  segundo  términí 
a  la  izquierda,  el  múrete  del  caz,  que  formiai  un  recodo  y  s 
pierde  tras  el  desmonte  del  camino  alto.  Lejanías  de  oliv 
Es  el  día  de  la  Virgen  del  Alamo,  por  la  mañana.  Antes 
levantarse  el  telón  se  oye  una  copla  que  canta  una  muchacha 
acompañada  de  guitarras  y  ' castañuelas. 

VOZ.  i  Blanca  paloma  ! 

Eres,  Virgen  del  Alamo, 

blanca  paloma, 
y  en  tus  alas  no  hay  pena 

que  no  recojas. 
Oye  m;  rezo, 
para   ser  la  paloma 
del  que  yo  quiero. 

( Se  levanla  el  telón  cuando  está  la  romería  en  pleno  apogeo 
Muchachas  y  muchachos  del  pueblo,  con  los  trajes  de  fiesta 
forman  pintorescos  grupos:  unos,  sentados  en  el  caz,  otros,  poí 
el  camino  alto  ;  oíros,  junto  a  los  árboles  ■  sei'í^-adas  en  el  suele 
unas,  y  Qtras  de  píe,  varias  muchachas  tocan  la  pandereta  y  cor] 
ellas  acompañan  la  copla  de  sevillanas  que  otras  dos  cantan  y  qti 
cuatro  parejas  bailan.  Entre  ellos  destaca  Rufo,  de  sotana,  Lau 
ro,  resplandeciente  con  su  traje  dominguero,  y  "Martina,  hecha 
un  brazo  de  mar  ;  formando  un  grupo  a  la  puerta  del  molino,  en 
el  que  están  Mari-Rosa,  Daniel  y  Un  Tratante.) 

CANTA.  ¡  Qu'ero  y  no  quiero ! 

\  Querer  quisiera  ! 

Quiero  a  la  que  me  quiere 
de  í¡al  manera, 

que. quisiera  al  mor'rme, 
que  se  muriera. 

Y  que  al  morirse, 

me  tuviera  en  sus  brazos 

para  morirme. 
VOCES.  (Sobre  la  música.) 

¡  Olé,  lo  bien  bailao  ! 

¡  Grasia  ahí,  cantando  ! 

'j  Viva  la  Virgen  del  Alamo,  viva ! 


[ORO. 
UFÓ. 

liUFO, 


!,10Nr 

m 


- 


(Por  la  izquierda  llega  una.  rondalla  de  guitarras  y  handii- 
rfias,  precedida  de  chiquillos  que  corren  y  salían,  enire  los  que 
se  destacan  cuatro  monaguillos  con  solana  celesle  y  roquete  bland- 
eo,  i'\fme  ^  Ri'fo  hacen  la  rueda^  y  dejándolo  en  m^dio, 
dan  vueltas  a  compás  del  pasodoble  de  la  rondalla.) 


Que  cainte  3^  baile  Rufo, 

¡  fuera  sotanas  ! 
Yo  pronto  me  arremango, 

¡  como  ias  badas  ! 
Venga  de  ahí. 
Vamos  allá. 

Y  a  ver  la  grasia 
pa  acompañar. 
Unía,  niña  bailando 

perdió  una  liga. 
Creyó  que  esía'ba  abajo 
y  estaba  arr  ba. 

Y  acaso  tengas  tu  martingala. 

¡  Mi  miar  tíngala  ! 
(Señalándose  el  ojo  derecho.) 
Buscar  siempre  las  ligas 

bajo  las  faldas. 
(Baile,  en  el  que  le  acompaña  Martina  en- 
tusiasmada.) 
Cuando  paso  la  noche 

junto  a  tu  puerta, 
la  empujo  pa  enterarme 

si  es  que  está  abierta. 

Y  acaso  tengas  tu  martingala. 

¡  Mi  martingala  ¡ 
Cuélate  donde  puedas 

y  a  ver  qué  sacas.  (Nuevo  baile.) 


RECITADO  SOBRE  LA  MÚSICA 

VIEJO.  Bueno  ;  basta  de  baHoíeo. 
JOVEN.  ¿Vamos  a  columpiarnos  en  el  olivar? 
MUCH.  Y  a  llevarle  las  flores  a  la  Virgen. 
VOCES,   Sí ;  vamos.   ¡  Viva  la  Virgen  del  Alamo !    ¡  Viva  I 
(Un  grupo  se  marcha  por  la  derecha,  con  la  rondalla,  y  otro, 
■en  el  que  van  muchachas  por  parejas,  llevando  cestas  llenas  de 
flores,  suben  la  rampa  de  la  ermita,  hasta  hacer  mutis.  La  ron- 
dalla es  la  última  que  sale,  y  poco  a  poco  va  dejando  de  oírse 
el  pasodoble  que  comienza  a  tocar  después  del  baile  de  Rujo.) 


29 


HABLADO 

RUFO.  (A  uno  de  la  rondalla,  con  cierto  misterio.)  Ya  lo 
sabéis^  muchachos.  Antes  de  la  procesión  la  serenata.  Y  que  no 
se  enteren  ni  los  instrumentos.  .! 

UNO.  ¡  Convenio  !  (Mutis.)  | 

DAN.  (A  Rufo.)  Eso  ha  estao  bien,  Rufo.  .  ! 

RUFO.  (A  Lauro,  dándole  una  palmadita  en  el  hombro.)^ 
¿Qué?  ¿He  estao  güeno?  < 

LAU.  (Con  desprecio,  volviéndole  la  espalda^.)  ¡M 'alegro  de^-i 
verte  güeno  ! 

CAND.  Has  estao  zuperió. 

LAU.  Pa  ponerlo  en  un  cuadro  y  corgarlo  por  aquí.  (Por  eíf 
pescuezo.) 

RUFO.  Miá  qué  grasia,  hombre.  Y  tú...  de  clavo,  pa  que. 
te  machaquen  la  cabeza. 

TRAT.  (A  Daniel.)  Pos  ya  sabe  usté  que  siento  de  veras  que 
no  esté  su  hermano,  porque  era  un  bonito  negosio  ;  per^o  en  fin, 
ya  que  usté  no  quiere  tratá  sólo  conmigo,  será  forsoso  espe- 
rarlo. 

Dx^N.  Se  fué  ya  va  para  ocho  días.  Cuestión  de  la  maquinaria 
nueva  que  hemos  puesto, 

MARI.  Nosotros  lo  esperábamos  ayé,  porque  er  quería  estar 
hoy  aquí. 

DAN.  Pero  escribió  desde  Sevilla  diciendo  que  no  sabía  cuán- 
do podría  ser. 

TRAT.  Pos  si  es  así,  tendeemos  pasiensia. 
DAN.  Ya  será  pa  poco...,  ¡digo  yo! 

TRAT.  ;  Ea !  Pos  quearse  con  Dios...  y  muchas  grasias  por 
la  buena  acogía.  (A  Danieh)  ¿Quiere  usté  acompañarme  a  tomá 
unas  cañas  en  el  ventorro?  Tengo  yo  mucho  gusto  en  obse- 
quiarlo. 

DAN.  Y  yo  en  aseptá  la  finesa. 
TRAT.  Cuando  usté  quiera. 

DAN.  Pos...  hasta  ahora  mismo.  (Hacen  mutis  por  el  segun- 
do término  derecha.) 

RUFO.  Vayan  ustés  con  Dios.  (Relamiéndose  y  secándose  la 
boca  con  la  manga.)  \  Y  que  aproveche! 

MAR.  Oye,  Rufo. 

RUFO.  Manda  por  esa  boca...  (At>arte.)  (tapia  de  mi  corrá.) 

MAR.  ¿Qué  dises? 

RUFO.  Que  cá  día  está  más  bonita. 

MAR.  ¿Quién? 

RUFO.  Una  que  está  siega  por  mí. 

MAR.  Y  que  lo  digas. 

RUFO.  (Aparte.)  De  hoy  no  pasa. 


30 


LAU.  (Aparte.)  Hoy  lo  mato  con  zotana  y  too. 

CAND.  (A  Lauro.)  ¿Qué  te  pasa  a  ti,  puercoespín? 

LAU.  (Aparte  a  Candelita.)  Que  ze  va  a  acabá  er  clero  esta 
tarde  por  cauza  tuya. 

CAND.  ¡  Olé  los  hombres!  ¿A  que  no? 

LAU.  Tú  lo  verás. 

CAND.  Vamos  a  verlo.  Oye,  Rufo. 

RUFO.  Mándame  tú,  piñonsito  acaramelao. 

Cx'\ND.  Que  hoy  queremos  mi  madre  y  yo  que  vayas  a  la  pro- 
sesión  hecho  un  ascua. 

RUFO.  ¡Y  qué!  , 

CAND.  I3ízelo  usté,  madre. 

MAR.  ¿Er  qué? 

CAND.  Lo  de  la  zotana. 

MAR.  ¡  Ah,  zí !  Mira,  Rufo  ;  te  hemos  hecho  una  zotana 
nueva. 

RUFO.  ¡Olé! 

LAU.  Pero...  ¿tú  también?  (A  Candelita.)  ¡  Ay  zu  familia! 

MAR.  Y  como  no  se  han  encontrao  botones,  vas  a  tené  que 
darme  eza  pa  quitarle  lo  suyos  y  pegárselos  a  la  nueva. 

LAU.  (Aparte.)  ¡  Ay,  zu  zangre !  j  Zin  zotana!  ¡Lo  majo! 

R-UFO.  (Mirando  a  Lauro  con  terror.)  Pero...  ¿quitarme  la 
sotana?  No.  Mira,  déjalo  y  ya  me  la  abrocharé  con  arfileres. 

MAR.  Anda  ya,  quítatela,  que  no  quiero  que  vayas  con  esa  a 
la  prosesión. 

CAND.  Zí ;  ze  los  pegamos  en  un  zarto. 

RUFO.  (Mirando  a  Lauro.  Aparte.)  ¡Zarto  er  que  yo  voy  a 
pegá  !  ¡  Que  no,  ea  !  ¡  Que  me  voy  a  refriá ! 

CAND.  (Quitándosela  a  la  fuerza.)  ¡Acaba  ya!  Con  la  caló 
que  jace  ! 

LAU.  (Ayudando  a  Candelita,  gozoso.)  ¡  Que  te  la  quites,  hom- 
bre !  (De  un  tirón  se  la  quita  y  se  la  da  a  Martina.)  ¡Fuera  ca- 
ziiya  !  ¡  Azín  na  más  !  ¡  Zin  estorbos  ! 

RUFO.  (Que  se  queda  en  mangas  de  camisa,  le  quita  la  so- 
tana a  Martina  y  se  la  pone  en  forma  de  mantón.)  ¡As...  chiss!... 
¿Lo  ves?  (A  Martina.)  \  Oye  \...  (Aparte.)  No,  que  ésta  no  oye. 
(A  Candelita.)  ¡Oye!  ¿Y  cuanto  tiempo  voy  a  está  sin  esto? 

LAU.  Er  zuficiente. 

CAND.  Cuestión  de  media  hora. 

RUFO.  ¿Media  hora?  ¿Er  suficiente?  ¡  Ca ! 

MAR.  Trae  (Cogiendo  la  sotana  definitivamente.) ,  que  eres 
un  plomo. 

RUFO.  (Plantándose  de  un  salto  en  la  rampa  de  la  ermita.) 
Un  pájaro  es  lo  que  soy.  (Desde  la  rampa,)  ¡As...  chiss!...  Voy 
por  la  chaqueta.  (Aparte.)  Y  me  pongo  er  bonete.  A  mí  no  me 


31 


11 

coge  ése  sin  el  atributo.  ¡Libérame!   (Y  se  va  por  la  rampa,'^ 

LAU.  (Aparte.)  No  te  libra  ni  el  zurzum  cordia. 

MAR.  (A  Candelita.)  La  zotana  está  toavía  aquí,  en  d  n^i 
lino,   ¿no?   (Señalando  al  molino.) 

CAND.  Zí,  pa  que  er  no  la  viera.  Y  abuja  e  hilo  tamién. 

MAR.  ¿Vienes,  Mari  Rosa? 

MARL  Sí,  que  tengo  que  vestí  a  la  niña. 

MAR.  Y  tú,  Candelita  ;  más  vale  que  te  des  una  vuerta  po'r 
ayá.  , 

CAND.  Voy  dezeguía,  madre.  (Mutis  Mari  Rosa  y  Martin^ 
por  el  molino.)  % 


LAURO 


¡  Candelita ! 


CANDELITA 

¿  Qué  quieres  ? 

LAURO 

Mira,  pimienta, 

que  te  estás  divirtiendo 

más  de  la  cuanta  ; 

que  está  mu  feo, 

que  conmigo  te  gastes 

tanto  chungueo ; 

que  ya  estás  abuzando 

de  mi  nobleza, 

y  que  estoy  más  pa  arriba 

de  la  cabeza 

de  ze  'tan  güeno, 

y  de  tragá  zin  gana 

tanto  veneno. 

CANDELITA 

Jozú,  niño  ;  no  zeas 
tan  fanteziozo, 
que  no  tienes  motivo 
pa  está  zeloso. 

LAURO 

¿Que  no?  ¡Ni  gana!, 
pero  tú  no  te  peinas 
pa  zacristana. 
Ezo  ya  pucs  tenerlo 
por  descontao. 

CANDELITA 

Me  has  hecho  gracia.  Lauro. 


LAURO 

¡  Zoy  mu  zalao  I 

CANDELITA 

¡Adiós,  mojama! 
¡  La  za  de  mi  zailina 
tiene  la  fama! 

LAURO 

¡  Ca  verdá  es  lo  que  digo, 
que  enciende  yesca  ! 

CANDELITA 

O  que  enciende  lechuga, 
que  es  coza  fresca. 

LAURO 

¿Fresca  me  dices, 

y  azín  me  lo  refriegas 

por  las  narices  ? 

Pa  fresca  una  lechuga 

que  yo  camelo. 


CANDELITA 


Quién,  yo? 


LAURO 

Lechuga  y  media  ' 


CANDELITA 

Caya,  canelo  ! 

LAURO 

¡  Farza  ! 


Maleta  I 


CANDELITA 


Alacrán  I 


32 


lyAURO 

Lagat-tija  ! 

CANDELITA 

¡  Costal  I 

LAURO 

Veleta  ! 

CANDELITA 

(Yendo   hacia   él,    con  coque- 
tería.) 

lSío  te  enfades,  preziozo, 
3onite  contento, 
:ju€  zi  yo  zoy  veleta, 
;ú  eres  mi  viento. 
Sóplame  fuerte, 
^  ya  verás  qué  firme 
/■oy  a  quererte. 

LAURO 

[Resistiéndose  a  duras  penas.) 
Que  no  me  ablando,  ea, 
que  no  me  ablando, 
3orque  co'n  dos  barajas 
Bstás  jugando, 
f  a  mí,  en  er  juego, 
lo  me  «gusta  que  nadie 
me  tire  er  pego. 

CANDELITA 

jiEres  bruto  y  negao, 
porque  ilo  .eres ! 

LAURO 

Lo  que  es,  que  no  me  fío 
de  las  mujeres. 

CANDELITA 

¿Y  te  quies  cazá? 

LAURO 

¡Zi  acazo  yo  me  cazo 
va  a-ze...  en  la  má ! 

CANDELITA 

íQuiés  decirme  la  mosca 
que  te  ha  picao, 
pa  hablá  con  eze  tono 
tíin  destempla©  ? 


LAURO 

Mosca  o  mosquito, 
estoy...  ¡  pa  que  me  pizen 

en  un  cayito ! 

CANDELITA 

Pero  ¿qué  es  ilo  que  paza? 

LAURO 

Paza  uña  coza, 
que  es  un  crimen,  Candela  ; 
que  Mari-Rosa 
y  Danié... 

CANDELITA 

¡  Cayá ! 

LAURO 

¡  Y  ezo,  no  !  Por  traiciones 
no  'pazo,  vaya  ! 
Desde  que  en  mada  hora 
ze  fué  zu  hermano, 
detrás  de  la  paloma, 
ronda  'cr  milano. 

CANDELITA 

¿Y  eya? 

LAURO 

Conziente 
en  que  las  "aguas  vayan 
comtra  corriente. 

CANDELITA 

¡  Zi  no  es  (posible  ! . . . 

LAURO 

Rufo, 

que  es  un  marrajo, 
zé  también  que  a  escondías 
anda  en  el  ajo. 
¡  Miá  zi  lo  cojo!..., 
¡der  primer  puñetazo 
le  zarto  un  ojo  I 
Y  que  quizá  no  paze 
de  esta  mañana, 
¡  como  puea  piyarlo 
zin  la  zotana ! 

CANDELITA 

Pos  yo  no  creo 
33  „  3 


que  Mari-Rosa  tenga 

tan  (ir.  al  dezeo. 

Er  zolito  zi  aoazo 

tendrá  la  curpa  ; 

pero  e3-a,  de  toes  modos, 

tiene  -  discurpa. 

j  Es  mucho  tipo  ! 

(Suspirando.) 
¡  Ay !  Er  «Niño»  es  un  hombre 
que  quita  el  hipo ! 

LAURO 

(Amoscado.) 
¿También  te  gusta?  ¡Vaya, 
z'ha  terminao  ! 
¡  Me  los  meriendo  juntos 
en  un  bocao  I 

CANDELITA 

i  Ojú,  qué  tío  ! 

¿Quién  me  busca  un  valiente 

que  z'ha  perdió? 

LAURO 

Er  valiente  que  buscas 
yo  te  lo  encuentro : 
i  aquí  está  I 

CANDELITA 

¿TÚ  vaíiente? 
Zerá  por  dentro. 

LAURO 

¡  También  por  fuera  ! 

CANDELITA 

¿Tü  ?  ¡De  boca  ! 

LAURO 

(Yendo  hacia  ella.) 
¡  Y  de  manos  ! 

CANDELITA 

(Huyéndole.) 
Quieto...,  ¡  gelera  ! 

LAURO 

Acaba  ya  de  darme 

pares  y  mones, 

pa  que  nos  eche  el  cura 


las  bendiciones. 
¡  Anda,  z  erra  na  ! 

CANDELITA 

¿Yo?  ¿A  un  hombre  que  ze 
[azusta 

de  una  zotana? 

LAURO 

Pos  pa  que  yo  te"  logre, 
di  de  una  ve 

qué  es  lo  que,  ipa  tu  cuenta, 
tengo  que  hacé. 

CANDELITA 

Pa  que  te  quiera,  ,í 
aprendé  a  zer  un  hombre 
de  esta  manera  : 

MÚSICA 
CANDELITA 

Teniendo  una  novia  > 

chiquita  y  morena, 

que  es  guapa  y  te  quiere, 

y  en  ti  solo  pienza, 

la  cara  de  gloria 

y  el  a'lma  de  fiesta, 

con  'luz  en  los  ojos 

y  fuego  en  las  venas, 

zi  un  ihombre  atrevió 

robarte  quiziera 

'lo  que  pa  ti  zolo 

tú  quieres  que  zea, 

zentencia  de  muerte 

merece  el  ladrón  ; 

ze  busca,  ze  acecha, 

ze  reta,  ze  riñe, 

y  tu  faca  valiente 

ze  tlñe  con  sangre  caliente 

de  zu  corazón. 

LAURO 

¿Y  na  más? 


CANDELITA 

Y  ina  más. 

LAURO 

¿Na,  na,  na? 

34 


CANDELITA 

¡  Na,  na,  na  ! 

LAURO 

;  Pos  verás  ! 
Yo  tengo  una  novia 
¡  chiquita  y  morena, 
que  tiene  más  zalza 
que  un  guizo  de  almejas, 
con  más  alegría 
que  un  día  de  fiesta, 
y  más  peligroza 
que  un  lobo  en  la  zierra  ; 
zi  un  hombre  atrevió 
robairme  quiziera, 
lo  que  pa  mí  zolo 
yo  quiero  que  zea, 
ni  riñas,  ni  muertes, 
ni  facas  habrá  : 
lo  miro,  me  río, 
le  güervo  la  esparda..., 
y  me  'busco  al  instante 
una  novia  más  firme  y  constante 
j  y  no  ha  pazao  na  i 

CANDELITA 

¿  Pero  na? 

LAURO 

i  Pero  na  ! 

CANDELITA 

¿Na,  na,  na? 

LAURO 

¡  Na,  na,  na  ! 

CANDELITA 

Pos  verás. 
El  hombre  que  yo  prefiera 
ha  de  ser  con  condición 
que  por  un  capricho  mío 
se  juegue  su  corazón. 

LAURO 

La  mujer  que  yo  prefiera 
ha  de  ser,  con  condición 
de  que  no  le  guste  er  vino 
ni  er  marío  peleón. 


CANDELITA 

¡  Azi  ha  de  ser 
por  el  -  querer 
de  esta  mujer  ! 

LAURO 

¡  Azi:  ha  de  ser 

eza  mujer 

que  yo  querré  ! 

(Le  vuelve  la  espalda  y  se  reti- 
ra un  poco.) 

CANDELITA 

¡Oye,  tú, 
ven  acá  ! 

LAURO 

i  Déjame, 
quita  ayá  I 

CANDELITA 

(Rabiosa.) 

¿Conque...,  zi? 

LAURO 

(Altanero.) 

[  Ya  lo  ves  ! 

CANDELITA 

(Más  rabiosa.) 

\  Güeno  está ! 
(Fingiendo  llanto.) 

\  Lo  perdí ! 

¡  Ji...,  ji...,  ji...  ! 

LAURO 

(Vacilante.) 

¿Es  por  mí? 
¿  Voy  a  ayá  ? 

CANDELITA 

(Entre  el  llatito.) 
l  Ven . . . ,  aquí  ! 

LAURO 

(Yendo  a  ella  amorosamente  y 
tratando  de  quitarle  las  ma- 
nos de  los  ojos.) 

\  A  dejá  de  yorá  ! 


35 


(Q 


CANDELITA 

Hitándose  las  magnos  y  mos- 
trando una  cara  radiante  de 
alegría.) 
¡  A  empezá 
la  reí ! 

LAURO 


¡  iCoqueta  ! 
\  Vekta  ! 
¡  Te  voy  a  matá  ! 


CANDELITA 

¡  Cobarde  ! 
;  'Maleta  I 


No 


zirves  pa  na 


LAURO 

¿Yo,  pa  'na? 


Tú, 


I  Ven 


¡Voy 


CANDELITA 

pa  na ! 

LAURO 

acá! 

CANDELITA 

allá! 


LOS  DOS 

(Riéndose.) 

¡Ja,  ja,  j,a! 

(Riendo  francamente  a  carcaja- 
das y  haciendo  burlen  a  Lauro, 
se  va  CandeUta  por  la  rampa. 
Cesa  la  música.  Lauro  duda 
si  marcharse  tras  ella  o  de- 
vorar en  silencio  su  ridiculo. 
Por  fin  se  queda  y,  filosófi- 
camente, dice.) 


I 


HABLADO 

LAU.  ¡  Güeno !  ¿No  es  pa  matarla?  Unas  veces  me  paec€ 
que  está  por  mí  hasta  la  peina,  y  otras  que  está  por  eze  tío 
zancristán  que  Dios  remate  sin  puntiya.  (Como  arrepintiéndose 
momentáneamente  y  absolviéndose  por  anticipado' )  \  Liebre  da- 
me !  ¡  ¡  Y  es  que  tengo  yo  mala  pata,  zeñó !  !  Pizo  arfaría  y  me 
larga  la  niña  una  gofetá  y  luego  me  dan  un  duro  ;  quedo  como 
los  ángeles.  Zigo  pizando  arfaría  a  ve  zi  también  zigue  la  !r,acha, 
y  en  ve  der  duro  me  dan  unas  calenturas.  Y  lo  mismo  zi  pizo 
jaramago,  y  zi  pizo  lentisco  ;  no  zé  ya  lo  que  vi  a  pizá.  Vi  a 
tené  que  andá  en  puntiyas  ;  o  ar  zarto,  como  los  gorriones.  ¡  Pi ! 
(Y  da  un  saltito)  ¡  Pi !  (Idem.)  ¡  Pi !  {Lo  mismo.  Daniel,  que 
viene  por  donde  se  fué,  queda  un  momento  sorprendido  al  ver 
los  extraños  movimientos  de  Lauro.) 

DAN.  Pero...  ¿qué  es  eso,  muchacho?  ¿Te  has  vuelto  loco? 

LAU.  ¡  Pi !  (Dando  un  último  salto.)  , 

DAN.  Pero,  ¿qué  haces? 

LAU.  Pos...  ya  usté  ve.  Aquí...  jugando  a  los  pajaritos. 
DAN.  ¿Y  no  tienes  otr.o  sitio  mejor  que  éste? 
LAU.  ¿Es  que  estorbo  aquí? 

DAN.  lEstorbá...  regulá  ;  pero  si  mi  hermano  estuviera  aquí, 
te  daba  un  picotaso  pa  que  no  hisieras  er  tonto. 

LAU.  Los  picotazos  que  tie  que  dá  zu  hermano  cuando  esté 
aquí,  no  zon  pa  mi  cresta  ;  ezo  lo  zabe  usté. 

DAN.  Oye...  ¿qué  dises  tú  ahí?  ] 

36 


LAU.  Na;  pero  no  ande  usté  mucho  con  Rufo  por  zi  acazo... 
porque  too  ze  zabe. 

DAN.  (Torvo,  casi  amenazador.)  ¿Er  qué  se  sabe? 
LAU.  Lo  que  arguno  quiere  que  no  ze  zepa. 
DAN.  (Lo  mismo.)  ¿Qué? 

LAU.  Que  yo  zé  agradecé  er  pan  que  como  ;  que  lo  quiero  a 
usté  como  se  mer,ece,  y  que  le  digo  que  no  es  güeña  la  compa- 
ñía de  Rufo  pa  ciertas  cozas.  Ahí  está  er  toque. 

DAN.  (Con  forzada  sonrisa.)  Es  eso  una  amenasa,  ¿no? 

LAU.  Ezo  es  decirle  a  usté  que  pa  jacerle  a  usté  caso^  me 
he  jecho  del  Zovié,  y  por  ezo  me  entero  de  too  lo  que  no  me 
importa. 

DAN.  Pos  lo  que  te  importa  a  ti...  es  cáyarte,  ¿no?  (Impe- 
riosamente y  cogiéndolo  de  un  brazo.)  \  Gayarte ! 

LAU.  Ya  estoy  cayao.  Pero  lo  que  me  importa  a  mí,  es  cogé 
a  Rufo  a  mi  gusto,  y  abrirle  raya  en  medio  de  un  garrotazo. 
Conque...  lo  dicho...  ¡Cayao!...  Y  quearze  con  Dios.  (Inicia  el 
mutis  por  el  primer  término  derecha.) 

DAN.  ¿Dónde  vas? 

LAU.  (Como  si  blandiera  una  estaca.)  Por  er  peine...  ahí,  a 
un  castaño. 

DAN.  (Viéndolo  irse,  respirando  a  sus  anchas.)  ¡Por  finí 
¡  Ahora  o  nunca  !  ¡  Quiero  tenerjo  too  preparao  !  ¿  Ande  estará 
Rufo?...  Malamente  hago  metiendo  a  ese  fantoche  en  la  faena; 
pero  esto}'^  loco,  loco...  (Rufo  aparece  por  la  rampa  de  la  ermita; 
trae  puesta  la  chaqueta  y  escondido  en  ella  el  bonete.) 

RUFO.  ¡Chist!...  ¡Damé!... 

DAN.  (Con  recato  y  vehemencia  simtdtáneos.)  ¡Qué!  ¿Qué 
hay? 

RUFO.  (Solemne.)  ¡  Notisia  ! 
DAN.  ¿Qué? 

RUFO.  ¡  Antonio  está  ar  yegá  ! 
DAN.  ¿Cómo  lo  sabes? 

RUFO.  Por  Perico  C|\rrasquiya,  que  se  lo  ha  encontrao  en 
Seviya.  ¡  Andá,  y  cae  en  verso  y  too  !  si  no  viene  en  el  tren  de 
las  onse  yega  mañana  por  la  mañana. 

DAN.  (Vehemente.)  Pos...  sin  perder  minuto.  En  la  corra- 
llsa  der  ventorro  tengo  el  Bolero  atao.  Yévatelo  a  las  Nogueras, 
y  que  no  se  entere  ni  la  tierra. 

RUFO.  ¿Ya  quién  se  lo  dejo? 

DAN.  A  nadie.  Lo  trabas,  y  tú  pa  acá  como  si  tar  cosa,  ¡  Ah ! 
Y  ten  cuidao  con  Lauro,  que,  o  lo  sabe,  o  se  lo  malicia.  No  gas- 
tes chuflas  con  él^  porque  ese  te  maja  el  bonete. 

RUFO.  Si  no  lo  tengo  puesto,  no  me  importa  ;  le  importa- 
rá a  él. 

DAN.  ¿A  él? 


37 


RUFO.  Ar  bonete,  digo. 

DAN.  Pos  por  un  garrote  ha  ido  que  es  un  patíbulo. 
RUFO.  ¡  Caray !   que  tienes  unas  comparasiones,   que  aco- 
gotan. 

DAN.  Es  que  sólo  ve  er  garrote  es  verse  en  capiya. 
RUFO.  Pos  lo  desarmo.  A  mí,  en  ,capiya,  no.  Con  la  ermita 
tengo  bastante. 

DAN.  Bueno,  ayá  tú.  Vete  ya,  y  no  pierdas  minuto.  ¡  Er  ca- 
bayo...  en  las  Nogueras  ! 

RUFO,  i  Ayí  estará.  (Haciendo  mutis.)  Eztará...  si  me  suer- 
tas  la  «tela»,  que  si  no  va  a  yevarlo  tu  agüela  I  ¡  Ay,  qué  grasia  ! 
Y  también  se  ha  salió  en  verso.  (Mutis  segundo  término  de- 
recha.) 

DAN.  ¡  No  hay  tiempo  que  perdé !  Antes  que  él  yegue  tie 
que  ser,.  ¡  Antes !  El  infierno  me  ha  m.etío  en  las  entrañas  esa 
mujé.  (Se  dirige  al  molino  y  desde  la  puerta  llama  a  Mari-Rosa.) 
Marj-Rosa,  vida  mía. 

MARI 

(Saliendo  al  cabo  de  un  ins- 
tante.) 

;Qué  es  lo  que  quieres,  Da- 
[niel? 

DANIEL 

¡  Ver  en  tu  cara  alegría, 
clavellinita  ensendía, 
painallto  de  mi  imiel ! 

MARI 

¡  Calla,   Daniel,  que  a  tu  ha- 
[blar, 

me  voy  sintiendo  rendir, 
y,  si  más  te  quiero  huir, 
más  a  ti  voy  a  parar, 
como  las  olas  deJ  mar 
van  en  la  playa  a  morir  I 
Olas  mis  deseos  son 
que  se  leya'ntain  bravias 
del  mar  de  mi  corazón  ; 
¿de  qué  valen  las  porfías 
con  que  quiere  la  rasón 
sujetar  -fus  energías, 
si  pa  mi  condenasión 
su  ronca  voz  me  avasalla 
y  están  mis  sentios  presos 
del  cristal  de  su  muralla, 

3» 


y  hechas  espumas  de  besos 
quieren  morir  en  tu  pilaya? 
Por  vivir,  muriendo  estoy  ; 
de  too  confío  y  reselo  ; 
soy  llama  y  quiero  ser  hielo ; 
en  el  infierno  de  hoy 
miro  de  mañana  el  sielo, 
y,  alondra  yo,  tú  espejuelo, 
j  a  donde  me  llames  voy ! 

DANIEL 

¡  Mi  playa  te  está  esperando  I 

MARI 

¡  Pa  morir  ! 

DANIEL 

¡o  pa  salvarte  I... 
Alondra   que  vas  volando, 
no  reselles  asercarte ; 
que  mis  ansias  (publicando, 
rosas  está  preparando 
mi  simbel,  pa  encadenarte. 

MARI 

¡  Si  como  a  un  Dios  te  venera 
mi  fe  y  en  tu  fe  se  ampara  ! . . . 
¡  Si  como  una  borrachera 
que  el  sentío  me  quitara, 
bebo  tu  voz  traisionera, 
y,  cuando  estás  a  mi  vera, 
el  corasón  se  me  para 


y  s«  me  pone  la  oara 
cQm«  el  perall  d«  la  sara  ! . . . 

DANIEL 

¡  Eso  es  cariño  ! 

MARI 

,¡  o  locura  ! 

DANIEL 

¡  Claridá  de  amaneser  ! 

MARI 

;  O  sombra  de  noche  oscura ! 

DANIEL 

¡  Adorar  ! 

MARI 

¡  O  aborreser  ! 

DANIEL 

•  Risa  ! 

MARI 

j  Llanto ! 

DANIEL 

¡  Luz  ! 

MARI 

¡  Negrura  ! 

DANIEL 

i  El  llanto  es  la  levaúra 
de  'los  panes  del  querer  ! 

MARI 

No  sé  qué  siento  al  mirarte, 
que  me  entra  suor  de  m.uerte, 
y  ni  acabo  de  quererte 
ni  tengo  fuersas  pa  odiarte. 
Es  algo  en  que  yo  ono  mando  : 
miedo  o  alusimasión, 
que  me  está  crusificando 
con  su  clavo  el  corasón, 
¡  porque  es  la  superstisióm 
martillo  que  lo  va  ahondando 


pa  mi  desesperasión ! 
Y  si  no  supe  aprender, 
a  vuelta  c  tanto  sufrir, 
ni  llegarte  a  a'borreser, 
ni  saberte  maldesir, 
ni  escuajarme  tu  querer, 
¡  vete,  Daniel,  de  mi  vera, 

0  una  puñalá  sertera 
acabe  co^n  esta  vía 

que  ino  es  tuya  ni  ya  es  mía, 
porque  de  tu  hermano  era, 
y  se  condenó  aquél  día 
en  que  por  la  vez  primera 
te  dije  que  te  quería  1 

DANIEL 

1  Vente  conmigo  1 

MARI 

i  No  puedo  ! 

DANIEL 

¿Es  que  me  itemes? 

MARI 

¡  Quizás  I 

DANIEL 

i  Loco  estoy  ! 

MARI 

¡  Yo  lo  estoy  más  ! 

DANIEL 

¡  Desídete ! 

MARI 

¡  Tengo  miedo ! 

DANIEL 

;  Ya  es  tarde  pa  hallar  salía 
ni  curarme  de  esta  hería, 
ni  romper  estas  cadenas!... 
¡  Como  en  la  copla  sabía, 
((yo  te  tengo  a  ti  metía 
en  la  sangre  de  mis  venas»!... 


MÚSICA 

MARI,  Tengo  miedo  de  buscarte; 

tengo  miedo  de  perderte  ; 


39 


¡  miedo  de  mirarte  ! 

i  miedo  de  quererte  ! 
DAN.  Nada  temas,  mi  lucero, 

porque  sabrá  defenderte 

contra  el  mundo  entero 

esta  mano  fuerte. 
MARI.  Loca  me  tienes,  Danié, 

y  así  no  puedo  viví. 
DAN.  ¡  Así  se  aprende  a  queré  ! 

MARI.  (Desfallecida.) 

¡  Queriendo  empiesa  el  sufrí  ! 
Este  infierno  en  que  me  abraso 

si  sigue  me  ha  de  matar. 
DAN.  i  Desecha  temores,  Mari-Rosa, 

desecha  temores  ya  ! 

HABLADO   SOBRE   LA  ORQUESTA 

MARI.   ¡Tengo  miedo,  Daniel! 
DAN.  ¡Chiquilla  mía! 

MARI.  ¡No  puedo  remediarlo^  pero  tengo  miedo! 
DAN.  ¿Miedo  de  qué,  estando  yo  a  tu  lao? 
MARI.  ¡Ni  yo  misma  lo  sé! 
Dx\N.  ¡  Mari-Rosa,  mi  gloria,  mi  sangre ! 
MARI.  ¡Daniel!  ¡Mi  Daniel! 

CANTANDO 

DAN.  Fuentesita  clara, 

reina  de  mi  yia, 
¡  luserito  que  ensiendes  mi  noche 
y  alumbras  mi  día  ! 
¡  Capuyo  cuajao, 
abre  en  mi  mañana  ! 
Pajarito  que  vuelas  alegre, 
¡  ven  a  haser,  tu  nío  bajo  mi  ventana  ! 
MARI.  (Entregada.) 

¡  Jardinero  mío  ! 
Yega,  que  me  muero^ 
y  en  mi  huerta  que  mayo  florese 
¡  temblando  te  espero  ! 
¡  Mira  que  me  siegas, 
sol  de  mi  mañana  ! 
i  que  a  tus  besos  retiembla  y  se  ensiende 
el  jasminerito  que  hay  en  mi  ventana  í 
DAN.  i  Pa  mí !  ¡  Pa  mí  sólo  ! 

¡  Conmigo  tu  amor  para  siempre !, 


40 


\  aunque  en  el  presidio  de  tus  ojos  negros 

me  aguarde  la  muerte ! 
MARI.  ¡  Pa  ti !  ¡  Pa  ti  sola  ! 

Contigo  pa  siempre. 
¡  Aunque  en  er  presidio  que  me  den  tus  br^sos 

me  aguarde  la  muerte ! 

HABLADO   SOBRE   LA  OROLiESTA 

DAN.  No  tiembles,  chiquiya,  y  óyeme.  Antonio  está  al  yegar. 
MARI.  ¡Danié! 

DAN.  Ni  tú  ni  yo  podremos  ya  resistí  su  presencia.  Esta  mis- 
ma tarde,  cuando  toos  estén  en  la  prosesión,  yo  vendré  a  buscarte. 
Too  lo  tengo  preparao.  ¿Vendrás  tú?  (Mari-Rosa  baja  la  cabeza 
sin  atreverse  a  afirmarlo.  El  fija  en  los  ojos  de  ella  los  suyos, 
centelleantes,   levantándole  amorosamente  la  cara.)   \  Mírame ! 

MARI.  ¡Danié! 

DAN.  (Triunfador.)  ¡Vendrás!  ¡Yo  sé  que  vendrás!  (Sigue 
la  música.) 

MARI,  Pa  mí  sólo. 

DAN.  Pa  mí  sola. 

Contigo,  mi  amor^  para  siempre 

etc.,  etc. 

(Cesa  la  música.  Antonio  y  Lauro  llegan  por  el  segundo  término 
izquierda*) 

ANT.  (Muy  alborozado.)  ¡  Eh  !  Salú  a  la  buena  gente. 
MARI.  (Con  s.obresalto.)  ¿Eh?  ¡Antonio! 
DAN.  (Contrariado.)  ¡Antonio! 

ANT.  (Abrazando  a  su  hermano.)  ¿Qué,  toos  güenos  por  acá? 
DAN.  ¡Ya  lo  ves! 

ANT.  ¿Y  la  chiquiya?  ¿Y  en  la  ermita? 
MARI.  ¡Toos  güenos,  grasias  a  Dios! 

ANT.  (Tendiendo  cariñosamente  la  mano  a  Mari-Rosa.)  ¿Y 
tú,  mujé? 

MARI.  Como  siempre...  ¿y  tú? 

ANT-  Más  contento  que  nunca.  Danié,  la  maquinaria  está 
comprá  y  en  condisiones  ;  trabajiyo  costó,  pero  lo  he  conseguío. 
Y  toavía  sobró  argo  pa  esto  que  está  aquí.  (Sacando  un  estuche. 
Daniel  se  muestra  contrariadisimo.  A  Mari-Rosa  le  anonada  eí 
remordimiento.  Dirigiéndose  a  Mari-Rosa.)  Penando  estaba  por 
yegá  er  día  de  hoy  y  entregártelo. 

LAU.  (Asomándose  curioso,  con  admiración. )  ¡  Un  aniyo  ! 

ANT.  (Satisfecho.)  Una  lansaera  le  disen. 

LAU.  ¡  Jozú  !  Ezto  se  lo  pone  uno  y  ze  quea  tiezo  er  deo. 

ANT.  (A  Mari-Rosa.)  ¡Toma! 


41 


MARI.  (Esperanzada,)  ¿Es  pa  la  Virgen? 
ANT.  Pa  ti. 

MARI.  Pero...  (Mirando  alternativamente  a  Antonio  y  a  Da- 
niel.) 

DAN.  TómalOj  mujé. 
ANT.  Mi  regalo  de  casamiento. 
MARI.  No,  Antonio,  no;  déjalo. 
DAN.  (Comiéndosela  con  los:  ojos.)  ¡Tómalo! 
MARI.  (Tomando  el  estuchen.)  Agradesía  ;  pero...  no  meresco 
yo...  tanto. 

ANT.  ¡Tú  lo  mereses  too!  ¡Je!  ¡Qué  chiquiya  esta!  ¿Pos  no 
está  yor.ando?  (Mira  alternativamente  a  Daniel,  a  quien  encuen- 
tra torvo  y  descompuesto,  a  Mari-Rosa,  que  no  pudiendo  más 
se  lleva  las  manos  a  la  cara,  y  a  Lauro  que,  no  sabiendo  qué  hacer, 
mira  al  cielo.  Serio,  vacilante,  quita  suavemente  las  manos  de  la 
cara  a  Mari-Rosa.)  ¡Oye!  ¿Por.  qué  lloras  tú? 

DAN.  (Rápidamente.)  Por  na.  Cosas  de  la  madrina. 

MARI.  (Vacilante.)  ¡Sí!  Cosas  de  la  madrina.  ¡Ya  te  con- 
taré !  Voy  pa  dentro.  (Mutis  por  el  molino.) 

ANT.  (Viéndola  ir.)  Anda  con  Dios,  mujé.  (Hay  un  momento 
de  penoso  silencio.  Antonio  va  hacia  su  hermano,  que  está  medio 
vuelto  de  espaldas  y  mirando  al  suelo.  Lauro,  como  quien  no  lo 
hace  adrede,  se  interpone.)  ¿Por  qué  yora  esa  mujé?  (Daniel  se 
enc-oge  de  hombros.)  Tú  lo  sabes  ;  dímelo. 

DAN.  ¿Yo?  Ya  te  he  dicho  too  lo  que  sabía. 

ANT.  ¿Y  por  qué  pa  desirlo  no  me  miras  car,a  a  cara,  como 
siempre,  como  los  hombres  jasen? 

DAN.  ¡  x'lntonío  !... 

ANT.  ¡  Habla  ya  1 

DAN.  No  tengo  pa  qué. 

ANT.  (Cogiendo  de  una  mano  a  Lauro.)  ¡Tú!,  Lauro,  ¿qué 
ha  pasao  aquí?  ¡Contesta! 
LAU.  ¡  ¡  Zeñó  Antonio  !  ¡ 
ANT.  ¡  ¡  Contesta  !  ! 

LAU.  ¡  Las  mujeres !  ¡  Mardito  zea  el  gripe  que  n©  ze  las  ha 
ha  yevao  a  toas ! 


TELÓN  y  MUTACIÓN 


CUADRO  SEGUNDO 


Telón  corto  que  representa  la  fachada  posterior  del  molino,  que 
tiene  una  ventana  con  reja  practicable. 

Pasa  Rufo  de  derecha  a  izquierda,  mira  por  la  reja  hacia  dentro 
y  va  a  seguir  su  camino,  cuando  entra  Daniel  y,  dándole  un 
golpe  en  un  hombro,  le  da  un  susto  morrocotudo.  Rufo  viene  sin 
sotana  y  con  un  bonete  oculto  bajo  la  chaqueta. 


DAN. 
RUFO. 
DAN. 
RUFO. 


DAN. 
RUFO. 
DAN. 
RUFO. 

DAN. 


RUFO. 

DAN.  (Amenai 
RUFO. 

DAN. 

RUFO. 

DAN. 

RUFO. 


íOye,  Rufo! 

¡  Caracoles  ! 
No  te  asustes. 

¡  Ca...  caramba  ! 
¿Que  no  me  asuste  sabiendo 
que  Lauro  ronda  la  casa? 
Oye...,  ¿vino  Antonio? 

Vino. 

¿  Sospecha  ? 

i  Lo  sabe  ! 

¡  Agua  ! 

Déjame  corré. 

No  temas, 
que  arreglanon  las  palabras 
lo  que  a  voses  le  pedía 
el  filo  de  su  navaja. 
Yo  defendí  a  Mari-Rosa 
y  eché  sobre  mis  espardas 
la  curpa  de  too,  que  a  eya 
de  na  tiene  que  curparla. 
Ni  es  un  delito  quererla, 
ni  er  que  eya  me  quiera,  mancha 
pa  su  honra,  que  eya  es  libre, 
y  no  fartó  a  su  palabra. 
¿Que  no? 
ador.)       ¡  Que  no  I 

¡  Güeno,  güeno  ! 
Si  er  se  conforma,  me  basta. 
Una  condisión  me  puso. 
¿  Condisión  ? 

Que  me  manchara 
pa  siempre...  y  me  marcho,  Ruf«. 
Pos  recuerdos  a  las  Pampas. 


:43 


DAN. 

RUFO. 

DAN. 

RUFO. 

DAN. 

RUFO. 


DAN. 
RUFO. 

DAN. 
RUFO. 
DAN. 
RUFO. 

DAN. 


RUFO. 

DAN. 

RUFO, 


DAN. 
RUFO. 


DAN. 

RUFO. 

DAN. 


RUFO. 


Me  marcho...,  pero  con  eya. 
¿Eh?  ¿Qué  dises? 

¡  Tú  te  cayas  1 

¿Y  er  cabayo? 

'En  las  Nogueras. 
¿Lo  ensiyaste? 

Y  una  manta 
en  el  arzón  le  he  corgao 
por  si  acaso  te  hase  farta. 
¡  Tú,  sonsoniche ! 

¡  Una  tumba  ! 
¡  No  me  conoses  ! 

¡  Ni  ganas ! 
Dame  diez  duros. 

¿Diez  duros? 
Te  los  devuervo,  ¡  palabra  ! 
i  No  me  conoses  ! 

Yo  no  ; 
pero  sabe  mi  petaca 
y  mi  borsiyo  que  Rufo 
no  devuerve...  ni  con  ansias. 
Peno...  ¡cómo  me  conoses! 
Toma  dos  y  sobra. 
( Guardándoselos.)         \  Grasias  ! 
Estos  son  pa  convidarnos 
yo  y  esos  de  la  rondaya 
que  tengo  comprometíos 
pa  darle  una  serenata 
a  Martina. 

i  Tú  estás  loco  ! 
pero,  ¿no  es  sorda? 

Una  tapia 
pue  que  oiga  más  que  Martina  ; 
pero  yo  tengo  pestaña 
y  quiero  que  me  sor.prenda 
Lauro  junto  a  esa  ventana, 
creyéndose  que  Je  doy 
a  Candela  serenata, 
i  Que  me  maten  si  te  entiendo ! 
Tú^  déjame  ;  ¡  martingalas  ! 
Te  dejo...  y  pa  siempre,  Rufo; 
por  too  lo  que  has  hecho^  grasias. 
¿Un  abrazo?  (Se  abrazan.) 

Ten  cuidao, 
de  no  apretarme  con  gana», 
porqije  pues  estropearme 

44 


DAN. 
RUFO. 

DAN. 

RUFO 

(Despidiéndolo.) 
\  Hasta  la  vuerta  ! 
Que  me  escribas  una  carta 
dicióndome  coimo  sigues... 
(Volviendo  al  proscenio.) 
y...  ¡imardita  sea  tu  estampa! 
I  Pos  no  me  ha  dejao  dos  duros 
y  eran  diez  los  que  es-per  aba  !... 
Claro  está  que  yo  tampoco 
he  cumplió  mi  palabra, 
y  ino  he  yeviao  el  Noguero 
a  las  Bolleras — ¡caramba, 
que  -no  sé  lo  que  me  digo ! 
¡  Que  se  me  lengua  la  traba  ! — 
¡  Y  es  de  cargo  de  consiensia  !  ; 
pero,  ¿iba  a  ser  tan  canaya 
que  por  dos  cochimos  duros 
y  cuatro  puros  con  faja 
y  tres  copas  de  aguardiente 
manchase  yo  mi  sotana? 
i  Eso  no  !  Darle  la  coba 
y  alimentá  su  esperan sa 
— alimentando  mis  visios — 
mientras  que  leil  otro  yegara, 
güeno  está,  pero,   ¿lo  otro?, 
¿  lo  de  ayudarle  a  yevársela  ? 
i  ((Niño  de  la  Plata»,  tienes 
pa  comprarme  poca  plata  ! 
¡Antes  de  que  te  la  yeves 
se  van  la  enterá  las  ratas  ! 


el  atributo.  (Saca  el  bonete.)  ¡Esta  alhaja  I 

(Poniéndoselo.) 
Los  cuatro  pinchos  pa  arriba 
y  así,  a  cuerpo,  sin  sotana, 
Paneseré  un  tenedó. 
¡  No  estás  tú  mala  cuchara ! 
En  sirviendo  pa  cubrirme 
cualquier  ((CubiertO))  me  sarva. 
Adiós,  Rufo.  (Mutis  por  la  derecha.) 


Va  la  saberlo,  ¡hasta  la  Sorda  1, 
que  está  del  asunto  en  Babia. 
¡  Miá  tú  si  voy  a  dar  voses 
pa  impedirte  lo  que  fraguas  ! 
¡  Y  no  te  ía  yevas  !  Eso 
lo  juro.  ¡  Sin  miartingalas  ! 
Y,  ahora,  vamos  con  lo  mío. 
Primero,   la   serenata  ; 
yega  Lauro,  yo  le  digo 
que  es  pa  la  Sorda  ;  la  yama, 
er  le  dise  que  la  quiero, 
gritándole,  y  santas  pascuas ; 
porque  yo,  a  voses,  no  .puedo 
desirle  lo  que  me  pasa, 
pensando  en  que  sean  míos 
los  ojiyos  de  su  cara, 
su  inariz  respingonsiya, 
sus  dos  orejas  de  tapia, 
y  er  borso  de  las  moneas 
que  tiene  ar  pico  del  arca. 
Yo  hago  asín  con  lia  cabeza 
(Signos  afirmativos.) 

mientras  por  mí  se  declara  ; 
me  sirve  de  trompetiya, 
y  la  loigro.  ¡  Martingalas  ! 
Ya  habrá  tiempo  pa  lo  otro, 
que  ya  está  aquí  la  rondaya. 

(Llegan,  en  efecto,  los  mozos 
de  la  rondalla  y  evolucionan 
capitaneados   por  Rufo.) 


MUSICA 

RUFO.  Muchachos,  vení  pa  acá. 

Un  poquito  de  atensión 
porque  vamos  a  ensayá 
mi  cansión. 


45 


f 

Se  trata 
de  darle  una  serenata 
a  una  niña  muy  juncá  ; 

y  quiero 
que  se  entere  el  mundo  entero 
y  se  entere  su  mamá. 
Su  mamá  que  es  una  sorda 

guapa  y  gorda 

de  ver.dá. 

i  Ay  su  mamá  ! 
TODOS.  i  Ay  su  mamá  1 

RUFO.  ¡Una  sorda 

que  se  amorda 

a  mi  modo  de  pensá  ! 

¡  Ay  su  mamá  ! 
TODOS.  ¡Ay  su  mamá! 

RUFO.  Conque  vamos  a  empesá. 

Unas  veces  a  tocá 
y  otras  veces  a  cantá 
y  otras  veces  a  gritá. 

¡  Oye ! 

Nena  de  mis  ojos^  ¡  oye ! 
Oye  mi  cansión  y  deja 
que  yo  me  acerque  a  tu  reja 
y  al  cantarte  yo  me  apoye. 
I  Oye ! 

(A  gritos.) 

¡¡Oye!!^ 
y  er  tuyo  a  mi  cuerpo  enroye, 
que  estoy  rendío  y  cansao 
y  como  yo  esté  enroyao 
ya  no  hay  quien  me  desenroye. 

i  Oye  ! 

(A  gritos.) 
¡  ¡  Oye  !  !  _ 
Que  estoy  loquito  perdió 
y  muerto  por  tus  peasos 
y  como  caiga  en  tus  brasos... 

LAU.  (Qup  entra  por  donde  se  fué  con  un  tremando  garrote  ■ 
i  Ahora  es  cuando  te  has  caío!... 

RUFO.  (Asustado.)    \  \  Dios  mío  !  ! 

LAU.  ¡  Ove  ! 

RUFO.  i  1  Huye  !  ! 

¡  Ahora  es  cuando  me  *he  caío ! 

46 


LAU.  ¡Ahora  es  cuando  te  has  caío  ! 

(Cesa  la  música.  A  los  de  la  rondalla:.) 

HABLADO 

LAU.  Hace  er  favó  de  irze,  que  tenemos  éste  y  yo  que  ajustá 
una  cuenta. 

RUFO.  (Con  pánico.)  No  irse,  no. 

Lx'\U.  (Con  imperio.)  Largo,  he  dicho.  (Se  van  los  músicos.) 

RUFO.  Güeno,  güeno.  Pos...  hasta  la  noche,  muchachos. 
(A  Laur-o.)  Y  tú  dirás.  (Aparte.)  ¡  Misericordian  tuani !  (Y  echa 
áisimuladamente  una  bendición.)  \  Misericordiam ! 

LAU.  Déjate  de  latinajos,  que  ya  no  valen  pa  mí,  porque 
me  he  hecho  der  Zovié. 

RUFO.  ¿Der  Zovié?  ¿Y  qué  es  eso? 

LAU.  Pos  una  coza  que  darnos  un  reá  toos  los  domingos  y 
nos  echan  un  discurso  ca  quince  días. 

RUFO.  ¿Sí?  Pos  mañana  mismo  me  apunto  yo. 

LAU.  ¿Pa  da  er  reá? 

RUFO.  Pa  echá  discursos.  Sigue. 

LAU.  Güeno.  Pos  vamos  a  aclarar  muchas  cozas^  y  ya  pues 
di  rezando  lo  que  sepas,  porque  te  vi  a  dejá  esfondao  ese  pu- 
chero que  tienes  por  cabeza. 

RUFO.  Libérame.  (Aparte.)  ;  Ay,  zotana  de  mi  vida!  (Alto*) 
Mira,  Laur.ito,  ar  puchero  no  me  toques,  que  estoy  de  vigilia, 
¿sabes? 

LAU.  Pos  a  cardo  te  voy  yo  a  poné. 

RUFO.   Mira,  Laurito,   que  no  estoy  pa  sopitas ;  que  esta 
serenata  es  pa  Martina^  -'sabes? 
LAU.  ¿Pa  la  zorda? 

RUFO.  (Ezo  mismo.  ¡Je!  Porque  a  mí  me  gusta,  ¿sabes? 
LAU.  ¿Que  te  gusta? 

RUFO.  A  morí.  Y  como  no  sé  declárame,,  pos  he  buscao  esta 
martingala. 

LAU.  Güeno,  hombre,  güeno.  ¡  Pos  ezo  ze  lo  vas  a  decí  ahora 
mismo  delante  mía  ¡ 

RUF.  (Triunfante,  aparte.)  (Pan  comió.)  (Alto.)  Oye...  ¿Y 
por  qué  no  se  lo  dises  tú? 

LAU.  Porque...  a  mi  me  interezan  más  otras  cosas.  ¡Mira 
Rufo !  A  mí,  mientras  has  estao  tonteando  con  la  zorda  y  con- 
migo y  con  Candela,  me  has  pareció  un  fantoche,  que  no  mere- 
cías mas  que  una  patá  ahí  ar  regorvé.  (Dando  una  media  vuelta.) 

RUFO.  ¿En  dónde? 

LAU.  En  er  zitio  e  las  patás.  Ya  tú  me  entiendes;  pero  te 
has  metió  en  un  terreno  zagrao  pa  mi,  y  ezo  no  te  lo  pazo. 
¡  Eres  un  mar  bicho ! 


47 


RUFO.  ¿Yo? 

LAU.  ¡Tú!  Un  mar  bicho...  y  un  medías  asules. 
RUFO.  Miá  que  te  has  equivocao  de  coló^  que  son  de  moda. 
Coló  de  carne. 

LAU.  Yo  zé  lo  que  me  digo ;  y  como  también  zé  agradecé  er 
pan  que  como,  por  traiciones-  a  Antonio  no  pazo,  v  ya  ze  acab 
el  liebre  dame  y  er  zurzum  cordia.  ¡  Quítate  er  monete ! 

RUFO.  ¡  Er  monete,  no  ! 

LAU.  i  Er  monete,  zí ! 

RUFO.  ¡  Er  monete,  no  ! 

LAU.  Pos  yo  te  lo  quitaré.  (Dándole  un  bofetón.)  Toma,  pa 
ti  pa  ziempre,  (Rufo  da  una  vuelta  en  redondo,  que  aprovecha 
Lauro  para  darle  un  puntapié.) 

RUFO,  i  Ay,  que  me  has  matao  ! 

LAU.  Pa  que  te  vengas  con  martingalas.  ^ 
RUFO.  ¡  Ay  !  (Candelita  entra  por  la  izquierda  con  la  sotana] 
nueva.  A  Rufo,  con  la  mano  en  la  cara.)  i 
CAND.  ¡¡Rufo!!  ¿Te  duelen  las  muelas? 
RUFO.  Las  muelas...    y  er  paladá.  (Señalando  hacia  atrás.)' 
CAND.  Aquí  tienes  la  sotana. 
RUFO,.  ¡  Ay !  Ya  no  me  jase  farta. 
CAND.  ¿Que  no? 

RUF,  ¿Pa  qué?  Ya  aquí  Lauro  es  der  Zovié. 
CAND.^  ¿Der  Zovié? 

RUFO.  lEso  dise  ;  pero  a  mí  me  ha  parecido  que  es  der  fubó. 
(Da  un  puntapié  al  aire  y  se  resiente.)  ¡  Ay  ! 

CAND,  ¿Zí?  (A  Lauro.)  ¡  Olé  los  hombrees!  Azín  te  quiero, 
chiquiyo.  Pero,  ¿qué  yerba  has  pizao? 

LAU.  Es  que  ya  no  pizo  yerbas.  No  hay  mas  que  pizá  güen. 
terreno,  pa  que  too  zarga  bien.  (Se  asoma  Martina  a  la  ventana.)' 

MAR.  (A  Candelita.)  Niña,  ¿le  diste  la  sotana? 

LAU.  ¡Ahí  está!  ATiora.  (Blandiendo  el  garrote.)  Declárate, 
Rufo. 

RUFO.  Pero...  ] 
LAU.  ¡  Ojo,  que  zoy  der  Zovié  !  ¡  Declárate ! 
RUFO.  ¡Como,  las  balas!  (A  Martina,  apoyándose  en  la  reja.) 
¡¡Oye!!... 

LAU.  (Afirmando  con  la  cabeza.)  ¡Azín!  (A  voces  siempre.) 
RUFO  ¿Cuándo  va  a  ser  eso,  tapia  de  mis  carnes? 
MAR.  ¿Er  qué? 

RUFO.  ¡  Er  cazamiento  !  (A  "Lauro.)  ¿Es  azín? 

LAU.  ¡  Azín  !  ¡  Dile  que  la  quieres  !  \ 

RUFO.  ¡  ¡  Que  te  quiero,  sentrañas  !  !  • 
'    MAR.  ¿A  mí? 

RUFO.  A  ti...  y  a  too  lo  que  tienes  guandao  pa  mí,  so 
pasmá. 

48 


MAR.  ¿Qué  dises? 

RUFO.  ¡Parmá!  Que  me  des  er  sí,  aunque  sea  bemol,  ¿qué 
^  me  contestas? 

MAR.  Que  no, 

RUFO.  ¿Eh?  ¡¡Oye!!  ¿Que  no? 

MAR.  Que  no  te  vayas,  que  voy  a  salí  a  darte  un  abraso... 
(Hace  mutis, ) 

RUFO.  ¡Olé  mi  cuerpo  serrano!  (A  Lauro.)  Y  tú,  a  ve  -'i 
me  respetas^  que  ya  empieso  a  sé  tu  papá  político. 
LAU.  Papá...,  ¿qué? 

RUFO.  Político,  conque  a  ve  si  te  borras  dei;  Zovié.  (Lauro  y 
Candela,  contentísimos,  se  arrullan  aparte.) 

MAR.  (Saliendo  por  la  izquierda.)  Ven  acá  tú,  chupasirios. 
RUFO.  Ayá  voy,  artoniovi  sin  bosina.  (Se  abrazan.) 
MAR.  Te  lo  has  meresío. 
RUFO.  Toavía  no. 
MAR.  ¿Por  qué? 

RUFO.  Porque...  (A  Launo  y  Candela.),  vení  p'acá  y  dejá 
el  arruyo.  Oírme.  (A  Martina.)  ¡  ¡  Oye !  !  ¡  ¡  Mari-Rosa  y  Danié  se 
van  juntos  !  ! 

CAN.  No  pué  sé  ;  ¡  es  mentira ! 

MAR.  ¿Eh?  Per.o^  ¿qué  dises? 

RUFO.  ¡¡Que  se  van  juntos!  !  (Uniendo  los  dedos  indicando 
Ayuntamiento.)  ¡  Que  se  quieren  ! 

MAR.  ¿Pero  es  sierto?  ¿Y  yo  sin  sospecharlo?  ¡  Mardita  sof- 
dera !  ¡  Dios  mío  !  ¿  Pa  qué  me  tienes  así  ? 

RUFO.  En  la  plasoleta  der  molino  están  sitaos.  Tú,  Lauro, 
a  entretené  a  Antonio  pa  que  no  haya  una  esaborisión,  y  yo  a 
impedí  que  se  la  yeve.  ¡  Hasta  entonses  no  tendré  meresío  er  sí 
bemó  de  tu  suegra!  (A  Martina.)  ¿Tú  me  has  entendió? 

MAR.  Ni  me  hase  farta.  ¡  Qué  horró,  madresita  !  ¡  Yo  !  ¡  Yo 
sola  pueo  impedirlo  !  Que  yo  los  piye  a  los  dos  juntos,  y  tú,  Rufo, 
has  que  no  me  juiga  Danié.  ¡Vamos!  Pero,  ¿qué  baséis  ahí? 
i  Hala !  ¡  Al  aVío !  ¡  Tú  Lauro,  a  buscarme  a  Antonio^  y  uste- 
des dos  a  ayudarme !  ¡  Virgen  del  Alamo,  que  yegue  a  tiempo  1 
¡Anda,  Candela.  (Haciendo  mutis  por  la  derecha  con  su  hija» 
Invitando  a  Rufo  a  pasar.) 

LAU.  Anda,  Rufo,  paza. 

RUFO.  ¡  Tú  por  delante,  que  eres  der  Zovié ! 


CUADRO  TERCERO 


La  misma  decoración  del  primer  cuadro,  con  menos  luz.  Es  ya. 
al  atardecer  del  mismo  día 

MÚSICA 

(Aparece  la  escena  sola.  Cuando  lo  indica  la  música,  pasa, 
desde  el  primer  término  de  la  derecha,  al  segundo  de  la  izquier- 
da, Antonio,  con  los  brazos  caídos,  baja  la  cabeza  y  dando  mues- 
tras de  honda  preocupación.  Le  sigue  Lauro,  ocultándose  para 
que  no  le  vea,  y  tras  él  hace  mutis  por  detrás  de  la  casa.  Des- 
pués, y  también  cuando  lo  marque  la  orquesta,  pasan  sigilosa- 
mente, desde  el  primer  término  derecha — o  sea  por  delante  de  la 
casa — ,  hasta  ocultarse  en  la  rampa,  Rufo,  llevando  de  la  mano  a 
Martina^  y  detrás  Candelita.) 

HABLADO  SOBRE  LA  ORQUESTA 

RUFO.  Ocultos  ahí  en  la  rambla,  les  cortamos  er  camino. 
Vení  p'acá  y  {  cayaítos  ! 
•  MAR.  ¿¿Eh?? 

RUFO.  ¡¡Que  te  cayes!!  (Hacen  mutis  por  la  rampa.  A 
poco  sale  Daniel  por  el  primer  término  derecha,  y  cautelosamen- 
te, también,  se  acerca  al  molino,  de  donde  sale  Mari-Rosa,  con 
un  mantoncito  negro  sobre  los  hombros.) 

DAN.  ¡Mari-Rosa! 

MARI.  ¡  ¡  Danié!  ! 

DAN.  i  Por  fin  !  ¡  Too  listo  1  ¡  Vámonos  ! 

MARI.  No,  Danié.  Déjame.  Por  lo  que  más  quieras,  dé- 
jame. Me  voy,  pero  zola...,  zin  ti  y  zin  él;  zola  con  mi  remordi- 
miento. 

DAN.  i  Conmigo  !  Pa  que  tus  penas  sean  mis  penas  ;  pa  que 
tu  queré  sea  este  queré  mío  que  me  abrasa  las  entrañas. 

MARI.  ¡Gaya!  ¡Gáyate!  ¿Qué  palabras  son  esas  tuyas  que 
unas  veses  queman  y  otras  basen  sangre,  y  no  quieo  oírlas  y 
siempre  están  clavás  en  mi  sentío? 

DAN.  ¡Vámonos,  Mari-Rosa!  ¿Grees  tú  que  podemos  vivir 
aquí  ni  un  minuto  más?  ¡Antonio  lo  sabe  too! 

MARI,  i  Dios  mío  ! 

DAN.  Yo  mismo  se  lo  dije^  furioso,  atormenta©,  loco...,  loco 
porque  te  quiero. 

MAHI.  (Ocultando  su  rostro  entre  las  manos.)  ¡  Me  mata  la 
vergüensa  ! . , .  ¡Virgen,  ampárame! 

DAN.  (Aprovechando  el  momento  de  flaqueza.)  \  Vamos  I 
(Mari-Rosa,  con  la  cabeza  baja,  da  unos  pasos  tras  él  hacia  la 
rampa,   cuando  se  les  interponen  Rufo,   Martina  y  Candelita.) 

5Q 


RUFO 

[Ni  vamos  ni  na. 

MARI 

;^  Madrioa  ! 

^  DANIEL 

j  Paso  ! 

MARTINA 

¿Marcharte? 
¡  Antes  muerta  y  enterrá  ! 
¿No  comprendes,  desgrasiá, 
que  sólo  ibusca  loga-arte  ? 

MARI 

!  Lograrme  I 

DANIEL 

\  Mentira  ! 

MARTINA 

¡Sí!  (A  Daniel.) 
¿Por  qué  te  fuiste  de  aquí 
si  no  ipor  otra  faena 
semejante? 

CANDELITA 

¡ Y  de  esa  pena 
dejó  ¡a  su  madre  morí, 
'marchándose  der  molino  1 

DANIEL 

j  Miente  quien  diga  tal  cosa  ! 
Fué...  por  mi  arrastrao  sino. 
Desprésiame,  Mari-Rosa, 
pero  escucha  :  Me  marché 
viendo  que  me  perseguía, 
loca  por  un  mar  queré, 
la  que  mi  hermano  quería 
y  luego  fué  su  mujé. 
Y  yo,  que  mi  vida  diera 
por  mi  madre,  le  juí 
sin  darle  cara  siquiera  ; 
pa  que  nunca  se  supiera 
cómo  ni  porqué  me  fui. 

MARI 

i  Danié ! 

DANIEL 

j  Ni  manos  m  más  ! 

S 


Pa  que  mi  madre,  en  jamás 
nos   mirara  aborresíos, 
y,  ar  fin  y  ar  cabo,  cosíos 
ios  pechos  a  puñalás. 
¡  Eso  es  too  !  Y  cuando  volvía 
contento,  quiso  mi  suerte 
que  yo  te  viera  aqueil  día, 
y  con  sólo  conoserte, 
queriendo  darle  mi  vía, 
viniera  a  darle  ila  muerte, 

MARI 

¡  Vete  !  ¡  Vete,  que  quisiera 
que  la  tierra  me  tragara 
pa  no  verte  tan  siquiera  I 
¡  Antes  la  muerte  me  diera, 
antes  mis  ojos  segara, 
que  él  por  mi  causa  muriera  I 
Y  aunque  penas  sufriré, 
y  me  costará  trabajo 
orvidar  mi  mar  queré..., 
te  juro  que  yo  sabré 
arrancármelo  de  cuajo. 

DANIEL 

i  Mari-Rosa  ! 

CANDELITA 

¡  Di  que  sí, 

chiquiya  ! 

RUFO 

( Cómicamente  compungido.) 
¡  Mira  qué  chorro 
de  lágrimas  !  Pa  jumdí 
un  inavío. 

LAURO 

(Dentro.) 

¡  Rufo  !  i  Aquí ! 
¡  Ah  !    i  Señó   Antonio  !    ¡  Soco- 
[rro ' 

(Aparece  Lauro  demudado con- 
vulso.) 

CANDELITA 

\  Lauro ! 

MARI 

(Anhelante,)  ¿Qué? 


LAURO 

(Rápidamente.) 
Que  la  com/puerta 
entreabierta  se  ha  quedao ; 
que  er  zeñó  Antonio  iha  pazao 
y  ¡ayí  está  zu  muerte  cierta  ; 
que  ya  está  medio  ajogao  ; 
que  quize  zarvarlo  yo, 
y  no  entiendo  er  tmecanismo  ; 
que  la  fuerza  me  fartó 
pa  zostenerlo,  y  que  no 
hay  quien  le  zarve. 

DANIEL 

¡  Vo  mismo 
"si  Dios  me  ayuda  !  ¡  Vení ! 
(Vase   Daniel   rápidamente,  y 

le    siguen    Rufo,    Lauro  y 

Candelita.) 

MARI 

(Desgarradoramente.) 
]  Antonio  !  ¡  Antonio  ! 

MARTINA 

(Acogiéndola  amorosa.) 
¡  Hija  mía  ! , 

y  ora,  yora  ;  vuerve  en  ti 
y  piensa  bien  que  tu  vía 
limpia  y  dichosa  está  aquí ; 
donde  él  te  ampara  y  te  quiere 
y  sin  que  miancha  ninguina 
mire  en  li  ;  sieimpre  a  su  vera, 
;  y  la  vera  de  esa  cuna ! 

MARI 

(Cayendo  de  rodillas.) 
:¡  Virgen  de  mi  devosión, 
si  no  mere  se  o  perdó'n, 
sárvalo  tú.  Madre  mía, 
y  prometo  €in  este  día 
salir  en  tu  prosesión 
descarsa  y  arrepentía  ! 
(Rumores  dentro.) 

CANDELITA 

(Saliendo.) 

]  Un  miliagro  do  ha  zarvaol 


MARI 

¡  Grasias,  Virgen  ! 

CANDELITA 

¡Coin  destreza 
en  er  hueco  ze  ha  colao, 
y  agaiTando  la  cabeza, 
por  er  cueyo,  lo  ha  zacao  !* 

RUFO  ' 

(Saliendo.) 

¡Es  un  hombre!  ¡Bien,  Danié  1 

LAURO 

(Saliendo.) 

i  Zano  y  zarvo  !  ¡  Merecía 
una  crú  !  É 
RUFO  I 
(Yendo   hacia  Martina.) 
Pa  era  la  mía 
con  mi  Sorda.  ¡  Qué  mujé 
pa  zarvarme  a  mí  la  vía  ! 
(Salen  Daniel  y  Antonio  abra- 
cados, y  al  ver  a  Mari-Rosa 
se  separan.) 

MARI 

(Yendo,  alocada,  a  abrazar  c 

Antonio.) 
\  Antonio  !  ¡  Mi  Antonio  1 

DANIEL 

Y  p 

estamos  on  paz,  hermano ; 
si  antes  te  quise  quitá 
la  vía,  como  a  un  villano,  M 
ahora  te  la  vuervo  a  dá.  Ü 
Quiérela,  que  yo  otra  ve  Cí 
me  voy  de  aquí  por  mi  sino  !  0( 
y  pa  nunca  más  vorvé. 

'í 

ANTONIO  i  ^, 

¡  No  !  ¡No  te  vayas,  Damié  !    |  |rj 

DANIEL  Hl 

Sí,  i¡(por  la  paz  del  molino!  K 
(Ahoga  un  sollozo,  y  al  mar'^l 
charse  dignamente  por  el  jo 
ro,  cae  el 

TELÓN 


Miguel  Mihura  y  Ricardo  G.  del  Toro 


Los  Campesinos 

JU'GUETE  CÓMICO  LÍRICO   EN   UN  ACTO  Y   EN  PROSA 
INSPIRADO    EN    EL   ASUNTO    DE    UNA    OBRA  EXTRANJERA 


MUSICA  DEL  MAESTRO 
ADAPTADA  POR 

CELESTINO  ROIG 

Estrenado  en  el  teatro  de  Apolo  el  12  de  noviembre  de  1912. 


REPARTO 

PERSONAJES  ACTORES 


!>LALLA    Srta.  Isaura. 

íLENA    ))  Domínguez. 

ASILDA    »     Cortés  (P.) 

DOÑA  VICTORIA   »  Moreu. 

;>ATARRETE    S,r.  Vallejo. 

VLBERTO   »  Crespo. 

VIATEO    »  Reforzó. 

V^ICENTE   »    Mihura  Alvarez. 

HECTOR    »    S.  Asensio. 

DON  GABRIEL    »    García  Valero. 

FRANCISCO    »  Román. 

La  acción  en  Madrid.  Epoca  actual. 

53 

fc,  6701.94 


ACTO  UNICO 


Salón  recibiiTiiento  elegantísimo.  Puerta  al  foro  y  dos  a  cada  ladc 
Alfombra  r,oja,  cortinajes,  sillerías,  ((étagéres»  con  figuras  y  b' 
belotes,  plantas  tropicales,  bustos  sobre  pies  de  madera,  api 
ratos  de  luz  eléctrica,  etc.,  etc.  A  la  derecha  sofá,  y  a  sus  pie; 
una  piel  de  tigre,  cuya  cabeza  mira  al  centro  de  la  escena  ; 
la  izquierda  de  la  escena,  mesa  velador  con  pie  dorado  y  de 
butacas  que  hagan  juego.  Sillas  volantes,  todo  elegante.  Sobi 
el  velador,  periódicos  ilustrados  y  timbre  eléctrico  de  mam 
La  distribución  de  las  puertas  es  la  siguiente  :  Primera  den 
cha,  paso  al  despacho  de  consultas.  Segunda  derecha,  escaler 
de  servicio.  Foro  derecha,  salida  a  la  calle ;  foro  izquierdí 
paso  al  interior.  Segunda  izquierda,  paso  a  las  habitacioneí 
y  primera  izquierda,  gabinete  de  la  señora  de  la  casa.  Detí 
lies  en  'la  habitación,  de  dinero  y  buen  gusto.  Es  de  día. 

Al  levantarse  el  telón,  durante  el  preludio,  aparece  la  escena  sola 
a  poco,  sale  por  la  segunda  izquierda  Elena,  dueña  de  la  cas? 
con  elegante  traje  de  calle  ;  hace  unos  gestos  de  impaciencia  y  toe 
el  timbre.  Termina  el  preludio  y  sale  por  la  primera  derecha  Fraí  ^' 
CISCO,  criado  de  la  casa,  correctamente  vestido  de  frac,  con  guat 
tes  blancos  de  hilo. 

FRAN.  ¿Ha  llamado  la  señora? 
ELENA.  ¿Qué  hace  el  señorito? 

FRAN.  En  la  consulta  ;  hoy  es  día  de  pobres  y  se  ha  deseo 
gado  medio  Madrid.  ^1 

ELENA.  Avísele  usted  cuando  termine. 

FRAN.  Bien,  señora.  (Vase  por  donde  vino.) 

ELENA.   (Sentándose  junto  al  velador.)  ¡Tres  horas  ya  si  ¡j, 
abrazarle  I  ¡  Esto  es  demasiado  !  Se  hace  tan  largo  el  tiempo  di 
rante  el  noviazgo,  que  hay  que  aprovecharse  bien  cuando  una  s 
casa.  (Sale  Alberto  primera  derecha,  traje  de  levita.) 

AhB.  (Saliendo.)  ¿Dónde  está  esa  exigente? 

ELENA.  (Levantándose  para  recibirle,)  j  Alberto  I  ¡Gracias  ||^ 
Dios!  ¿Has  terminado? 

ALB.  Ahora  mismo. 

ELENA.  (Abriendo  los  brazos.)  Entonces... 

ALB.  (Yendo  a  su  lado.)  ¡  Mujer  cita  mía!  (Vein  a  abrazarse 
en  cuyo  momento  vuelve  a  aparecer  Francisco  por  la  primera 
recha.) 


54 


FRAN.  Señor  :  el  cliente  número  ocheta  y  siete  le  espera. 
ALB.  (Interrumpe  el  abrazo.  Yendo  a  Francisco.)  Oye.  (Habla 
con  él  en  voz  baja.) 

ELENA.  (Para  si  misma.)  ¡Qué  oportunidad  la  del  ochenta  y 
siete!  ¡Me  ha  dejado  con  los  brazos  abiertos!  (Francisco  saluda  y 
vase  primera  derecha  ;  Alberto  vuelve  hacia  Elena.) 
ALB.  Ya  estoy  aquí. 
ELENA.  (Sonriendo.)  ¡  Tan  pronto  i 

ALB.  Le  he  encargado  a  Francisco  que  le  diga  al  ayudante  que 
examine  al  enfermo. 

ELENA.  (Como  antes.)  Entonces... 

ALB.  Lo  prometido  es  deuda.  (El  mismo  juego  y  aparece  Fran- 
cisco.) 

FRAN.  Señor. 

ELENA.  (Con  disgusto.)  ¿Otra  vez? 

FRAN.  Perdón,  señora,  el  ayudante  reclama  la  presencia  del 
señor  doctor. 
má^  ALB.  Dígale  usted  que  estoy  muy  ocupado. 
H|'.FRAN.  Bien,  señor.  (Mutis.) 
Hf  ELENA,  i  Qué  enfermos  tan  impertinentes! 

ALB.  Considera  que  ellos  son  los  que  cimentan  mi  fama.  (Se 
¿ienta  en  el  sofá.)  Y  qué  :  ¿vienen  al  fin  tus  padres  y  tu  hermano? 

ELENA.  ¡  Ya  lo  creo  !  Hoy  les  espero  en  el  exprés,  para  cele- 
brar tu  ascenso  a  la  cátedra. 

ALB.  Hoy  es  día  grande  para  mí.  Me  ha  anunciado  su  visita 
el  claustro  de  profesores  y  en  una  carta  cariñosísima  también  pro- 
mete visitarme  el  ministro  de  Fomento.  El  día  de  hoy  será  una 
apoteosis  de  mi  aplicación. 

ELENA.  Di  mejor  de  tu  talento.  Pero  extraño  una  cosa. 
ALB.  ¿Qué,  mi  vida? 

ELENA.  La  falta  de  tu  padre.  ¿Cómo  no  se  ha  decidido  a  ve- 
nir? 

ALB.  Ya  sabes  lo  que  ocurrió  cuando  nos  casamos.  Mi  padre 
es  un  hombre  apegado  al  terruño.  No  hay  quien  le  convenza  y  le 
haga  dejar  sus  penedos  asturianos.  ¡  Es  tan  montaraz  ! 
ELENA.  Bien  ;  pero  tu  hermana... 

ALB.  Mi  hermana  no  tiene  más  opinión  que  la  de  mi  padre. 
ELENA.  Me  lo  figuro  :  un  señor  de  horca  y  cuchillo. 
ALB.  No,  al  contrario  :  un  viejecito  muy  llanote  y  muy  senci- 
o,  que  sólo  desea  mi  felicidad.  Casi  un  aldeano  ;  poco  más  que  un 
segador. 

ELENA.  (Incrédula.)  ¡  Bah  ;  exageras! 

ALB.  No  lo  creas.  Es  tan  modesto,  que  puede  que  no  se  haya 
dado  cuenta  de  la  importancia  social  de  su  hijo. 
ELENA.  ¡  Ilustre  catedrático  de  la  Facultad ! 
ALB.  \  Y  esposo  de  una  monería  como  tú  I 

55 


ELENA.  (Entusiasmada.)  ¡Un  abrazo,  señor  catedrático! 

ALB.  Y  mil  besos,  ilustre  monería.  (Al  irse  a  abrazar  apati 
por  la  segunda  izquierda  Casilda,  doncella  de  la  casa  ;  traje  negrl 
con  delantal  y  guante  blanco.) 

CAS.  (Sale  y  al  ver  el  cuadro  se  vuelve  de  espaldas.)  (¡  Deme^ 
nio!) 

ELENA.  (Al  verla.)  ¿Qué  querías? 

CAS.  El  maitre  d'hotel,  que  desea  hacerla  unas  preguntas. 

ELENA.  (Levantándose.)  ¡  Ah,  sí;  para  la  colocación  de  U 
mesa  !  Voy  en  seguida.  (Vase  Casilda  por  donde  vino.) 

ALB.  (Levantándose  también.)  Pero  antes... 

ELENA.  {Abrazándole  fuertemente.)  Lo  que  es  este,  no  haj 
maitre  d'hotel  que  me  lo  quite.  (Vase  segunda  izquierda,  despuÁ. 
de  dirigirla  su  marido  una  mirada  cariñosa  de  despedida.)  • 

ALB.  (Después  del  mutis.)  ¡Es  encantadora!  (Sale  Francisco 
segunda  derecha.) 

FRAN.  Señor  doctor,  un  hombre  pregunta  por  usted. 

ALB.  Adviértele  que  ya  no  es  hora  de  consulta. 

FRAN.  Se  lo  he  dicho  y  no  quiere  marcharse. 

ALB.  ¿Pues  qué  desea? 

FRAN.  No  he  entendido  bien  ;  sólo  que  me  ha  encargado  mu 
cho  que  le  diga  al  señor  que  es  de  Tineo.  í 
ALB.  ¿De  Tineo?  Hazle  entrar.  | 
FRAN.  Al  instante.  (Vase  por  la  segunda.)  } 
ALB.  ¡De  Tineo!  ¿Será  mi?...  No;  es  imposible. 
PAT.  (Desde  dentro,  hablando  con  el  criado.)  Pero  hombre, 
¿cree  usted  que  iba  yo  a  engañarle?  (Entra  por  la  segunda  dere- 
cha; es  un  aldeano  como  de  unos^  cincuenta  años,  franco,  alegre, 
muy  colorado,  con  sombrero  redondo,  faja,  traje  de  pantalón  lar-í 
go  y  zapatones.  Trae  un  paraguas  grande  encarnado,  bajo  el  brazo.) 
ALB.  (Sorprendido.)  ¡Mi  padrino! 

PAT.  (Al  verle,  sin  saber  cómo  hablarle.)  ¡Usté!...  ¡Tú!... 
(Conmovido  y  abriendo  los  brazos.)  ¡  Mociño  !  j 

AhB.  (Sin  abrazarle.)  ¿Usted  aquí?  M 

PAT.  ¡Yo!...  ¡Yo!  Pero,  ¿qué  haces  que  no  me  abrazas?  | 

ALB.  (Desconcertado.)  No...    yo...  ¡ila    sorpresa!...  ¡la 
gría!...  (Abrazando,  pero  a  disgusto.) 

PAT.  Apr,i€ta,  que  traigo  el  traje  nuevo. 

ALB.  No  sabe  usted  cuánto  agradezco  su  visita. 

PAT.  Ya  lo  sabía  yo. 

ALB.  {Después  de  una  pequeña  pausa.)  ¿Y  cuándo  se  marcha 
usted  ? 

PAT.  ¡  Ah  ;  no  tengo  prisa  ! 

ALB.  Tanto  mejor.  Y  qué  ;  ¿cómo  van  por  el  lugar? 
PAT.  ¡Divinamente!  ¿Te  acuerdas  de  la  vaca  de  la  (cRoxa»? 
Pues  ha  tenío  dos  terneros.  ¿Te  acuerdas  de  la  Rosa?  ¡  Pues  ha  te- 

56 


aío  dos  mellizos!  ¿Te  acuerdas  del  marido  de  la  Rosa?  Pues  ha 
vuelto  de  América,  al  cabo  de  cinco  años,  arruinao  y  con  tres  mu- 
latitos. 

ALB.  ¿Y  mi  padre?  ¿Y  mi  hermana? 

PAT.  (Saca  una  pipa,  la  llena  de  tabaco  y  la  eniccnde.)  Esos..., 
de  esos  tenemos  que  hablar. 

ALB.  (Deteniéndole  la  acción  de  encender.)  Por  Dios,  padrino  ; 
yo  le  suplico  a  usted... 

PAT.  ¿Que  te  hable  de  ellos? 

ALB.  No  ;  que  se  abstenga  de  fumar...  por  ahora.  No  es  este 
sitio  apropiado. 

PAT.  (Guardando  la  pipa.)  Basta  ;  no  hay  más  que  hablar.  A 
mí,  con  una  ligera  indicación,  como  me  has  hecho,  me  sobra.  Yo 
lo  he  hecho,  porque  cuando  fumo  hablo  más  de  corrió,  pero  en  fin, 
si  no  pué  ser,  lo  dejaré  para  otro  sitio. 

ALB.  Quiero  decir... 

PAT.  Nada  ;  por  todo  el  oro  del  mundo,  no  me  harías  encen- 
der un  pitillo. 

ALB.  Conque,  dígame  usted:  mi  padre... 
PAT.  Tu  padre...  ¿Me  puedo  sentar? 

ALB.  Sí,  perdone;  la  impaciencia...  (Le  indica  la  butaca  a  .'a 
derecha  del  velador.) 

PAT.  ( Sentándose.)  ¡  Madre  de  Covadonga,  qué  blandura  !  ¡  Lo 
menos  has  metió  aquí  un  costal  de  paja  ! 

ALB.  (Impaciente.)  Pero,  dígame  usted... 

PAT.  ¿A  qué  he  venío  a  los  Madriles?  ¡  A  darle  un  abrazo  al  mi 
hijo  !  ¿No  sabes  que  le  tengo  aquí  de  guarnición?  ¡  También  ese  ha 
salió  listo  !  No  lleva  mas  que  seis  meses  y  ya  es  trompeta  de  Ca- 
ballería.  Ya  lo  verás,  porque  lo  he  citao  aquí  pa  que  venga  a  darte 
..  un  abrazo. 

ALB.  ¿También  su  hijo? 

PAT.  También.  Te  alegras,  ¿eh?  Pues  más  te  va  alegrar  otra 
noticia. 

ALB.  ¿Se  refiere  a  mi  padre? 

PAT.  Justo;  a  tu  padre...  y  a  tu  hermana,  que  están  desespe- 
raos... 

ALB.  (Apurado.)  ¿Qué  dice  usted? 

PAT.  De  ganas  de  verte,  granuja.  ¿Tú  crees  que  se  hace  el  sa- 
crificio que  por  ti  ha  hecho  el  pobre  viejo  pa  darte  una  rarrera  y 
aluego  pasarse  sin  "ti? 

ALB.  Ya  sabe  usted  que  no  le  falta  nada. 

PAT.  De  dinero,  cierto.  Desde  que  te  hicieron  médico,  el  po- 
bre viejo  ha  dejado  el  trabajo  y  se  pasa  la  vida  en  la  alquería  oyen- 
do sonar  su  gaita.  Mia  tú,  lo  que  antes  hacía  por  oficio,  ahora  le 
5  resulta  una  distracción. 
^ ALB.  ¡  Baje  usted  la  voz  ! 

57  ■ 


PAT.  ¡Ah!,..  ¿Ties  enfermos  en  casa,  ¿eh?  ¡  Glar»,  G©ni»  «re 
médico  !... 

ALB.  ¿Y  mi  hermana? 

PAT.  ¡Tan  rolliza!  ¡Con  una  mano  que  tie  pa  el  ordeño 
Bueno  has  salió  tú,  pero  lo  que  es  ella  no  te  va  a  la  zaga.  ¡  Qué  or 
gulloso  estoy  de  ser  tu  padrino  ! 

ALB.  Bien,  pues  ya  que  ha  venido,  va  usted  a  llevarles... 

PAT.  ¿Dinero?  ¡No  les  hace  falta! 

ALB.  Ya  lo  sé,  pero:.. 

PAT.  Además,  si  quies  hacerles  algún  regalo,  puedes  dárselo  li 
mismo,  ! 

ALB.  ¡Cómo!  ler 

PAT.  Porque  habemos  llegao  toos  juntos  esta  mañana.  (Apare^ 
ce  Elena  por  la  segunda  izquierda  y  queda  oyendo.) 

ALB.  (Asombrado.)  ¿Qué  están  en  Madrid  mi  padre  y  mi  her 
mana? 

PAT.  Como  lo  oyes.  j|mili; 
ELENA.  (Adelantando.)  ¿Han  venido?  ¡Qué  alegría!  ¡Al  fir 
voy  a  conocerlos!  (Patarrete  se  levanta  y  queda  confuso.) 
ALB.  ¡  Mi  mujer  ! 

PAT.  ¡  Ah,  es  tu...  !  Bueno,  pues  yo  soy...  Buenos  días. 
ELENA.  (A  Alberto.)  ¿Quién  es;  algún  criado  de  tú  padreíjrfa, 
ALB.  Sí...  no... 
PAT,  ¡Cómo  criado  ! 


cuan 
lom 

;  A 

sOcie 
ISÍ  t 


ALB,  (Haciendo  la  presentación.)  Alberto  Patarrete,  comer jjtifo 
ciante  en  granos,  (A  Patarrete.)  Mi  esposa, 

PAT.  ¡  Buena  moza  está !  Me  gusta.  Pero  te  has  olvidao  decirk,|c{io, 
que  soy  tu  padrino.  ¿Lo  oye  usted,  señora?  ¡Su  padrino!  Por  es. 
el  mocico  se  llama  Alberto  como  yo. 

ELENA.  ¿Su  padrino?  ¡Entonces  puede  usted  abrazarme! 

PAT.  ¡Ya  lo  creo  !  (Al  ir  a  abrazarla,  no  sabe  qué  hacer  con  e 
sombrero  y  el  paraguas,  los  cambia  de  mano  un  par  de  veces  y  poi 
fin  tira  el  sombrero  sobre  la  butaca  de  la  izquierda  y  el  paraguas  a 
suelo,  abrazando  luego  a  Elena.)  ¡  Sí  que  está  buena  la  parienta ! 

ELENA.  Siéntese. usted.  (Le  indica  la  butaca,  de  la  izquierda  3 
ella  se  sienta  en  la  otra  ;  A.lberto  pasea  nerviosamente.) 

PAT.  (Sentándose  sobre  el  sombrero.)  ¡  Rediez  !  ¡  ¡  El  nuevo  !  1 
¡  Si  es  una  tontería  gastarse  el  dinero  en  esto  !  Hace  bien  tu  padn 
en  no  usar  mas  que  montera. 

ELENA.  Pero,  ¿usa  montera?  ¿ 

ALB.  Es...  costumbre  en  el  país.  % 

ELENA.  (A  Patarrete.)  ¿Y  cómo  han  quedado? 

PAT.  ¿Los  cuálos? 

ALB.  Pregunta  por  mi  padre  y  mi  'hermana, 
PAT,  ¡  Ah !  ¿Que  dónde  están?  Ahí  se  han  quedao  en  un  chiS' 
cón  de  al  lao. 


58 


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»in     ELENA.  ¿En  un  qué? 

ALB.  Es  el  nombre  de  un  hotel  muy  modesto, 
i     PAT.    Hotel,  dice  la  fachada,    pero   es  una  posada   de  mala 
auerte. 

s     ELENA.  ¡  Ah,  pues  no  puede  ser  ;  que  vengan  aquí  en  segui- 
a  !  Ya  nos   acomodaremos   como  sea.  ¿  No  te  parece,    Alberto  ? 
además,  es  preciso  qué  asistan  a  la  recepción. 
ALB.  ¿Qué  dices? 
PAT.  ¿A  la  qué?... 
!j     ELENA.  A  la  recepción.  ¿No  saben  ustedes?  Mis  padres  tam- 
.ién  llegan  en  el  exprés.  Hoy  celebramos  el  nombramiento  de  Al- 
>erto,  que  lo  han  hecho  catedrático, 
'f     PAT.  Grate...  dra...  Eso  es  muy  enredoso  ;  a  mí  me  gusta  más 

lamarle  Albertiño. 
;3     ELENA.  (Riendo.)  ¡  Ah  !...*' j  Muy  gracioso  y  muy  pintoresco  ! 
dígales  usted  que  vengan  en  seguida.  ¡  Qué  gusto  !  ¡  Toda  la  fa- 
nilia  reunida  !  ¡  Fiesta  completa  ! 
il  i  !    ALB.  ¡  Completísima  ! 

ELENA.  (Levantándose.)  Perdone  usted,  padrino;  voy  a  dar 
dgunas  órdenes. 

PAT.  Oiga  :  advierta  a  los  criados  que  si  viene  uno  de  caballe- 
■-'  ía,  lo  dejen  pasar,  que  es  mi  hijo. 
ALB.  (¡También  eso!) 

ELENA.  Descuide  usted;  vengo  en  seguida,  padrino.  (Vase 
'    oro  izquierda.) 

PAT.  Mociño,  tienes  una  costilla  que  es  una  borona  de  bizco- 
■\  /ho.  ¡Madre,  qué  simpatiquez  !  Es  un  poco  así...  vamos...  Pero  en 
'»  cuanto  llevéis  un  par  de  años  de  casaos,  se  le  quitará.  La  mía  era 
o  mismo. 

ALB.  Mire  usted,  padrino  ;  mi  mujer  es  una  señora  de  la  alta 
'  iociedad  ;  sus  padres,  la  etiqueta  personificada  ;  y  como  ustedes  son 
isí  tan...  sencillos,  francamente,  yo  desearía  que... 

PAT.  No  digas  más  ;  te  he  comprendido  ;  procuraremos  no  me- 
^'^  ¡:er  la  pata.  (Vuelve  Elena  joro  izquierda.) 

'I      ELENA.  Ya  tienen  orden  los  criados  de  dejar  pasar  a  su  hijo. 

Respecto  al  acomodo,  he  pensado  que  tu  padre  y  tu  padrino  se 
'  jueden  en  el  gabinete  verde  ;  y  a  mí  cuñada  la  instalaremos  en  mi 
"  (boudoir».  No  tenemos  cama,  pero... 

PAT.  Eso  no  importa  ;  se  extiende  una  zalea  y  tan  ricamente. 
-   ELENA.  No  ;  dormirá  en  un  diván. 

PAT.  ¿En  el  desván?  ¡No  importa!  ¡Ha  dormido  tantas  veces 
en  una  era!  Pero,  ¿no  tienen  ustedes  una  zalea? 
ELENA.  No. 

PAT.  ¡Qué  torpeza!,  Al  casarse,  lo  primero  que  se  debe  com 
prar  es  una  zalea...  por  lo  que  pueda  venir. 


59 


ELENA.  No  tenga  usted  cuidado,  que  estará  muy  bien.  (Toci 
el  timbre  ;  Patarrete,  asustado,  pasa  a  la  derecha.)  Yo  voy  a  1^ 
estación  a  esperar  a  mi  familia. 

ALB.  Yo  te  acompaño.  Entretanto,  mi  padrino  irá  a  buscar  a  m 
padre  y  a  mi  hermana  y  los  traerá  aquí.  (A  Patarrete.)  ¿No  le  pa 
rece  ? 

PAT.  ¡Ya  lo  creo!    (Abrazando  a   Alberto  y  luego  a  Elena 
Adiós,  mociña.  (A  Alberto.)  Ten  cuidao  con  la  parienta,  que  m 
ha  gustao  y  pue  que  me  la  lleve  al  pueblo  como  muestra.  (FasJjKiAl 
segunda  derecha.) 

ELENA,  i  Qué  gracioso  !  Debes  tener  una  familia  muy  simpá|||^A' 
tica  a  juzgar  por  tu  padrino. 

ALB.  Pero  son  tan  sencillos...  IfAI 

ELENA.  Por  eso  mismo.  Ya  sabes  que  me  encanta  la  sencillez;! 
(Salen  segunda  izquierda  Casilda,  con  un  abrigo  y  sombrero  ele4 
gantisimos,  que  ayuda  a  poner  a  Elena,  y  por  la  segunda  derecha 
Francisco,  con  el  abrigo  y  sombrero  de  copa  que  se  pone  Alberto.} 

FRAN.  (Saliendo.)  Señor,  el  coche. 

ELENA.  (A  Alberto,  mientras  se  arregla.)  Estás  preocupado 


¿qué  te  pasa? 


ALB.  No,  nada  ;  la  emoción... 

ELENA.  Ya  me  lo  figuro  :  tu  padre,  la  recepción,  el  nombra 
miento...  Yo,  en  cambio,  estoy  orgullosa  con  mi  marido.  ¿Vamos, 
señor  catedrático? 

ALB.  Sí  ;  vamos.  (Vanse  foro  derecha.  Al  tiempo  de  hacer  mu- 
tis.) Oye,  Francisco. 

FRAN.  Señor.  (Casilda  disimula,  arreglando  los  muebles  de  U 
habitación.) 

ALB.  Cuando  vengan  esos  aldeanos,  déjelos  andar  por  donde 
quieran  ;  son  de  mi  familia.  Que  hagan  lo  que  gusten.  Pero  ad- 
vierta a  todos  que  no  les  dejen  pasar  al  salón  y  mucho  menos  sí 
hay  visita,  hasta  que  yo  vuelva. 

FRAN.  Bien,  señor. 

ALB.  (Haciendo  mutis.)  ]  En  qué  día  se  les  ha  ocurrido  venir 
a  visitarme.  (Vase.) 

FRAN.  {A  Casilda.)  ¿Has  oído? 

CAS.  Yo  estoy  siempre  detrás  de  las  cortinas.  (Se  oyen  voces 
de  disputa  por  la  segunda  derecha.) 

FRAN.  ¿Qué  voces  son  esas? 

CAS.  ¡Es  en  la  escalera  interior!  ¿Serán  ellos? 

FRAN.  Indudablemente^  porque  estaban  esperando  en  la  calle. 
(Dirigiéndose  y  haciendo  mutis  por  segunda  derecha,  Co.silda  vasí 
segunda  izquierda.)  ¡  Eh  !  Déjales  pasar  ;  es  familia  del  señor. 

PAT.  (Dentro.)  Gracias,  caballero. 


OL 


óo 


MÚSICA 


Al  compás  de  ella  entran  por  la  segunda  derecha  Patarréte,  con 
un  paraguas,  tras  él  Olalla,  de  aldeana  asturiana,  con  un  para- 
guas azul  bajo  el  brazo,  y  detrás  Mateo,  de  aldeano,  con  calzón 
con  vuelos  blancos,  polainas,  borceguí  de  cuero,  chaqueta,  chaleco 
encarnado,  faja  y  montera.  Trae  una  gaita  muy  adornada  al  hom- 
bro y  paraguas  encarnado.  Pelo  blanco,  como  es  natural. 


PAT. 
MATEO. 
PAT. 
OLALLA. 

LOS  TRES. 

OLALLA. 

MAT.  y  PAT 

LOS  TRES. 

MATEO. 

OLALLA. 

PAT. 
MATEO. 

LOS  TRES. 

MATEO. 

OLALLA. 

PAT. 


Adelante  sin  temor 

como  en  nuestra  casa. 

Yo  no  puedo  del  temblor 

decir  qué  me  pasa. 

De  tu  chico,  el  gran  doctor, 

tengo  ya  licencia. 

Pero  entremos,  por  favor. 

(Observando.) 

¡  Vaya  una  opulencia  ! 

Aunque  somos  marusiños,  marusiños  ; 
me  dan  ganas  de  llorar  al  ver  al  niño, 
y  me  da  ^n  las  pantorrillas  cosquilleo. 
Y  yo  tengo  el  corazón 
saltando  de  deseo. 
¿Pues  y  yo?  ¡De  la  emoción 
estoy  que  me  mareo  ! 

Pero  recobremos  , 
la  tranquilidá. 
(A  Patarréte.) 

Llámale. 
(Idem.) 

Ande  usté. 
Voy  allá. 
¡  Tarda  ya ! 

Entre  besos  y  caricias  y  apretones, 

al  muchacho  dejaré  descuadernao, 

porque  han  sido  siempre  nuestras  ilusiones 

encontrarle  en  este  estao  : 

contento  y  admirao. 

Yo  le  voy  ahora  a  buscar, 

que  estoy  impaciente. 

Le  debemos  esperar  ; 

eso  es  lo  decente. 

Se  le  debe  de  llamar 

inmediatamente. 


6i 


MATEO.  Anda  tú. 

PAT.  (Va  a  tocar  el  timbre  y  no  se  atreve.) 

\  Pues  no  que  no  ! 
MATEO.  ¡  Zulú  ! 

OLALLA.  ¿Lo  hago  yo?  s 

MAT.  y  PAT.  Los  dos.  > 

( Olalla  y  Patarrete  oprimen  el  timbre,  qne\ 
suena  y  se  asustan,  retrocediendo») 

LOS  TRES.    Aunque  somos  marusiños,  marusiños, 

etc.,  etc. 


OLA  y  PAT. 

MATEO. 

OLALLA. 

PAT. 

OLALLA. 

MAT.  y  PAT. 


j  Oh,  cuánto  deseo 
que  venga  el  doncel ! 
¿Pues  y  yo? 
Yo  también. 
(A  Mateo.) 

Quiérele. 
(Idem.) 

Mímale. 

(Mientras  Olalla  tararea  y  baila.) 
Dónde  está  mi  marusiño, 
que  le  quiero  recordar 
el  afán  de  mi  cariño 
y  su  casa  del  lugar. 

(Mateo  toca  y  los  otros  bailan  hasta  el  final. 

HABLADO  ^ 

OLALLA.  ¡  Lo  que  se  va  a  alegrar  mi  hermano  cuando  nos 
vea  ! 

MATEO.  Yo  me  he  traído  la  gaita,  pa  sorprenderle,  i  Le  gusta, 
ba  tanto  oírme!  (Dejan  gaita  y  paraguas  sobre  las  butacas  y 
sillas.) 

PAT.  Precisamente  están  de  fiesta  ;  ásí  se  ahorran  el  dinero  de 
los  músicos. 

MATEO.  ( Contemplando  a  su  alrededor.)  \  Pero  mira  que  vive 
con  lujo  ! 

OLALLA.  (Idem.)  ¡  Mucho  mejor  que  el  hidalgo  de  la  casona  ! 
MATEO.  ¡Como  que  es  un  señor  doctor  en  medecinas  ! 
PAT.  ¡Quita!...  ¡Eso  era  antes!  ¡Ahora  es  más  todavía! 
OLALLA.  ¿Habrá  estudiao  pa  otra  cosa? 

PAT.  No  sé  ;  pero  su  mujer  me  ha  dicho  que  acababan  de  ha- 
cerle catre...  catedral...  ¡  Qué  se  yo  !  ¡  Una  cosa  inmensa  !  A  mí  me 
ha  parecido  algo  de  iglesia. 

OLALLA.  ¿Le  habrán  hecho  canónigo? 


62 


MATEO.  Quita,  mujer...;  j  si  es  casao ! 
OLALLA.  Pues  entonces...  maestro  de  escuela. 
MATEO.  ¡U  ingeniero! 
PAT.  Yo  he  entendió  algo  de  catredal. 
MATEO.  ¡  Qué  orgulloso  estoy  de  mi  mociño  ! 
OLALLA.  Toas  las  angustias  pasás  dorias  por  buenas,  por  verle 
"  orno  le  vemos, 

r  PAT.  ¡Bien  de  dinero  te  ha  costao  ! 
'\    OLALLA.  Y  hasta  fatigas,  padrino. 

MATEO.  Acostarnos  muchas  veces  sin.  cenar. 
OLALLA.  Con  borona  y  aceite  nos  arreglábamos. 
MATEO.  ¡  Y  too  ganao  a  fuerza  de  gaita  ! 
PAT.  ¡  Lo  que  has  tenío  que  soplar  ! 
OLALLA.  ¡Y  lo  que  yo  he  trabaja©  por  esos  campos! 
PAT.  Yo  en  cambio  he  soplao  más  que  vosotros  y  mi  hijo  no 
ha  llegao  más  que  a  trompeta.  Verdá  que  mi  soplen  era  de  sidra. 
¡  Pero  estoy  orgulloso  de  m.i  ahijao  ! 

MATEO.  ( Que  ha  estao  cargando  la  pipa  de  tabaco,  la  encien- 
de.) Y  yo  de  mi  hijo. 

OLALLA.  Y  yo  de  mi  hermano. 

PAT.  Oye,  gaitero  :  supongo  que  no  te  atreverás  a  fumar  en 
esta  sala. 

MATEO.  ¿Y  por  qué  no?  Mi  hijo  es  el  amo  ;  yo  hago  aquí  lo 
que  me  da  la  gana. 

PAT.  Y  yo  te  prohibo  que  fumes  ;  porque  él  no  quiere. 

MATEO.  Mira  el  caso  que  os  hago.  (Le  echa  una  bocanada  de 
humo  a  la  cara.)  Chupa. 

PAT.  ¡Ah!  ¿Te  atreves  a  fumar? 

MATEO.  Ya  lo  ves. 

OLALLA.  Y  muy  bien  hecho. 

PAT.  (Sacando  una  pipa  y  encendiéndola.)  Y  yo  también. 
'(Lanzando  grandes  bocanadas  de  humo.  Sale  Casilda  por  la  se- 
gunda izquierda.) 

CAS.  (Avanzando.)  Perdonen  ustedes:  ¿son  acaso  de  la  familia 
del  señor  doctor? 

MATEO.  En  persona. 

PAT.  Yo  soy  su  padrino. 

OLALLA.  Y  yo  su  hermana. 

CAS.  Cuando  los  señores  gusten,  pueden  disponer  cómo  arre- 
glamos su  dormitorio. 

MATEO.  (Yendo  a  su  lado.)  De  cualquier  modo  ;  con  unos 
polchones  de  paja,  hay  suficiente. 

PAT.  (Aparte  a  Mateo.)  Date  tono,  imbécil  ;  hay  que  ser  ele- 
gantes. (A  Casilda,  echando  grandes  bocanadas  de  humo,  que 
hacen  toser  a  la  doncella.)  El  señor,  que  es  el  señor  padre  del 
señor  cccatro)...,  del  señor  médico,  es  muy  bromista. 

.63 


OLALLA.  Justo  ;  el  señor  padre  del  señor  doctor,  desea  una 
cama  canóniga. 
CAS.  ¿Cómo? 

PAT.  Dos  colchones  de  pluma,  dos  colchones  de  lana,  y  en- 
cima una  «zalea». 

MATEO.  Es  la  costumbre  ;  y  en  la  cabecera  un  retrato  de  mi 
señor  hijo.  (Casilda  sigue  tosiendo.)  ¿Está  usted  constipada? 

CAS.  No  ;  es  el  humo. 

MATEO.  (Incomodado,  a  Patarrete.)  ¿Estás  oyendo?  ¿No 
te  dije  que  no  fumaras? 

PAT.  ¡  Contra  !  Pero  si  fui  yo  el  que  te  lo  dije. 
CAS.  Los  señores  se  aposentarán  en  el  gabinete  verde. 
MATEO.  Bien  ,pensao  ;  a  éste  le  gusta  mucho  el  verde. 
OAS.  y  la  señorita  en  el  budoir. 
OLALLA.  ¿En  el  bu...  qué? 

PAT.  No  la  hagas  caso  ;  yo  he  hiablao  con  la  parienta  y  me 
ha  dicho  que  es  en  el  desván  ande  van  a  meterte. 
OLALLA.  ¿Yo  en  el  desván? 

MATEO.  ¿Mi  hija  en  el  desván?  ¡No  lo  consiento! 

CAS.  He  dicho  en  el  budoir,  la  señorita  puede  venir  a  verlo.'^ 

MATEO.  (A  Olalla.)  Quédate  tú.  (A  Patarrete  recogiendo  su 

gaita  y  su  paraguas.)  Vamos  nosotros,  (Así  sabremos  lo  que  es 

el  (cbutuar».) 

CAS.  (Indicando  primera  izquierda.)  S;  los  señores  quieren 
molestarse... 

MATEO.  (Iniciando  el  mutis.)  Yo  me  molesto  con  mucho 
gusto.  (A  Casilda.)  Oiga  usté,  lo  de  la  zalea  podrá  arreglarse, 
¿eh?  Es  costumbre  que  tengo.  (Vanse.) 

PAT.  (Deteniéndose.)  Escucha,  Olallica  ;  mi  hijo  va  a  venir; 
ya  sabes  lo  que  te  quiere ;  pero  la  hermana  de  un  señor  que 
es  más  que  canónigo,  no  se  puede  casar  con  un  chico  que  es 
menos  que  sacristán.  Yo  soy  justo.  Voy  a  ver  el  «butuar».  (Vase 
primera  izquierda.) 

OLALLA.  No  tenga  usté  cuidao.  ¡  Yo  nov'ia  de  un  trompeta  I : 
¡  Qué  se  diría  en  la  corte  !  (Sale  Francisco  segunda  derecha.) 

FRAN.  ¡Señorita! 

OLALLA.  (Después  de  mirar  a  /.'-íií  partes.)  No  está. 
FRAN.  Es  a  usted. 

OLALLA.  (Debe  ser  alguna  visita.)  (Placiendo  un  saludo.) 
Servidora  de  usté. 

FRAN.  Un  soldado,  pariente  de  ustedes,  está  en  la  antesala. 
¿Puede  pasar  aquí? 

OLALLA.  ¿Es  Vicentiño? 

FRAN.   Es...  de  Caballería. 

OLALLA.  Que  entre  en  seguida  ;  ya  lo  creo.  (Vase  Francisco 
por  donde  salió.)  ¡Pues  pocas  ganas  que  tenía  de  verlo!  (Apa^ 


rece  por  la  segunda  derecha  Vicente,  iraje  bastarde  grande,  de 
trompeta  de  caballería^  con  sable.) 

VIC.  (Cuadrándose  en  el  dintel  de  la  puerta.)  ¿Da  usi&  su 
permiso? 

OLALLA.  ¡V  centiño! 

VIC.  A  la  orden  de  usía. 

OLALLA.  Pero  si  soy  yo. 

VIC.   Ya  lo  he  visto. 

OLALLA.  ¿Y  no  me  dices  nada? 

VIC.  (Entrarlo,  yero  sin  abrazarla  y  sin  dejar  de  estar  en 
la  posición  de  afirmesn.)  \  OlalHca  :  qué  rollizota  estás,  ladrona ! 
OI^ALLA.  ¡  Y  üú,  qué  guapo  con  esa  ropa  ! 
VIC.  Pa  servir  a  usía. 
OLALLA.  Dame  un  abrazo. 

VIC.  No;  ique  me  ha  encargiao  mi  padre  que  te  trate  a  usía 
con  respeto, 

OLALLA.  No  le  hagas  caso  y  siéntate  a  mi  lao. 
VIC.  No  me  atrevo. 

OLALLA,  ¿Sabes  que  te  cae  muy  bien  el  traje?  Lo  único  que 
no  me  gusta  es  que  te  haigan  pelao  a  rape. 
.      VIC.  Es  la  desc:plina. 

OLALLA.  ¿Y  cómo  te  han  hecho  la  ropa  tan  estrecha? 

VIC,  (Dejando  la  posición.)  Como  la  dan  sin  temíamos  me- 
dida, paece  talmente  que  me  lo  han  dejao  caer  encima.  Pero 
;1  aire  lo  arregla  too,  (Dando  un  paseo  con  bastante  íiasaúra». 
:omo  vulgarmente  se  dice.)  ¡  Eso  dice  el  maestro  de  trompetas  I 

OLALLA,  ¿Eso  dice  el  maestro? 

VIC.  Y  otras  cosas  más. 
i;     OLALLA.  ¿Cuálas? 

^ '     VIC.  Que  un  trompeta  puede  besar  a  una  muchachiai  cuando 
,,j  |uiera,  y,  la  verdá,  un  trompeta  quiere  siempre. 
OLALLA.  ¿Eso  dice  el  maestro? 

VIC.  Y  debe  ser  verdá,  porque  desde  que  te  he  visto  me  han 
ntrao  unos  deseos... 

OLALLA.  Pues  si  lo  dice  el  maestro... 
VIC.  (Yendo  a  ella.)  ¡  Olallica  ! 

OLALLA.  ¡  Vicentiño  !...  (Se  abrazan,  y  cuando  van  a  besarse 
j  )  parece  Patarrete  por  la  primera  izquierda  y  se  detienen.) 

'     PAT.  ¡  Eh  ! . . .  ¿  qué  es  eso  ? 
,       VIC.  ¡Mi  padre! 

PAT.  ¿Qué  hacíais  tan  arrimaos? 
OLALLA.  Le  estaba  diciendo  un  secreio  al  oído. 
PAT.  ¿Y  pa  decirse  un  secreto  hay  que  juntar  boca  con  boca? 
OLALLA.  Es  que...  como  le  llega  de  oreja  a  oreja...  {Vicente 
ace  un  gesio  para  estirar  la  hoca.) 


PAT.  Bueno,  bastante  habéis  hablao  ya  ;  tené  s  que  volver  a  la 
fonda. 

OLALLA.  ¿Para  qué? 

PAT.  Pa  tratcr  a  tu  hermano  los  regalos  que  se  han  quedao  allí  ; 
conique,  marchaos. 
VIC.  Sí,  padre. 

PAT.  {Viendo  que  no  se  mueve.)  Vamos. 

VIC.  (Sin  moverse.)  Sí,  padre. 

OLALLA.  {Bajo  a  Vicente.)  Espera  un  poco. 

PAT.  ¿Qué  pasa? 

OLALLA.  Es  ,que  quería  decirle... 

PAT.  ¡Silencio!  En  esta  casa  mi  hijo  es  mi  hijo  y  tu  padre  es 
tu  padre,  y  un  hijo  no  es  un  padre  como  tampoco  un  padre  es  un 
hijo.  ¿Me  he  expresao  bien?  4 

OLALLA.  ¡  Divinamente !  * 

PAT.  El  roce  con  los  muebles  ;  eso  "lustra  mucho,  Andandet 
(Y ase  por  donde  entró.) 

VIC.  ¡  Olallica  I 

OLALLA.  ¡Vicentiño! 

MUSICA 

LOS  DOS.  ¡  Al  fin  !  ¡  al  fin  !  ¡  al  fin  ! 

OLALLA.  Ya  estás  junto  a  mí. 

VIC.  Ya  estoy  junto  a  tí. 

OLALLA.  ¡Momento  feliz! 

VIC.  ¡  Momento,  feliz  ! 

LOS  DOS.         ¿Te  has  acordao  de  mí? 


OLALLA. 
VIC. 


OLALLA. 


VIC. 

LOS  DOS. 


¡  Las  veces  que  allí  en  la  aldea 
cruzaste  por  mi  memoria  1 
Olalla,  me  sabe  a  gloria 
recuerdo  tan  gentil. 

Marchando  con  el  escuadrón 
caminito  de  mi  cuartel 
pensé  tan  S'ólo  en  tu  amor 
y  que  tú  me  fueses  fiel. 
Y  yo  entre  mis  vaquiñas 
cruzando  mis  maizales 
pensaba  en  tí  tamb'én. 

¿De  verdad? 
Pues  ya  que  juntos  estamos 
no  debes  tíe  separart€ 
y  a  Alberto  pedir  debemes 
mi)  í  tí 

tu  j  "'^"^  P^"^  (  mí. 
66 


OLALLA. 
VIC. 

OLALLA. 
LOS  DOS. 


OLALLA. 
VIC. 

OLALLA. 
VIC. 

£OS  DOS. 
VIC. 

OLALLA. 


Qué  gozo  ! 
Qué  gusto  I  * 
Qué  dicha ! 
Y  yo  seré  feliz 
estando  siempre  así. 

¡  Los  dos  !  ¡  los  dos  !  ¡  los  dos  ! 
En  gracia  de  Dios. 
Unidos  los  dos. 
Qué  dulce  sabor. 
Tendrá  nuestro  amor. 
Abrázame,  por,  Dios. 

Las  veces  que  yo  he  soñad© 
con  ser  yo  tu  maridiño. 
Las  veces  que  tu  cariño 
el  sueño  me  quitó. 


Desde  que  tú  v'niste  aquí 
caminito  de  tu  cuartel, 
Olalla  siempre  te  aguardé 
recordando,  nuestro  amor. 
Y  yo  también  soñaba  : 
mas  luego  despertaba 
a  coces  del  furriel. 

¡  Qué  cruel ! 
Pues  ya  que  juntos  estamos 
no  debes  de  separarte, 
etc.,  etc. 
Muy  pronto. 
En  seguida. 
Hoy  mismo. 
¡  Ay,  como  pueda  ser, 
no'  vuelves  al  cuartel 
no  vuelvo  yo  al  cuartel. 
(Mutis  muy  animado  por  la  segunda  derecha,  Al  terminar  el^ 
mürnero  queda  la  escena  un  momento  sola,  y  en  seguida  aparecen 
foro  derecha  Elena,  Alberto,  sin  abrigo  ni  sombrero  ;  doña  Victo- 
Ha,  elegante  traje  de  calle  ;  don  Gabriel,  traje  de  levita,  y  Héc^ 
tor,  traje  de  americana  ;  usa  monocle.) 

HABLADO 

ALB.  He  aquí  nuestra  choza,  querida  mamá. 
VICT.  Muy  confortable  y  del  mejor  gusto. 
GAB.  ¡  Absolutamente  ! 
HECTOR.  Au  grand  chic. 

67 


VIC. 


OLALLA. 
LOS  DOS. 


OLALLA. 
VIC. 

OLALLA. 
LOS  DOS. 


ALB.  Esos  cumplidos  para  mi  adorada  mujercita. 

ELENA.  No  lo  crean  ustedes  ;  él  lo  ha  arreglado  a  su  gusto. 

VICT.  {Sentándose  era  la  butaca  al  lado  derecho  del  sofá  :  Ele- 
na en  éste  y  don  Gabriel  en  la  aira  huiaca.)  Querido  yerno  :  aun- 
que conozco  la  exquisita  intervención  de  mi  hija,  no  debemos  ne~ 
gar  a  usted  que  hay  en  este  lujo  algo  de  la  distinción  que  le  ca- 
racteriza'. 

ALB.  (Excusándose.)  \  Oh  ! 

HECTOR.  Irrefutable,  querida  mamá.  {A  Alberto.)  Es  usted 
un  ((gentlemen»  completo; 

GAB.  Siempre  lo  ha  dicho  mi  señora:  lo  ique  más  me  encanta 
áe  Alberto  es  el  cachet,  el  sprit  de  su  carácter. 

HECTOR.  Estos  no  son  suegros,  querido  cuñado  ;  esto  es  una 
nube  de  cumplidos.  Pacienc  a  ;  ya  camb'arán. 

VICT.  Héctor,  no  seas  impertinente. 

ELENA.  ¡  Ah  !  ¿no  saben  ustedes?  Mi  suegro  y  mi  cuñadita 
han  venido  también,  {Va  a  tocar  el  timbre  sobre  el  velador.) 

VICT.  j  Cuánto  lo  celebro !  Así  conoceremos  al  resto  de  la 
familia. 

HECTOR.  (.4  Elena.)  Te  advierto  que  he  de  hacer  la  corte  a 
tu  cuñada. 

ELENA.  ¡  Bah  !  no  seas  loco.  {Aparecen  a  un  tiempo  Casilda 
primera  izquierda,  y  Francisco  segunda  derecha.) 

CAS.  ¿Qué  desea  la  señora? 

ELENA.  ¿Dónde  está  la  familia  del  señor? 

CAS.  En  sus  habitaciones  están  el  papá  y  el  padrino  del  señor. 
{A  una  seña  de  Elena  vuelve  a  retirarse.) 

ALB.  ¿Y  la  señorita? 

FRAN.  Salió  con  un  militar. 

ELENA.  ¿Con  un  militar? 

FRAN.  Creo  que  es  hijo  de  su  señor  padrino.  {Se  retira  a  una 
señA  de  Albetto  por  el  foro  izquierda.) 
ALB,  (¡También  ha  venido!) 

HECTOR.  ¡Oh!...  ¡me  encanta  la  oficialidad  de  nuestro  ejér- 
cito !  i  He  de  cultivar  su  amistad ! 

GAB.  Tengo  ya  vivo  interés  en  conocerlos. 

ELENA.  Y  yo  también. 

ALB.  (¡  Pues  yo  est^oy  que  no  vivo  !) 

VICT.  ¿Pero  aún  no  los  conoces? 

ALB.  No  ;  ya  saibe  Elena  lo  que  ocurre. 

ELENA.  Sí  ;  su  padre  vive  retirado  allá  en  sus  iposesiories. 

ALB.  Justo,  como  un  aldeano  ;  más  aún  :  como  un  pastor. 

GAB,  ¡  Ah  !  ya  conozco  esta  clase  de  campesinos.  Señores  feu-^ 
dales,  encerrados  en  sus  casas  solariegas,  tan  alt  vos  como  hu- 
raños, que  desprecian  absolutamente  a  los  que  creen  todavía  sus  ./ 
pecheros.  \  Me  enamoran  esos  caracteres  I  ■< 

es 


HECTOR.  Y  a  mí  ;  yo  no  puedo  soportar  cl  roce  con  la  pl^b*. 
(Aparece  Francisco  por  el  foro  derecha.) 

FRAN.  Señor  :  el  claustro  de  profesores  de  la  Facultad  aguar- 
da en  el  salón. 

ALB.  ¡Ah,  sí! 

ELENA.  ¡Qué  lástima  que  no  h^iya  salido  todavía  tu  padre  1 
ALB.  Mientras  tanto  puedes  enseñia.r  a  los  tuyos  sus  habita- 
ciones, 

GAB.,  {Se  levantan.)  Perfectamente.  {Hacen  muHs  Victoria, 
Elen^  y  Gabriel  segunda  izquierda.) 

ALB.  (Invitándole.)  ¿Viene  usted,  Héctor? 

HECTOR.  Yo  entraré  después  del  acto  ofic'al.  Me  revientan 
las  ceremonias,  (Se  sienta  a  la  derecha.) 

ALB.  (Aparie  a  Francisco  en  la  misma  puerta.)  Francisco,  no 
olvides  mi  encargo. 

FRAN.  ¿Cuál,  señoj? 

ALB.  Mi  padre,  mi  hermana,  mi  paddno  ;  no  los  dejes  pasar. 

FRAN.  Descuide  el  señor.  (Vanse  los  dos  foro  izquierda.) 

HECTOR.  (Paseando  hacia  la  izquierda.)  No  lo  puedo  reme- 
diar :  las  enhorabuenas  oficiales  y  las  sonrisag  académicas  me 
ponen  los  nervios  de  punta.  (Sale  Olalla,  segunda  derecha,  con 
una  cesta  sin  tapas  y  en  ella  unu  loncha  de  tocino  y  un  pan  gran- 
de de  borona  ;  en  la  mano  una  lata  con  asa  llena  de  manteca  y  un 
queso  de  vacas  cubierüo  con  hojas  verdes.) 

OLALLA,  i  Qué  contento  se  va  a  poner  Alberto !  Tráigole 
manteca,  queso,  borona  y  un  pedazo  de  tocino  montañés, 

HECTOR.  ¡Calle!  ¿Quién  será  esía  divinidad  campesina?  (Se 
miran  las  dos  con  curiosidad  y  se  echan  a  reír  amistosamente.) 

OLALLA.  (Para  sí.)  Debe  de  ser  un  criado  como  los  otros. 
{Alargándole  la  manteca.)  ¡  Tenga  usté  ahí,  hombre  ! 

HECTOR.  ¿Yo?  i  Divino  error!  Permítame  usted  presentar- 
me :  soy  Héctor^ de  la  Ciénaga,  cuñado  del  doctor  Alberto. 

OLALLA.  Y  yo  soy  Olalla,  la  hermana  del  señor  catre.,,, 
bueno,  del  señor  médico. 

HECTOR.  ¡Hermana!  ¿De  leche,  quizá? 

OLALLA.  Hermana  de  too ;  lo  que  se  dice  hermana. 

HECTOR.  ;Ah!...  ¡Graciosa!  ¡Graciosísima!  Luego  ese  tra- 
je... ¡Comprendo!  ¡Es  una  idea  piramidal !  ¡  Qué  digo  piramidal! 
¡  E"ffélica  !  ¡  Presentarse  de  esa  forma  para  recordarle  sus  patrio* 
lares ! 

OLALLA.  ¿Sus  patios  qué?  (Aparte.)  (¡Debe  ser  extranjero  I) 
HECTOR.   Perdone  usted,  señorita,  que  interrumpa  su  mo- 
nólogo. 

OLALLA.  Mi  mono...  ¿qué  dice  este  hombre?  ¿Es  usted  fran- 
chute? Yo  no  entiendo  lo  que  dice. 

HECTOR.  Que  no  eníiende...  ¡Oh,  p'renaico !  ;  Ya  estoy  en 

69 


el  truc !  Fiage  usted  la  simplicidad  de  dos  villanos  de  sus  monta- 
fias.  ¡Oh,  muy  pintoresco!  ¡  ¡  Epatantís  mo  1  !  Dígame:  ¿ese  es  el 
traje  de  los  peoheros  de  su  feudo? 

OLALLA.  Si  quie  usté  que  le  conteste,  há'bleme  en  presona  y 
non  venga  con  requilorios.  (Pasa  a  la  izquierda  y  va  sacando  del 
&€sto  las  cosas  para  colocarlas  sohre  el  velador,  inclinando  natural- 
mente el  cuerpo  hacia  adelante.) 

HiECTOR.  i  Requilorios  !  ¡  ¡  Himalayesco  !  !  ( Observándola  con 
el  mono  ele. )  \  Oh,  qué  cintura  tan  breve!  ¡Qué  caderas  tan  am- 
plias !  Y  no  debe  llevar  corsé.  ¡  Qué  escorzo  !  Ya  no  hay  P ir  neos  ; 
«sas  curvas   han  desbiancado  sus  protuberancias. 

OLALLA.  (Terminada  su  faena  vuelve  y  se  queda  mirándole^ 
eara  a  cara.)  Que  se  va  usté  a  cortar  con  ese  vidrio.  (Por  el  mo- 
no ele.) 

HEQTOR.  ¿Qué  vidrio? 

OLALLA.  Ese  del  ojo.  - 

HECTOR.  ¡  Ah,  el  monocle  I  Es  para  la  vista. 

OLALLA.  ¿Y  no  se  pone  usted  mas  que  uno? 

HECTOR.  (¡  Me  parece  que  esta  joven  trata  de  tomarme  el; 
pelo!)  Señorita,  yo  le  suplico  que  se  deje  de  brornas. 

OLALLA.  Que  se  qui>e  usté  esO',  que  me  da  miedo. 

HECTOR.  (¡La  verdad  es  que  es  desconcertante!) 

OLALLA.  (¡Anda,  y  habla  solo!  ¿Estará  loco?) 

HECTOR.  (¡Cómo  me  mira!  ¿Estará  en  su  juicio?) 

OLALLA.  Diga  usté:  ¿es  de  nacimiento? 

HECTOR.  ¿El  qué? 

OLALLA.  Su...  vamos,  esa  tochadura.  (Marcándose  con  el  in^ 
dice  en  la  sien.) 

HECTOR.  {Sin  comprender  y  separándose  poco  a  poco.)  ¡  Ah^ 
sí,  sí !  (Yo  no  le  llevo  la  contraria.  Y  es  lástima  ;  ¡  tan  bonita  P 
¡  Ahora  me  explico  lo  del  traje !) 

OLALLA.  (¡  Ay!...  ¡A  mí  dame  m'edo  este  hombre!)  (Reiirán^ 
dose  de  él.) 

HECTOR.  (Yo  me  retiro.)  Señorita...  (Saluda  y  Olalla  respon- 
de con  un  saludo  grotesto.)  (¡Lo  d'cho :  loca  perdida!)  (Oho  salu- 
do y  otra  reverencia.)  (Nada  ;  tiene  en  el  carburador  (La  cabeza.) 
un  escape  vesubiesco.)  (Mutis  foro  izquierda.) 

Olalla.  ¡  Probín  l  ¡  Tan  joven  y  ya  tonto  !  (Sale  Vicente  se- 
gunda derecha,  con  dos  botellas  de  sidra.) 

VIC.  Le  traigo  una  sidra  que  se  va  a  chuoar  hasta  el  codo. 

OLALLA.  Calla,  no  te  oiga  el  loco. 
"VIC.  ¿Qué  loco? 

OLALLA.  El  cuñao  de  mi  hermia.no,  que  está  loco  perdido. 
VIC.  i  Pobrecillo  1  Díle  que  venga  al  cuartel,  y  allí  con  una  du- 
cha, arreglao. 

OLALLA.  Vicentín,  dame  un  abrazo. 

70  ' 


VIC.  Dámelo  tú,  que  yo  tengo  las  manos  ocupadas.  (Se  abra- 
zan. Salen  Maieo  y  Patarrete,  primera  izquierda.) 
PAT.  {Al  verlos.)  ¡  Pero  todavía  ! 
MATEO.  ¿Qué  hacíais? 
OLALLA.  Abrazarnos. 

PAT.  Te  advierto  que  hace  media  hora  qu«  están  así. 
VIC.  No,  padre,  este  es  olro. 

MATEO.  Bueno  ;  formalidad  y  vamos  a  buscar  al  mociño  que 
ya  ha  llegado,  según  me  ha  dicho  lia  criada. 

OLALLA.  Eso,  al  comedor ;  yo  también  tengo  apetito. 

VIC.  Y  yo  ;  que  desde  el  rancho  no  he  probao  bocao. 

PAT.  {A  Vicente.)  Tú,  que  no  vayas  a  meter  los  dedos  en  la 
ensalada,  que  eso  esíá  muy  feo. 

MATEO.  Ni  .a  beber  a  morro  en  los  platos. 

OLALLA.  Ni  a  mojar  pan  en  las  salsas. 

VIC,  ¡Pero  qué  sus  creís  !  ¡Apenas  si  nos  enseñan  bien  en  ©1 
cuartel !  {Se  dirigen  hacia  el  fondo.  Aparece  foro  izquierda  Fran- 
cisco, que  les  detierve.) 

FRAN.  Perdón,  señores  ;  el  señorito  me  ha  encargado  que  no 
les  deje  pasar  aiquí. 

MATEO.  ¡Cómo! 

FRi\N.  Que  le  esperen  en  sus  habitaciones  ;  ahora  no  le  es  po- 
sible atenderlos. 

MATEO.  ¿Que  no  quiere  ver  a  su  padre? 
PAT.  ¿Ni  a  su  padrino? 
VIO.  ¿Ni  a  mí? 

FRAN.  No  es  eso,  es  que...  perdonen  ustedes  ;  como  es  un  acto 
tan  ceremonioso... 

OLALLA.  ¿Y  para  nosotros  gasta  ceremonias? 

FRAN.  Perdonen  ustedes  ;  yo  lo  siento,  pero  soy  miaindado. 

OLALLA,  Eso  es  echarnos,  padre. 

FRAN.  No  lo  crean 

MATEO,  Sí ;  tiene  razón  la  mociña  ;  echarnos  ;  de  una  mane- 
ra fina,  pero  echarnos. 

VIC.  Nunca  lo  hubiera  creído. 

PAT.  ¡  Poriarse  así  conmigo,  que  me  gasté  cuiaindo'  el  bautizo 
más  de  treinta  reales  !  Amos,  que  de  rabia  lloro. 

MATEO.  (Sen^tida.)  Echarme  a  mí,  a  su  padre,  que  se  ha  pri- 
vao  hasta  de  la  borona  pa  darle  carrera, 

OLALLA,  A  su  hermana,  que  no  se  ha  comprao  una  saya  en 
doce  años. 

VIC.  ¡Maldita  sea!  ¿Saco  el  chiarrasco? 

MATEO.  No,  Está  bien,  nos  vamos;  dígale -usté  que  nos  va- 
mos sin  protesta^  sin  rencores.  Lo  mismo  que  he  pasao  sin  dine- 
ro quince  años  pa  hacerlo  hombre,  pasaré  el  resto  de  mi  vida  sin 


71 


cariño,  pia^  hacerlo  personaje.  Antes,  lloraba  por  el  hijo  ausente 
mañana,  lloraremos  por  el  hijo  ingrato. 

FRAN,  Yo,  lo  que  me  mandan;  siento  mucho...  {Vase  según 
da  derecha.) 


MATEO. 


OLALLA. 


MATEO. 


OLALLA. 


Si  cuando  yo  mendigaba 

para  el  mozo 
de  mi  gaita,  al  dulce  son, 
sospecho  esta  traición... 
( Se  sienta  en  la  butaca  ai  lado  del  velador.) 
\  Yo  no  pude  creer 
que  fuese  tan  cruel ! 

¡  Cuántoi  este  momento 

mi  alma  deseaba  ! 

¡  No  me  figuraba 
que  pudiera  faltarme  su  amor  I 

Gaita,  compañera 

de  mis  correrías, 

dame  tus  alegrías 
y  no  me  dejes  con  este  pesar. 
Si  de  él  te  falta  el  cariño, 
yo  tu  vejez  no  abandono. 
Olvídale,   no  le  maldigas. 
Yo  soy  mujer  y  le  perdono. 
Allá  en  la  humilde  casona 
de  la  campiña  asturiana, 
con  tui  gait  ña  y  tu  borona 
será  esta  vez  dulce  tu  vejez. 


PAT.  V  vic: 


TODOS. 


¡  Recontra-diez  ! 

¡  Se  me  atasca  la  hiél ! 

No  llores  más, 

que  no  es  digno  de  ti. 
Con  nosotros  allí  encontrarás 
lo  que  ingratos  ie  niegan  aquí. 

No  hay  que  otorgar 

tanto  camipoi  al  pesar.  * 

Que  somos  tres 

para  alegrar  tu  vejez. 

Con  nosotros  tendrás 

siempre  allí. 

lo  que  niegan  aquí. 
Deja  al  hijo  ingrato 
que  de  ti  reniega. 
72 


Deja  este  boato. 

vuelve  ai  lugai; 

que  allí  lo  has  de  ©Ividar. 

Ga'tai  compañera 

de  sus  correrías  ; 

tú  que  sus  alegrías 

sabes  tan  b  en, 

contesta  por  él. 
i  Adiós  ! 
¡  ¡  Adiós  !  ! 

HABLADO 

PAT.  ¡  Si  estuviera  él  delante,  le  daba  un  terniscón  1 
MATEO.  No,  déjalo  ;  tie  razón.  ¡  Se  avergüenza  de  nosotros  I 
OLALLA.  Váinonos  en  seguida,  padre. 

MATEO.  Espera.  Voy  a  recoger  la  gaita.  La  que  me  dió  el 
dinero  pa  hacerlo  lo  jque  «s.  No  quiero  abandonarla.  ¡  Con  cuánta 
alegría  soplaba  cuando  sabía  que  era  pa  hacerlo  feliz !  ¡  Con  cuánta 
tristeza  sonará  cuando  recuerde  su  ingratitud  !  Creo  que  s*  mi  gaita 
tuviá  un  alma,  estallara  primero  que  enredarse  en  sus  escalas.  ¡  Y 
pue  que  llore  conmigo  !  ¡  Quién  sabe !  ¡  La  he  contao  tantas  ce- 
sas... de  ese  hijo!  (Vase  primera  izquierda.) 

VIC.  ¡  Yo  no  puedo  oírlo  con  paciencia  ! 

OLALLA.  A  mí  se  me  cae  el  techo  encima  ;  vámonos, 

PAT.  Sí;  vámonos.  (Al  dirigirse  a  la  puerta  primera  derecha, 
cabizbajos,  ven  la  piel  del  tigre  y  retroceden  asustados.) 

LOS  TRES.  {Dando  un  grito.)  ¡  j  Ah  !  ! 

OLALLA,  ¿Qué  pasa? 

PAT.  {Señalando  la  cabeza  del  tigre.)  ¡  Mira  lo  que  han  pues- 
to ahí ! 

VIC.  ¡  Pa  devorarnos  ! 

PAT.  Saca  el  sable,  Vicente  ;  saca  el  sable. 
VIC,  Si  no  tiene  filo. 

OLALLA.  {Cogiendo  un  trozo  de  borona  del  cesto  y  echándole 
pedazos  a  la  cabeza  del  tigre.)  Espera  a  ver  si  lo  adormezc©. 
¡Chucho!  ¡Pchs!  ¡  Pchs  !  ¡Chucho! 
VIC.  No  se  mueve. 
PAT.  Estará  adormeció. 

OLALLA.  ¡  Quiá  !  Está  acechando  pa  echarle  mano  al  prime- 
ro que  pase. 

PAT.  Pero  ¿por  dónde  ha  venío  esta  fiera  que  yo  no  la  he  vist© 
hiRsta  ahora  ? 

VIC,  Es  un  domedarlo,  y  a  esos  bichos  no  se  les  siente  hasta 
que  están  encima. 

OLALLA.  Ven  ;  vámonos  por  aquí. 

PAT.  Sí ;  puede  que  haiga  otra  puerta  pa  marcharnos. 

73 


VIC.  Que  no  nos  sienta,  no  se  nos  vaya  la  echar  encima ; 
que  comO'  yo  encuentre  por  ahí  una  escopeta,  verás  el  tiro  que  voy 
a  darle. 

OLALLA.  ¡Cuidao! 

PAT.  ¡Cuidao!  {Vanse  los  tres  primera  izquierda.  Salen  fon- 
do izquierda  Elena,  doña  Victoria,  sin  abrigo  ni  sombrero  ;  AU 
,  berto,  Héctor  y  don  Gabriel.) 

ALB.  ¡  Gracias  a  Dios  que  nos  hemos  quedado  en  familia  I 
HECTOR.  Ahora  a  la  mesa. 
GAB.  Y  en  seguida,  a  la  Facultad. 
VICT.  Pero,  ¿y  su  familia? 

ELENA.  Es  verdad;  ¡cómo  no  han  salido  todavía! 
HECTOR.  Yo  he  visto  antes  a  su  hermana.  Por  cierto  que 
me  chocó  mucho  su  indumento'. 
ALB.  ¿La  ha  visto  usted? 
HECTOR.  Y  hemos  hablado  lo  bastante. 

ALB.  (i  Qué  habrán  hablado,  Dos  mío!)  {Casilda,  saliendo 
primera  izquierda.) 

CAS.  Señor  :  su  familia  quiere  marcharse  sin  que  la  vean. 
ELENA.  ¡  Que  se  marchatn  ! 
GAB.  ¿Por  qué? 

CAS.  No  sé ;  pero  están  íodog  muy  tristes,  y  su  padre  llora. 

ALB.  Que  vengan  en  seguida.  (Vase  Casilda.)  ¿Qué  les  ha- 
ferá  ocurrido? 

ELENA.  Alguna  indiscreción  de  los  criados. 

VICT.  O  tal  vez  el  exceso  de  alegría  al  conocer  su  nueva  po- 
sic'ón. 

HECTOR.  (Aparte  a  su  madre.)  O  alguna  lectura  de  la  her- 
manita,  que  está  de  remate.  (Aparecen  por  la  primera  izquierda 
Mateo,  Olalla  y  Patarrete,  cogidos  de  la  mano  y  con  la  gaita  y  los 
Paraguas.) 

MATEO.  (Digno.)  Con  permiso  de  los  señores, 
ALB.  (Yendo  a  él.)  Padre... 

MATEO.  (En  un  arranque.)  Hij...  (Conteniéndose  dolorido.) 

Aparta,  ingrato. 

GAB.  ¿Su  padre? 

VICT.  Pero,  ¿ese  es  su  padre? 

HECTOR.  ¡Un  aldeano! 

PAT.   Sí,  señor  ;  y  yo  su  padrino. 

GAB.  Pero,  ¿qué  familia  es  ésta? 

ALB.  (Digno.)  La  mía,  caballero. 

HECTOR.  Ya,  ya  lo  vemos. 

ALB.  (Desafiando.)  ¿Qué  significa  esa  reticencia? 
VICT.  ¡  Qué  ridículo  tan  espantoso  ! 
HECTOR.  ¿Este  es  el  señor  de  horca  y  cuchillo? 
MATEO.  ¡Eh!  ¿Qué  dicen  esos  señores? 

74 


OLALLA.  No  le  hagia-  usted  caso,  padre,  que  uno  d«  ellos- 
•stá  loco. 

HECTOR.  Ahora  me  explico  el  lenguaje  de  la  joven. 
ALB.  ¿Cómo? 

HECTOR.  Señor  mío,  cuando  uno  dispone  de  una  familia  tan, 
plebeya,  idebe  buscar  su  compañera  entre  las  gentes  de  su  clase. 
ALB.  (Agresivo.)  ¡  Cama.lla  ! 

ELENA.  (Abrazándose  a  él.^)  ¡Alberto,  por  Dios! 
OLALLA,   j  Hermano ! 
PAT.  ¿Le  pego  yo? 

ALB.  Estas  gentes,  pobres  en  su  vestir  y  ricas  en  sus  senta- 
mientos, son  más  nobles  que  usted  con  sus  arranques  aristo- 
cráticos, 

HECTOR.  Me  dará  usted  una  satisfacción. 
PAT.  (A  Mateo.)  Déjame  ha,  gaita,  hombre. 
ELENA.  ¡  Alberto  !  ¡  Héctor  1  ¡  Por  mí ! 
OLALLA,  Pero,  ¿por  qué  le  haces  caso,  si  está  loco? 
VICT.  ¡  Esta  situación  es  violentísima  ! 

GAB.  Así  lo  creo.  Y  una  vez  que  usted  ha  sorprendido  nuestra 
uena  fe,  nosotros  nos  retiramos,  ya  que  no  podemos  hacer  otra 
cosa. 

ELENA.  (Digna.)  No,  padre  ;  ni  permito  que  se  marchen  us- 
tedes   ni  (Ollero  que  se  desprecie  así  a  la  familia  de  Alberto^. 
HECTOR.  ¡Hermana! 

ELENA.  Es  mi  deber  ;  él  es  mi  marido,  y  su  familia  es  la 
mía. 

MATEO.  No  ;  ya  voy  comprendiendo.  Quédense  todos.  Ya  veo 
mi  falta.  Perdón  ;  me  cegaiba  el  deseo  de  abrazarte  :  yo  no  veía 
mag  que  esto.  Nosotros  somos  los  que  nos  marchamos. 

ELENA.  (Abrazándole.)  Usted  no  debe  abandonarnos. 

MATEO.  (Idem.)  Eso  es  digno  de  usté.  (A  Alberto.)  Quiérc- 
la  como  ella  se  merece.  Y  a  esos  señores,  que  no  comprenden  lo 
que  es  educar  a  un  hijo  a  costa  de  sudores  y  fatiga-s  pa  verle^ 
hecho  luego  un  caballero,  perdónalos  y  na  más.  A  mí  me  aguar- 
dan nuestras  montañas.  (La  orquesta  recuerda  muy  piano  el  mo- 
tivo del  primer  nmmero ;  a  Patarrete,  Mateo,  Alberto,  Elena  y 
Héctor,  Se  le  saltan  las  lágrimas  ;  este  último  queriendo  disimular.) 

ELENA.  (A  sus  padres.)  Son  sencillos,  pero  no  por  eso  debe- 
mos despreciarles. 

VICT.  Pero  tu  maridOi^.. 

ELENA,  Su  m.ayor  gloria  esíá  en  haber  sabido  elevarse. 

HECTOR.  (Enternecido  y  limpiándose  una  lágrima.)  ¡Oh!  ¡A 
una  altura  esferoidal !  ^Alberto,  perdón  ;  he  aquí  mi  mano.  (Pa- 
sando a  su  lado.)  Soy  un  impulsivo. 

GAB.  ¿Te  pasas  al  enemigo? 
^   HECTOR.  Me  paso  al  lado  de  la  razón. 

I 


I 


OLALLA.  Si  no  me  diera  vergüenza  le  daba  a  usle4  un  abraza 

ELENA.  (Abracando  a  Héctor.)  Gracias,  hermano. 

PAT.  {A  Victoria  y  Gabriel.)  Y  ustés,  conmuévanse  ;  que  Hora 
su  hija  y  su  hijo  y  la  hija  de  éste  (Por  M,a)teo.)  y  mi  hijo...' 
¿Dónde  está  mi  hijo?  {Victoria,  Gabriel  y  Elena  se  abrazan.  Salt^: 
Casilda,  asustada  por  la  segunda  izquierda.) 

CAS.  i  Ay,  señorita  ;  ese  hombre  eslá  loco  ! 

ELENA.  ¿Quién? 

CAS.  Un  soldado  que  anda  revolviendo  los  peroles  de  la 
ciña. 

PAT.  ¡Mi  hijo! 

ALB,  ¿Para  qué  hace  eso?  [Aparece  Vicente,  sable  en  manOi 
foro  izquierda,  y  poco  a  poco,  se  coloca  tras  el  sofá,  dándole  un 
golpe  en  la  cabeza  a  la  piel  de  tigre.) 

VIC.  ¿Ha  falleció  ya  la  fiera? 

ALB.  ¿Qué  fiera  es  ésa? 

VIC.  Esa  que  está  r-hí  debajo  del  sofá.  (Todos  ríen;  Albertt 
explica  por  señas  a  su  jarnilia  el  objeto  a  que  dedica  dicha  piel* 
HECTOR.  ¡Qué  zoquete! 

OLALLA,  (a  Vicente.)  No  tengas  cuidao,  la  fiera  está  aman- 
sada. 

VIC.  ¿Por  la  fuerza? 

OLALLA.  Por  la  dulzura.  Como  se  humanizan  todas  las  fie-Ü 
ras  :  tocándolas  el  corazón. 

HECTOR.  ¡  Pristi !  ¡  Esa  frase  no  es  de  loca  ! 

OLALLA.  ¿Y  quién  le  d'ce  a  usté  que  yo  lo  sea?  Aquí  no 
hay  más  que  sentimiento.  Mucha  rudeza,  mucha  ignorancia.  So- 
mos campesinos,  perp  con  un  corazón  ¡  así  de  grande  !  (Forman 
grupo  :  Alberto,  abrazado  a  su  padre  y  hermana  ;  Elena  con  sid 
padre  ;  Héctor  con  Victoria,  y  Patarrete  con  Vicente,  a  quien  ex2^' 
plica  lo  de  la  piel  del  tigre,  y  ríe  a  carcajadas.  Cuadro.  Fuerte  erú, 
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